domingo, 29 de junio de 2014

Día 18




Soy una estatua al igual que Ochoa, si abro la boca en este momento, lo único que saldrá de mis labios será una retahíla de consonantes o el consabido chinguen a su puta madre. 

sábado, 28 de junio de 2014

Día 17



Cuando era niño, juraba que el tigre Toño, el volcho y Condorito eran más mexicanos que la Virgen de Guadalupe. En realidad, creía que todo lo que me rodeaba era de origen mexicano. Incluso me costaba creer la posibilidad de que los seres humanos no fueran todos oriundos de México.

-Tu tía es puertorriqueña –intentó explicarme mamá.

-Por eso, Puerto Rico está en México –defendí mi lógica geográfica.

-No, hijo, Puerto Rico es un país que pertenece a Estados Unidos –mamá se frotó las manos para no perder la paciencia.

-Imposible, mi tía habla español, la he escuchado por teléfono –mis ojos se abrieron y cerraron, síntoma de que mi cerebro estaba a punto de hacer corto circuito.

Tiempo después visitamos a mis tíos y quedé más confundido al descubrir que Puerto Rico no era un país sino una isla. Del mismo modo en que quedé boquiabierto al viajar a Estados Unidos y toparme en los estantes del supermercado hileras de cajas de Zucaritas bajo el nombre de Frosted Flakes con un tigre idéntico al tigre Toño, con la única diferencia de que el tigre gringo se llamaba Tony. 

En cuanto al volcho, fue un acto de fe creer que no era mexicano. Su diseño era horrendo, su precio bajísimo, e imaginar que un alemán cupiera en los asientos traseros era tan inverosímil como que México saliera campeón de la Copa del Mundo.

-La fábrica está en Alemania –me explicó papá.

-Imposible, el Puebla tiene la marca del volcho en su camiseta –dije abriendo y cerrando los ojos con incredulidad.

-Eso es porque los alemanes pusieron una planta en la ciudad de Puebla para pagarle salarios de hambre a los trabajadores mexicanos mientras ellos se hinchan los bolsillos de dinero –dijo papá destapando la duodécima cerveza de la noche-. Te digo que yo visité la fábrica en Alemania cuando me gradué de la universidad, justo antes de cometer el peor error de mi vida al casarme con tu mamá.

Condorito fue el último mito en derrumbarse. Para mí, era tan mexicano como Cantinflas o el Chavo del 8. De hecho no recuerdo el momento exacto en el que alguien me dijo que el personaje que alimentó mi infancia con su picardía y derrotismo ante la vida era chileno. Quizá ese sea el motivo por el que cada que veo jugar a la selección de Chile, mi corazón está destinado a sufrir microinfartos cuando la pelota pasa a 10 metros de su portería.



Chile vive tan engañado como yo de pequeño. El problema es que a ellos no hay quien los saque del error de vivir creyendo que sistemáticamente cada que se enfrenten a Brasil van a perder, sin importar que su máxima amenaza fuera un penoso tridente conformado por un fisicoculturista, un basquetbolista y un clavadista.

Cuando los chilenos reventaron el travesaño a escasos segundos de finalizar el segundo tiempo extra, no hubo una sola persona en el estadio (o entre los millones de televidentes) que en verdad creyera que Chile tenía posibilidad alguna de ganar en la tanda de penales.

Todos sabíamos que los chilenos se estaban frotando las manos por fallar cada uno de los penales para poder echarle la culpa al macabro destino y alimentar con otro terrorífico capitulo su enciclopedia de tragedias.  




Colombia luce invencible. Si no fuera porque su bandera aparece imborrable a un costado del marcador en los 90 minutos de los partidos, juraría que estoy delante del mítico Brasil del 70 del que tanto me platicó papá.

jueves, 26 de junio de 2014

Día 15




Estoy dentro de un edificio que alberga oficinas ejecutivas, mismo que se hace llamar “el centro de negocios, el centro del éxito”. Delante mío están las 30 personas más despreciables del universo, es decir, 30 señores que pertenecen a las 5 casas inmobiliarias más prestigiosas de la ciudad.

