Durante los
poco más de 5 años que viví en Campeche, mi segundo hogar fue la cafetería-restaurante
Las Puertas. No en balde, es un escenario recurrente en la novela Mala Racha.
Los dueños, Sofi y José Antonio, son las
personas más buenas y nobles de la ciudad, por ello, abusando de su confianza,
envíe a su café-restaurante-casa todas las novelas que me compraron en preventa
los lectores campechanos, de tal suerte al leer la novela podrán respirar la
gran atmosfera que se siente allí, como cuando era yo un joven soñador de
cabellos largos.
Los primeros en tener su Mala Racha han sido los lectores de
Mérida, por obvias razones de ubicación, y estos han sido algunos de sus
comentarios:
Una grata sorpresa es que Mala Racha también haya sido adquirida
por el aclamado grupo El Viaje,
quienes tuvieron la gentileza de decir esto:
Pero la mayor de mis sorpresas ha sido mamá,
quien se ha convertido en una adicta de las redes sociales y no duda en
externar su opinión respecto a lo que piensa de mi primera novela. Sin duda,
una comediante involuntaria, en especial por su segundo comentario.
Y lo que ya es inverosímil, es que mamá
haya accedido hacer esto, pese a las más que justificadas reservas de mi
hermana Bicho:
Desde que Rafa
se volvió loco (más de lo que está) y decidió publicar mi novela Mala Racha, mi vida decidió hacerle
honor al título de mi primer libro.
Así lució el jueves pasado mi pierna
momentos antes que los señores de Correos de México me informaran que si no
pasaba a buscar 3 cajas cargadas de libros a mi nombre, tendrían que
regresarlas a España porque el diligenciero no podía encontrar mi domicilio
desde hacía dos semanas.
Por fortuna pude recoger las cajas
momentos antes de que fueran enviadas de vuelta a España. Lo que no esperé que
ocurriera fue que al llegar a casa pasara esto:
Así es, es un hecho probado que cuando se
juntan un montón de Mala Racha en un
mismo lugar el Universo conspira para joderme la vida, si no, ¿cuáles eran las
probabilidades de que se echaran a perder al mismo tiempo la puerta principal
de casa y la del portón delantero?
Lo primero que hice una vez que logré
entrar a casa fue firmar y dedicar todas las novelas que me compraron mis
amados lectores y deshacerme de ellas lo más rápido posible con la ayuda de mi
querida Fiera, pues como dije, es un hecho probado que Mala Racha es un ave de mal agüero, un nubarrón negro que te perseguirá
y joderá la vida.
Otra prueba de ello es el caso de Eduardo
Huchín, personaje neurálgico de la novela y gran amigo escritor
encargado de hacer el prólogo. Esto fue lo que le pasó hace uno días al
enterarse que Mala Racha estaba
camino a su casa:
Si quieres experimentar lo que es sentir
que tu vida se vaya a la mierda, te recomiendo comprar la novela, Rafa tuvo la
gentileza de enviarme algunas novelas de más para que las venda personalmente.
Si vives en México y quieres que te envíe
la novela, escríbeme a rodrosolis@hotmail.com. Ojo, en menos de 24 horas
ya se han vendido casi todas, así que no te lo pienses mucho, al parecer todos
se mueren de tener consigo un amuleto de la mala suerte, eso, o quieren ver
personalmente a Fiera, quien es la encargada de repartir las novelas en Mérida.
Quizá algunos no lo sepan, pero la semana
pasada me operaron de la rodilla izquierda. El resultado de esta operación,
además de un dolor indescriptible, me ha granjeado una deuda enorme.
En menos de 2 meses tengo que pagar casi
30 mil pesos. De lo contrario, algunos prestamistas vendrán a romperme la
pierna derecha.
No recuerdo otra época donde la haya
pasado tan mal. En mes y medio se me han juntado todos los problemas que no
había tenido en toda mi vida.
Para los que no lo conozcan, él es Taco. El más grande amor en la vida de Fiera.
Durante todo este tiempo que he permanecido en cama, se me ha quedado mirando
con su distorsionada mirada de psicópata, como si quisiera decirme algo.
Ojalá mueras
-Voy a tener que prostituir a Taquito
–dice Fiera con los ojos acuosos.
Siendo Taco un perro hermoso y cotizado
en el medio canino, no faltaron las ofertas. Esta tarde una señora trajo a su yorkie
para que Taco la preñara. Pagaría 2 mil pesos por la monta.
Los dos mil pesos más fáciles del mundo,
pensé ingenuamente. A ese paso, seguí soñando con los ojos abiertos, Taco
podría darnos una vida de reyes.
Por desgracia, Taco resultó ser todo
menos un semental. Al parecer el amor que siente por sus peluches (en especial
la gatita de los Aristogatos) es más fuerte que las feromonas de una perra en celo.
O eso es lo que ha aprendido desde que lo
obligué a leer Cien Años de Soledad.
