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viernes, 14 de marzo de 2014

El paladín de las becas


La historia comienza el día de antier con Fiera enviándome un link a mi WhatsApp. Me dice que le han dado un periodicazo a mi amigo Isaac.

Odio leer los artículos culturales, por lo general el 99.9% son aburridísimos (como podrán constatar a continuación los dos o tres valientes que visitan este blog). 

AQUÍ el artículo en la página web. 

Como no me gusta mentirle a Fiera, tuve que leer de principio a fin el artículo porque había un 99.9% de probabilidades de que a los dos minutos empezara un interrogatorio vía WhatsApp sobre qué opinaba al respecto.

Mi opinión fue la siguiente:




Entonces ocurrió esto:


Y esto:



Y esto también:


 Y como esto ya se volvió una necedad, también esto:




¿Mi amigo Isaac es un tramposo? Por supuesto. ¿Deberían quitarle la beca? Desde luego. ¿Ricardo Tatto debería tomar un curso de sarcasmo? Naturalmente. ¿Acaso yo debo tomar un curso de redacción y ortografía? Definitivo, pero antes de hacerlo me gustaría cerrar esta patética pelea de gatas salvajes aclarando 3 puntos.

1. El PECDA y el 99.9% de las becas artísticas que se ofrecen en este país son para muertos de hambre. Mismas becas que yo he obtenido  (y en incontable número de veces me han negado) porque soy un muerto de hambre sin dignidad. Para el gobierno 5 mil pesos mensuales es lo que vale un artista. Es decir, le avienta migajas como a un perro para que se arrastre por ellas porque sabe que los artistas son animales rastreros que harán cualquier indignidad por obtenerlas (ya sea haciendo trampa o mordiéndose entre ellos).

2. El artículo del justiciero Ricardo Tatto cierra diciendo lo siguiente: “es evidente que las autoridades de nuestro terruño están premiando y becando a escritores con base a un único criterio: la total ignorancia”. Lo único evidente aquí es que alguien está siendo categórico (característica muy propia de los periodistas de cultura) al afirmar que el único criterio que las autoridades utilizan para otorgar las becas es la ignorancia y no el talento de los escritores.

3. Alguien parece estar muy celoso al descalificarme como escritor y periodista por el simple hecho de ser modelo de “Letras Caninas”, ganar becas (gracias a andar regalando besos y alcohol) y por publicar con cierta regularidad artículos, cuentos, reportajes, etc., en prestigiosos medios nacionales y extranjeros a cambio de generosos cheques.         


P.D. Tranquilo, Ricardo, nadie te quiere romper la madre. Las mentadas de madre son producto de tu imaginación. Cuando seas un reportero de verdad, vas a aparecer descuartizado por hacer reportajes contra personas poderosas y peligrosas de verdad.

domingo, 8 de julio de 2012

El Arca de Regina invade México


Hace poco más de dos meses los chicos encargados del suplemento Domingo de  El Universal, me dieron la oportunidad única de hacer un reportaje que desde el 2007 soñaba con realizar. Para los aún fieles y añejos seguidores de éste blog, saben perfecto a qué me refiero, así es, El Arca de Regina.

Entre el 2007 y el 2010, cuando me invitaban a encuentros de escritores de otras ciudades, mi carta de presentación era decir que venía de una ciudad pequeñita y amurallada donde no eran necesarios los escritores para transportar a las personas a mundos insospechados, pues Campeche era toda magia, toda fantasía, y me arrancaba con el relato de Regina, señora con poderes sobrenaturales que un día tuvo una visión, Dios en persona le dijo que vendría un diluvio universal y por ello tuvo la encomienda de construir un Arca tan colosal e impresionante como la de Noé, solo que en vez de llenarla de animales lo haría de campechanos.

Naturalmente, en los auditorios donde me presentaba, la gente reía. Creían que mis anécdotas eran producto de mi imaginación. Hasta que el domingo pasado, gracias al importante medio nacional como lo es El Universal, pude comprobar lo contrario.





AQUÍ pueden leer el reportaje, pero… si quieren leer la historia completa, y esto no lo digo con afán de morder la mano que me da de comer, recomiendo leer mejor la versión extendida que aparece en mi blog Pildorita LADO B. Allí encontrarás  paso a paso cómo se dio el reportaje, a diferencia del que publicaron en Domingo, que por cuestiones de espacio tuvieron que recortar bastante.  

jueves, 5 de noviembre de 2009

Los Talibanes vistes de Playa

El burkini.

lunes, 28 de abril de 2008

Nos gusta la carne



“LA MUJER QUE HACE UN MÉRITO DE SU BELLEZA, DECLARA POR SÍ MISMA QUE NO TIENE OTRO MAYOR.”

- Julie de Lespinasse


Cuando lo amerita, vuelvo sobre mis pasos para escribir de nuevo sobre algún tema antes escrito. Y este es uno de esos casos. Hace unos meses escribí un artículo que en realidad era una carta dirigida a la hija recién estrenada en la adolescencia de un muy buen amigo, cuyo sueño era ser modelo; por tal motivo, como se aburría mucho en casa, le había pedido a sus papás que la inscribieran en una escuela de modelaje (traducción: que la pusieran a trabajar de edecán). La carta tenía como fondo decirle a la pequeña que una mejor idea (o inversión, si quieren llamarlo así) era dedicar su tiempo libre en la lectura o al arte en vez de utilizarlo para la glorificación de su cuerpo, ya que con los años la inteligencia resplandece y el cuerpo se marchita.