Mi terrorífica misión es presentar con pelos y señales todas las campañas publicitarias que la agencia ha lanzado para un residencial de lujo, cuyos lotes son incapaces de seducir al público para que abran sus billeteras y paguen entre 2 y 3 millones de pesos por ellos. 

-Les prometo que seré breve –inicio mi presentación-, en dos horas comienza el Alemania contra Estados Unidos.

Nadie se inmuta con mi comentario. Ni siquiera el público masculino, cuyos rostros impertérritos clavan la mirada en mi humanidad temblorosa de saberme haciendo el más colosal de los ridículos.

Entonces recuerdo que soy un publicista, básicamente me gano la vida vendiendo humo tal cual lo hacen los vendedores inmobiliarios. Entre gitanos no debemos leernos las manos. Paso las diapositivas a la velocidad del rayo. Los vendedores se dedican a mirar sus celulares en un patético intento por impresionar a sus colegas de que son ellos los número uno en ventas, ya que sus potenciales clientes no dejan de pedirles información vía Facebook y WhatsApp.

Al finalizar la presentación ocurren dos sucesos: uno bueno y uno malo. El bueno es que ningún vendedor me hizo una sola pregunta sobre las campañas realizadas, de lo contrario me hubiera quedado mudo, sin saber dar una respuesta verosímil del por qué hicimos carteleras, vídeos y anuncios de prensa para un residencial invendible; la mala es que me perdí de principio a fin la victoria de los alemanes contra los norteamericanos.  


  

Argelia logró la clasificación a octavos de final por primera vez en su historia. Me hubiera encantado ver rodar las lágrimas de emoción sobre las mejillas de sus aguerridos jugadores y aficionados. Lástima que mientras ocurría este emotivo momento yo me encontraba muriendo por dentro en otra junta.

miércoles, 25 de junio de 2014

Día 14




El año 2012 fue trágico para mí. El Mundial de Corea-Japón lo pasé de noche, o mejor dicho, con los ojos a media asta todas las madrugadas. Fuera máscaras, a quién quiero engañar, me perdí el 80% de aquella Copa del Mundo. No me averguenza admitirlo, probablemente fue el peor Mundial que se haya visto jamás (quizá sólo superado por Italia ´90).

Sin embargo, hoy día, mi desgracia radica en que Brasil 2014 está siendo un Mundial espéctacular. O al menos eso es lo que hasta el panadero de la esquina anda pregonando a los cuatro vientos, mientras yo tengo que conformarme con echar mano de mi imaginación cuando en mitad de todas las juntas de trabajo recibo alertas en mi celular que me informan que Messi se ha cansado de marcar goles en cada partido. 

Si logro llegar a viejo, cuando quiera empacharme de nostalgia veré los programas en 8D rememorando los Mundiales, y al ver a Messi gambetear y cobrar tiros libres magistrales, sentiré la misma rabia e impotencia que me invade en la actualidad cada que pasan vídeos de Maradona desparramando ingleses en el césped de un México ´86, donde era un niño imbécil de seis años dotado de una memoria incapaz de recordar imágenes luminosas salvo los gritos delirantes de adultos que miraban endiosados la televisión en otra habitación.



Me cuentan los analistas de ESPN y el público en general que los franceses están jugando como dioses. Me hubiera encantado comprobarlo con mis propios ojos, lástima que tuve otra junta a las 4 de la tarde. 

martes, 24 de junio de 2014

Día 13



Desde ahora podemos dejar de sentirnos mal por nuestra obsesión por llegar al quinto partido, por increíble que parezca, la meta de un tetracampeón para el próximo Mundial será llegar (si acaso) al cuarto partido. Italia ha confirmado ser el hazmerreír del mundo.