Ahora mismo debería estar acostado en esta
hamaca, con la brisa caribeña rozando mis mejillas, mientras intento
desentrañar uno de los más grandes misterios financieros de la humanidad. O al
menos, esa era la misión secreta que me encomendó (con todos los gastos
pagados) la mejor revista del mundo, reportaje que me sacaría de una vez por
todas del triste anonimato literario en el que vivo.
Por desgracia, la vida me tenía reservado
otros planes. O mejor dicho, el título de mi primera novela decidió perseguirme
como mi propia sombra.
El 15 de diciembre del 2012 es una fecha
que nunca olvidaré: es el día en que mi vida se convirtió en un infierno. Al no
tener seguro médico he tenido que experimentar durante un interminable mes y
medio un calvario burocrático para poder operarme la rodilla. La operación, sin
embargo, fue un éxito, pero en contraparte, he quedado en bancarrota, o mejor
dicho, endeudado hasta el cuello, ya que debo poco más de 30 mil pesos.
Moraleja: mamá y la sociedad en general
tenían razón al advertirme que ser escritor me saldría caro, que tarde o
temprano me pasaría factura.
Ahora lo único que agradezco es que al
menos tuve tiempo para escribir un libro, y, de premio de consolación podré decir
que mi primera novela literalmente me costó sangre. De hecho, espero que mi
novela sea comprada por todas las madres del mundo que quieran disuadir a sus hijos
soñadores cuando éstos tengan la disparatada idea de ir en la búsqueda de un
sueño imposible.
En México, ser periodista es muy sencillo. Lo único que tienes que hacer
es desinformar a la gente, luego poner carita de cachorro arrepentido. Todos te
perdonarán y podrás seguir siendo un líder de opinión respetable que vela por los
intereses de la empresa que te da de comer y que controla las mentes de todo un
país.
Si te gusta leer, concordaremos en que no
hay mayor placer que rozar las narices en las hojas de un libro en mitad de la noche,
poco a poco acercarte a luz de la lamparita del buró para no desenfocar el
universo que se abre ante tus ojos, llenos de personajes e historias
fantásticas, narradas por una persona que no conoces, y que probablemente nunca
conocerás por que el narrador vive en otro país, en otro continente, e incluso
en otra época.
Si te gusta escribir, concordaremos (o
tal vez no, los escritores somos nefastamente impredecibles) en soñar con
escribir un libro que sea capaz de embrujar a una persona en mitad de la noche,
con la nariz pegada a las hojas, acercándose al destello de luz de la lamparita
del buró para no perder detalle de la historia, recostado sobre una cama o
sentado en un sofá, bajo el techo de una casa que fue construida en un país
remoto, separada por un inmenso océano de tu hogar.
Mala
Racha,
mi primera novela, ha sido comprada por un 95% de lectores mexicanos, sin
embargo, la editorial (la única que creyó en la historia que narré) está
ubicada en España. Eso significa que hoy día sólo el 5% de compradores tienen
en sus manos mi novela, personas que viven en un continente que no conozco y
que probablemente nunca llegue a conocer.
Peter Aliseda no lo sabe pero ha cumplido
el sueño de un escritor, y de paso ha evaporado uno de mis más inquietantes y
terribles miedos: ¿entenderá algo de lo que escribo un perfecto extraño que no
haya nacido en México, o mejor dicho, en Campeche?
P.D. Espero el 95% de los compradores mexicanos
me tenga un poco más de paciencia, Mala
Racha en estos momentos está atravesando un inmenso océano para
poder llegar a casa, y eso, como lo experimentó Hernán Cortés, toma más tiempo
de lo previsto.
Todos tenemos Mala Racha, unos más mala y larga que otros. Nadie se salva. No
importa que seas un campeón mundial (aparentemente invencible), una
superestrella de la música o un dictador tropical.
Una amiga del trabajo, al igual que el
99% de las mexicanas de clase media que oscilan entre los 20 y 45 años, está
obsesionada con este libro:
No es de extrañar entonces que al ir
juntos al centro comercial (por cuestiones laborales), me diga toda ansiosa
como una adicta a la cocaína:
-¿Hay alguna librería aquí? Me faltan sólo
50 páginas de la segunda parte, me urge comprar el tercer libro, ¿seguro que no
conoces alguna librería en la plaza? ¿Hay librerías aquí? ¿Sabes de alguna?
¿No? ¿Sí?
Sanborns, epicentro cultural de México.
A nadie debe sorprender ver estos libros
como los más vendidos tras la feroz campaña orquestada por estos intelectuales
que buscan sacarnos de la barbarie e incultura.
En realidad este post sólo fue una excusa
para decirle a todas mis amigas (pero en especial a mi amiga del trabajo que
lleva diciéndome durante un mes que comprará hoy sí mi novela Mala Racha), que mi novela es mucho más
cara, muchísimo más sensual y extremadamente más caliente que Cincuenta sombras de Grey.
Si todavía no has leído las primeras 25
páginas de Mala Racha, aquí puedes hacerlo.