En el sorteo de Rusia 2018, 31 naciones cruzarán los dedos y le rezarán a todos sus dioses para correr con la suerte de jugar en el mismo grupo de los italianos.

Por su parte, a los brasileños empiezan a temblarles las rodillas. Los ecos del Maracanazo del 50 empiezan a escucharse cada vez con más nitidez.   


  
Costa Rica pudo llenarse todavía más de gloria y romper todavía más las quinielas al mandar a los ingleses a casa con cero puntos, pero prefirieron confirmar su obsesión por querer ser a toda costa igualitos a México.  



Al finalizar el sorteo de Brasil 2014 sólo había un partido que ni el hombre más optimista del Universo podía sugerir que ocurriera.



Grecia fábrica de la nada otro milagro y se instala en octavos con gol de último minuto. Conociendo la suerte de los helénicos, no es una locura pensar en verlos instalados cómodamente en semifinal luego de pasar sobre dos equipos de CONCACAF.

Si no me creen, miren hasta el momento el cuadro de cruces de octavos de final. El Mundial se ha convertido en una vulgar Copa América con sus habituales dos invitados de otras regiones.




lunes, 23 de junio de 2014

Día 12



Fuera máscaras, dejemos de fingir que nos tomamos en serio la planeación de cada proceso mundialista. Está probado que los directivos mexicanos jamás aprenderán de sus errores, no importa cuán garrafales sean estos, mágicamente (no encuentro otro calificativo) apenas rueda la pelota en un Mundial, la Selección mexicana se convierte en una superpotencia, al menos en los primeros tres partidos.

Pese a que perdíamos desde el vestidor al lucir el uniforme más esperpéntico que se haya visto jamás en una Copa del Mundo, si alguien me decía que las piñatas de verde y negro eran un combinado de alemanes, españoles, brasileños, uruguayos y argentinos, lo creía sin chistar.

¿Cuándo íbamos a pensar que nuestra defensa jugaría con tanta frialdad, técnica y seguridad en un partido de vida o muerte? ¿Cuándo íbamos a imaginar no sufrir microinfartos en cada tiro de esquina en contra? ¿Y cuándo íbamos a sospechar que nuestros jugadores marcarían no uno sino dos goles de cabeza en tiros de esquina contra defensas de dos metros de altura?

Al parecer, la mayor ventaja de México es ser subestimado. Mundial tras Mundial, tanto nosotros mismos como nuestros rivales y las casas de apuestas nunca dudamos en poner en tela de juicio el pase a octavos de final. ¿A cuántos Mundiales más hay que calificar de manera consecutiva para firmar por adelantado que México es un invitado obligado a los octavos de final?

Sin duda, ese día llegará si por obra de un milagro llamado humedad, vencemos a Holanda. Tengamos la certeza que a partir de ese instante el mundo empezará a tomarnos en serio, tanto como toman en serio a Camerún que después de sorprender a propios y extraños al calificar a cuartos en Italia ´90, es marcado como favorito sin importar que lleven 24 años haciendo el más completo y absoluto de los ridículos.




domingo, 22 de junio de 2014

Día 11



Qué suplicio es ver a los belgas. Pareciera que juegan bajo el agua. Todos sus movimientos son a cámara lenta. En especial los de Fellaini, quien gambetea con la misma agilidad que los árboles de El Señor de los Anillos.

Al medio tiempo, al igual que los rusos, caí fulminado de sueño, sólo para abrir los ojos asustado cuando el narrador pegó de gritos que Bélgica había anotado un agónico gol que les daba el pase a la siguiente ronda.   


  
Por mucho, el grupo H es el peor de todos, o mejor dicho, el único aburrido en esta Copa del Mundo. O eso creía, hasta que apareció otra sorpresa más. Pese a pronóstico, Argelia contra Corea del Sur se convirtió en una lluvia de goles.  

Mismos que me perdí al igual que el 99.9% de la población mundial.


  
Es inútil, aunque los gringos nos hayan regalado el pase al Mundial, es inevitable desearles el peor de los males, incluso si juegan frente al figuereti de Cristiano Ronaldo.  

Este campeonato nos está concediendo a los mexicanos nuestros deseos más osados. Estados Unidos, históricamente acostumbrado a tener nervios de acero, se convirtió en México. Sus defensas no se cansan de emular a Layún al rebanar cada una de las pelotas que despejan, e incluso regalan victorias cantadas al permitir remates de cabeza en el área chica en tiempo suplementario.   


Al paso que van, los americanos están pidiendo a los gritos caer ante Alemania con gol de último minuto, mientras los ghaneses firman su pase a octavos al derrotar a Portugal por dos goles de diferencia, el último de ellos también en tiempo de reposición.

sábado, 21 de junio de 2014

Día 10



Una vergüenza el fútbol que está ofreciendo Argentina en la Copa del Mundo. Aun así, con sólo dos partidos a cuestas, le bastó para estar calificada a octavos de final como líderes absolutos del grupo F.

Debo confesar algo, grité más fuerte que los argentinos el gol de Messi en tiempo de reposición, de lo contrario, hubieran ocurrido dos cosas:

1. Ante tantas sorpresas, la FIFA tendría pruebas más que sólidas y de sobra para aumentar a 64 los participantes al Mundial, poniendo de cabezas de serie a poderosísimas selecciones como las del Vaticano, San Marino e Islas Mauricio.

2. Ahora mismo Ricardo Antonio Lavolpe (¿alguien se acuerda que está acusado por acoso sexual?) estaría gritando a los cuatro vientos que él sí que pudo golear a Irán en un Mundial, y eso que tenía al Kikín Fonseca de delantero.

Pese a la sobredosis de Red Bull a las que me he sometido para no caer fulminado de sueño en ambos partidos de Argentina, siguen teniendo mi completa simpatía y sigo creyendo firmemente que serán los campeones en Brasil 2014.  


  
Alemania contra Ghana fue un partidazo, donde el mayor rival de los alemanes fue la humedad del 61% que a nada estuvo de liquidarlos. Lo que me lleva a la conclusión de que si los extraterrestres llegaran a invadir el planeta Tierra como en el pésimo comercial de Samsung, donde nos retan a un partido de fútbol en vez de exterminar a la raza humana con bombas supersónicas, espero que Beckenbauer no se deje presionar por los patrocinadores que le impondrán a Cristiano, Messi, Rooney y compañía, y lleve al terreno de juego a la Selección alemana.

Los alemanes incluso jugando en Mercurio, con temperaturas de 350 grados centígrados, correrán los 90 minutos (y el agregado), dando la vida por llevarse los 3 puntos.


  
Está clarísimo que si Dios existe, el género literario que más le gusta leer son las tragedias griegas. En 8 años pueden pasar muchas cosas en la vida, pero nada parecido a que dos hermanos tengan la posibilidad de jugar en un mismo Mundial, y no sólo eso, que representen a dos selecciones distintas de dos continentes diferentes, y además, que en el sorteo a sus respectivos equipos les toque jugar en el mismo grupo, y no una vez, sino en dos Copas del Mundo consecutivas.     

-Lucharemos hasta sangrar –declaró Kevin-Prince al más puro estilo épico antes de enfrentar a su hermano menor Jérôme.


  
No mintió, el juego fue una guerra sin cuartel donde se derramó sangre, eso sí, no la de los hermanos Boateng.  


  

Como pitoniso me muero de hambre, le aposté al caballo negro ciego y cojo de la carrera. Bosnia y Herzegovina fue una completa y rotunda decepción. Lo único rescatable es que si mis pronósticos siguen con la brújula chueca, México tiene posibilidades de sorprender a los croatas.    

viernes, 20 de junio de 2014

Día 9



Estoy condenado a mirar los milagros en diferido. Esta semana los planetas se alinearon macabramente para que todas mis juntas de trabajo fueran a las 11 de la mañana. Costa Rica lo volvió a hacer: primero Uruguay y ahora Italia. Pero lo más sorprendente es que también eliminó a Inglaterra, y sin tener que salir al campo a jugar contra ellos. Que alegría imaginar que en el otro lado del charco, en una isla gris, millones de rostros arrogantes languidecieron frente a los televisores empotrados en las paredes de los pubs.  

Ahora, a menos que ocurra una desgracia (si es que puede calificarse como desgracia terminar segundos), Costa Rica finalizará líder del grupo D para enfrentar a Japón, Grecia o Costa de Marfil, donde, quién se lo hubiera imaginado, saltará al campo como favorito para calificarse a cuartos de final.

Por su parte, Uruguay e Italia adelantan los octavos de final para chocar en un duelo donde sólo uno saldrá vivo. Si tuviera un millón de dólares, sin dudarlo, lo apostaría en favor de los charrúas. Italia sabe que tiene un paracaídas de repuesto que se llama empate, y precisamente eso los hará despeñarse al vacío como una roca.   


  
Francia tampoco cree en nadie. Luce como una aplanadora. Por ello, los especialistas no han dudado en volverse locos y candidatearla como favorita para ganar el Mundial. Pobres ilusos. Desde ahora mismo me aventuro a pronosticar que mi caballo negro llamado Bosnia y Herzegovina los echará en octavos.


  
Por lo general, en la oficina los viernes de 5 a 7 los invertimos para tomar cerveza y fingir que trabajamos. Era un hombre libre para ver el Ecuador contra Honduras, pero preferí ponerme a trabajar para que las horas pasaran más rápido y poder llegar a casa a descansar.


  
En el mundo sólo existe una organización igual de poderosa, corrupta, deshonesta y doble moralista que el Vaticano. La FIFA le ha advertido a la Federación Mexicana de Futbol (otros santos) que de no meter en cintura a sus aficionados, los multará por andar gritando “puto” cada que el portero rival cobre un saque de meta.

-¿Escuché bien o fue una falla en el audio? –pregunta un señor aceitunado recostado en el camastro de un hotel 5 estrella en Copacabana.

-Ahora le subo el volumen al televisor, señor –dice el mayordomo.

-No puedo creerlo, no se trata de una falla en el audio –se levanta del camastro el señor aceitunado.

-Así parece, señor.

-Rápido, hay que tomar cartas en el asunto.

-¿De cuánto será la multa esta vez, señor?

-De 20 mil euros.

-Listo, enviada la sanción –dice el mayordomo pulsando la pantalla de un smarthphone.

-Dime una cosa, Alfred –el hombre aceitunado se acomoda las gafas de sol mientras pone mirada dubitativa-, tú que además de ser negro, eres puto, ¿te ofende que esa bola de indios grite “puto” en los estadios?


Me parece estupendo que la FIFA quiera cortar de tajo los brotes homofóbicos en los estadios de fútbol, en especial luego de que fueron ellos lo que otorgaran las sedes mundialista del 2018 y 2022 a naciones como Rusia y Catar, donde los hombres son libres de gritar a los cuatro vientos que son putos sin que los asesinen y persiga su propio gobierno.  


P.D. Mi último pronóstico del día: conociendo la idiosincrasia del mexicano, para el próximo partido, además de gritar más fuerte y de sostener en el aire por más tiempo la vocal “u”, replicaremos el “puto” cada que se cobre un saque de banda, tiro libre, tiro de esquina, falta, y si es necesario, también le gritaremos “puto” a Memo Ochoa cuando termine de leer su cuento de hadas y se coma dos pepinos de los croatas.     

jueves, 19 de junio de 2014

Día 8



El trabajo además de consumir mi vida, me impide ver al que a todas luces será el caballo negro del Mundial. Colombia es el único país que caminando bailando ya obtuvo 6 puntos.


  
Uruguay recobró la memoria. Sus jugadores recordaron los cuentos de cuna que les contaron sus abuelos: a Brasil sólo se viaja para regresar con la copa a casa.

Está probado que los individuos que viven en el microscópico país de Sudamérica nacieron para protagonizar batallas épicas cada 4 años. Luis Suárez se robó todos los reflectores, y con justa razón, sin embargo, jamás hubiera marcado el segundo gol si no fuera por la locura de Álvaro Pereira, quien cayó noqueado al recibir una patada en la cabeza para espanto de todos sus compañeros, y luego desobedecer la orden del doctor que desesperado indicó a la banca que sustituyeran al jugador que con los ojos en blanco y caminando como un borracho ingresó de nuevo al campo para dejar en claro que su vida vale tres puntos, tres puntos que serán recordados por sus hijos, nietos, tataranietos y hasta el final de los tiempos.   



Si alguna vez México pretende ganar un Mundial, por favor, contraten a este señor. Por enésima vez comprobamos de qué tamaño los tienen los uruguayos.



miércoles, 18 de junio de 2014

Día 7




No dejan de sorprenderme los especialistas de fútbol al seguir creyendo Mundial tras Mundial que la alineación titular del equipo australiano está conformada por canguros, puercoespines, koalas, wombats, dingos, ornitorrincos y eucaliptos.

En una muestra ejemplar de autosuperación, desde el 2006, Australia renunció a la Confederación de Fútbol de Oceanía para emigrar a la Confederación Asiática de Fútbol, y así evitar jugar contra poderosas selecciones como la de los demonios de Tasmania. Los resultados además de sorprendentes fueron inmediatos.

En Alemania 2006 vencieron 3 a 1 a Japón, perdieron 2 a 0 frente a Brasil y empataron a 2 contra Croacia, calificando segundos de su sector con 4 puntos, para finalizar dignamente la competencia en octavos de final al caer por la mínima diferencia contra Italia, quien resultó ser campeón del mundo. Luego, en Sudáfrica 2010 apenas quedaron fuera de los octavos de final tan sólo por la diferencia de goles, ya que arrancaron siendo vapuleados 4 por 0 contra los alemanes, después empataron a uno frente a la poderosa Ghana y finalizaron dando la campanada de la competencia al marginar de la siguiente ronda a Serbia (que venía de ganarle a los alemanes) al derrotarlos 2 a 1.  

Ahora, pregúntenle a los holandeses qué partido fue más complicado para ellos, frente al campeón del mundo o contra “la selección más débil de Brasil 2014”.



No hay mucho qué decir de España, salvo que si Hugh Jackman y Nicole Kidman hubieran jugado en defensa, Kylie Minogue de falso 9 y NickVujicic en la portería, ahora mismos no serían el peor equipo del Mundial.


  
Guarden la calculadora y saquen las veladoras para la Virgen de Guadalupe, Croacia trae un equipazo, se van a necesitar dos Ochoas bajo los tres palos si queremos rescatar un empate y calificar por sexto Mundial consecutivo a octavos de final.


Disculpen mi fatalismo, ayer les dije que vengo de tiempos oscuros.  

martes, 17 de junio de 2014

Día 6




Y ocurrió el milagro. México le arrancó un punto a Brasil en su propio Mundial. Milagro para personas como yo, que de niños tuvimos que adoptar otra nacionalidad, ya que México no jugó la Copa del Mundo de Italia ´90. Sin embargo, para los niños que tuvieron la fortuna de presenciar su primer Mundial de Estados Unidos ´94 en adelante, están más que habituados a ver que la Selección mexicana no pierda contra las superpotencias, al menos no en la primera fase. Las estadísticas son frías: dos empates contra Italia, uno contra Holanda y victoria sobre Francia. ¿Por qué las nuevas generaciones habrían de sorprenderse por un empate contra Brasil? Le hemos ganado finales de Copa de Oro, Copa Confederaciones y la medalla de oro olímpica.

Despojándonos de patriotismos, Brasil fue superior a México. Sin embargo, quien sepa leer los rostros de los jugadores, pudo darse perfecta cuenta que Brasil desperdició 45 minutos preocupándose en no ser humillados nuevamente. La historia de un pentacampeón pesa, pero no juega dentro de una cancha de fútbol. Lo sabían de sobra los brasileños que estaban dentro del campo y en la banca, e incluso los miles que abarrotaron las tribunas. Sus caras eran de consternación, de saber que enfrentaban otra vez al delantero horripilante que les clavó dos pepinos en la final de la Olimpíada.

Cierto es que Brasil tuvo cuatro jugadas clarísimas de gol, que de haberlas concretado, estaríamos hablando de otra humillación más a cuestas. Remontarnos al cavernoso pasado, a las tristes épocas de nuestros padres y abuelos, acostumbrados a los desastres. Pero apareció Ochoa. Y el mundo entero se rindió a sus pies en alabanzas. ¿Se imaginan si todos esos chupamedias supieran que en la banca tenemos a dos porteros mejores?

Sí, dirían que estoy loco. Pero no importa, lo sostengo. México debería exportar a Europa como mínimo tres porteros al año. Reto a que recuerden cuándo fue el último partido de un Mundial en el que un guardameta mexicano cometió un error que nos haya costado un gol. O un gol en el que el portero haya podido realmente evitarlo. No puedo creer que los visores de los equipos europeos todavía no reparen en este dato.


Y para cerrar, el fenómeno Ochoa es exactamente el mismo que ocurrió en Italia ´90; a diferencia del resto del mundo que se arrancó las vestiduras de la emoción al ver a René Higuita realizar las salidas más suicidas con el balón, a los mexicanos nos pareció cosa de niños en comparación con las gambetas que realizaba Jorge Campos todos los domingos en la liga casera. ¿Acaso también ya olvidamos que cada fin de semana era costumbre ver a Ochoa salvar al América de sistemáticos 4 a 0?

lunes, 16 de junio de 2014

Día 5



Pese a pronóstico, no me han despedido del trabajo tal como imaginé el fin de semana. Sin embargo, es cuestión de tiempo. Me programaron una junta a las 11 de la mañana. Previniendo esto, descargué una aplicación en mi celular que me manda una alerta cada que cae un gol en los partidos del Mundial. Mi celular vibró cuatro veces en mi bolsillo. Me emocioné. Dos goles de los alemanes y dos de los portugueses, pensé ilusionado. Justo el marcador que me aventuré a pronosticar en la quiniela que hicimos en el trabajo.

-Cuatro a cero, hubieras visto la carita de Ronaldo –me informa en los pasillos un diseñador cuando salgo de junta.  

-Hasta yo ya te rebasé en la tabla –se burla de mí una chica de cuentas.

Oficialmente soy el colero general de la competencia.



Aunque tuviera SKY jamás hubiera desperdiciado mi hora del almuerzo viendo un partido entre Nigeria e Irán. A estas alturas del Mundial era más que obvio que si alguien inauguraría los empates y los partidos sin goles, sólo podían ser estos funestos equipos. Aun así, en mi quiniela di por vencedores a los africanos por cuatro goles a cero.

-Tenemos un grave problema –me recibe mi ejecutiva de cuentas en la oficina después del almuerzo.

-Ahora qué –me preparo para lo peor.

La ejecutiva de cuentas me informa que la quiniela mundialista que nos encargó uno de nuestros más importantes clientes tiene errores en los horarios de los partidos.

-Imposible, revisé personalmente los horarios en la página oficial de la FIFA.

-Pues el cliente está furioso, dice que no va a pagar por las dos mil quinientas quinielas que mandó a imprimir para sus proveedores.

Reviso las quinielas. En efecto, el grupo F está plagado de errores. Mi diseñador me dice que no lo puede creer, que él también revisó tres veces las quinielas para no pasar por el trago amargo que ahora estamos pasando.

-¿Cuánto costaron imprimir las quinielas? –pregunto con un nudo en la garganta.

-Pues… -la ejecutiva de cuentas mira la factura- Más te vale empezar a adivinar resultados en nuestra quiniela o no cobrarás esta quincena.


  
Estados Unidos es mi trampolín de la salvación. Me encomiendo a ellos. Tal como lo hizo la Selección mexicana en último partido de las eliminatorias. Los estadounidenses nos regalaron el pase al Mundial, salvándole el pellejo a todas las empresas transnacionales que invirtieron millones de dólares en publicidad en el equipo mexicano.  

Entro a otra junta interminable que me obliga a perderme 85 minutos del partido.

-Van empatados a uno –me informan en los pasillos.

Corro hacia mi computara. Tiro de esquina en favor de los americanos. Santo J.A. Brooks se eleva por los cielos.

-¡Gooooooooool! –grito como un loco, como nunca imaginé volver a gritar otro gol de los gringos desde que nos regalaron la calificación a Brasil.
  
Mi diseñador se me queda viendo raro. Me pregunta qué tanto celebro. Le digo que en la quiniela puse que Estado Unidos ganaba dos a uno.

-Claro que no –me saca de mi error el diseñador mostrándome una tabla de Excel donde vienen los pronósticos de todos los participantes de la agencia.

En la pantalla veo con horror refulgir mi pronóstico. Mi odio ancestral contra los gringos hizo que mi subconsciente llenara la casilla con un contundente tres a cero en favor de los ghaneses.    

domingo, 15 de junio de 2014

Día 4



Me sorprende que en las redes sociales pareciera que el Mundial no existe. Nadie habla de fútbol, de robos arbitrales, de locuras como que México le ganará a Brasil, del debut de Argentina contra el posible caballo negro de la competencia; no, todos mis contactos se han dedicado a subir fotografías en colores opacos, donde aparecen ellos mismos de niños en los brazos de jóvenes de mediana edad, cuyos titulares versan en promedio con citas de este estilo: “Felicidades, eres el mejor papá del mundo”.

En mi familia nunca se celebró el Día del Padre, incluso cuando papá vivía. Es una celebración por demás confusa, no como el Día de la Madre o el Día del Carpintero o el Día del Cerrajero, que tienen en el calendario una fecha con dígitos esculpidos en piedra. Qué locura es esa de celebrar a los papás el tercer domingo del mes de junio. ¿Quién podría acordarse?

Al parecer todos, menos en mi familia. Cuando por obra de algún poderoso milagro lo recordaba, al felicitar a papá y darle un beso en la mejilla, podía sentir su incomodidad. Era como darle una descarga eléctrica en los huevos, que le hacía darse cuenta de golpe y porrazo que ya no era un adolescente con una vida por delante, sino un señor con tres hijos y una empresa agujereada navegando en los mares infestados de tiburones.     

Mentiría si digo que la muerte de papá no me atormenta. Es una marcación personal que me sigue hasta en los pensamientos más triviales, como por ejemplo, al abrir el Facebook, sí o sí tengo que plantearme un universo de interrogantes: ¿papá se hubiera animado a abrir una cuenta como todos sus amigos que aún viven? ¿Qué tipo de publicaciones haría en su muro? ¿Se deschavetaría al igual que mamá cada que sube fotos de su nieto al ponerse a escribir como si el bebé fuera quien redacta los estatus?


A quién quiero engañar, lo que más me aterra de la era digital es saber si a papá lo hubieran etiquetado en una fotografía donde aparece un niño que no soy yo, ni mi hermano, ni mi hermana, con el infalible encabezado de “Felicidades, eres el mejor papá del mundo”.