El dardo dio en el blanco, o eso creía, y no estoy diciendo que gracias a mi carta la bella adolescente haya renunciado a sus sueños de aparecer algún día en la portada de Vogue o deslizándose en ropa interior sobre una pasarela de Victoria’s Secret. A lo que me refiero es que un buen número de correos llegaron a mi bandeja de entrada, la mayoría de los cuales deja sentir una latente indignación por parte de chicas hermosas (sospecho) dedicadas al oficio de edecán. Algunas de ellas, las más educadas, intentaban con buenas y respetables maneras hacerme ver que ser edecán es un oficio digno, que gracias a él podían costearse la licenciatura o ayudar a sus padres con los gastos de la casa o simplemente tener dinero para darse ciertos lujos como cualquier persona normal. Otras, como es normal en esta columna, descargaron su ira en la santa madre que me parió. Y otra, en nombre de otras edecanes (ignoraba que hubiese un gremio de edecanes representado por una furibunda lideresa), en una carta por demás extensa dijo que tal vez eso de escribir no era lo mío. Y eso lo descubrió mientras trabajaba en una Expo al leer una revista local y toparse con un artículo de su servidor (al parecer cada día son más las revistas y periódicos que me publican sin mi autorización y obviamente sin desembolsar un maldito peso) llamándole la tención el título “Aprendiz de modelo”, ya que ella es modelo y edecán. La lideresa en cuestión me platicó sin que se lo pidiera que gracias al edecaneo (palabra que según ella utilizo peyorativamente) puede pagar su licenciatura en Comercio Exterior, al igual que lo hacen otras colegas mercadólogas, contadoras, abogadas, arquitectas, etcétera. “¿Te sorprende?”, me preguntó. También dijo que la edecaneada no se hace en las esquinas, porque eso solo lo hacen las prostitutas, y entre ambas profesiones hay una gran diferencia, ya que su trabajo es, y lo transcribiré literalmente (no lo haría si ella no me hubiera dado su autorización en la carta): “una estrategia de mercadotecnia, una muy inteligente y eficaz manera de capturar miradas”.


Pues bueno, he ahí el problema. Que aspirantes a profesionistas o profesionistas sean edecanes no me sorprende en absoluto. Vivimos en un país sumido en la pobreza y en la confusión. Y sospecho que el que se va llevar una sorpresa no será el arriba firmante, sino las aspirantes a profesionistas que al recibir su flamante título de licenciadas descubran que su cheque quincenal en la oficina será menor al que percibían cuando se entubaban en diminutos trajecitos de lycra para, de manera muy inteligente y eficaz, capturar las miradas de los consumidores de cervezas, paletas, bolígrafos, refrescos, etcétera.

No nos hagamos tontos. Y menos intentemos buscar dignidad donde no la hay. Nos gusta la carne, y las empresas son depredadores carnívoros, al igual que las agencias de modelaje y/o de edecanes, o como quieran llamarles. ¿Por qué para vender un automóvil o una almohada o un tornillo es necesario contratar a una jovencita semidesnuda para que salga sonriendo a un lado del producto? Eso no es dignidad, se llama necesidad. ¿Y saben qué profesión es muy digna? La prostitución. Mujeres que no se avergüenzan de lo que son y del oficio que desempeñan. Calmando los ardores de hombres que en su mayoría no encontrarían la paz en otros brazos redentores. Eso sí que es tener dignidad, porque estas mujeres no andan cacareando y exigiendo a los cuatro vientos respetabilidad cuando sus pechos se encuentran en franca batalla por liberarse de un diminuto escote.


Si tan digna y respetable es la profesión de edecán, ¿para qué estudiar licenciaturas con nombres rimbombantes? Mejor dedicarse de tiempo completo a ser el instrumento inteligente y capturador de miradas de las empresas.

Darle dignidad a un oficio no es, como dijo la lideresa de las edecanes, “tener principios y valores bien cimentados para saber darse a respetar”. No señorita. Darle dignidad a un oficio es saber dónde se está parado, y soportar estoicamente las consecuencias. Y si te pones un hilo dental y una minifalda en una Expo cervecera no esperes que te miren con miradas aterciopeladas o que un príncipe azul tire su capa sobre los charcos de mierda para que no te ensucies tus piecesitos.

lunes, 21 de enero de 2008

Aprendiz de modelo


“LA BELLEZA DEL CUERPO ES UN VIAJERO QUE PASA; PERO LA DEL ALMA ES UN AMIGO QUE QUEDA.”
- Saavedra Fajardo

Un pajarito me ha contado que te aburres horrores en casa y como no sabes qué hacer con tu tiempo libre quieres inscribirte a una agencia de modelaje para ser modelo. Ese pajarito es un pajarito que quiero y respeto mucho. Tú también quieres y respetas mucho a ese pajarito, e incluso lo respetas y quieres más que yo; sin embargo, dadas las circunstancias actuales, de que estás a punto de romper el capullo para salir convertida en una hermosa y multicolor mariposa, las palabras y consejos que te pueda dar el pajarito las tomarás como un ataque personal, por más que el pajarito cuidadosa y amorosamente seleccione cada una de esas palabras para intentar hacerte ver que el mundo es un lugar hostil y lleno de espejismos.
En cuanto a mí, francamente me agrada la idea de que estés creciendo. Ahora tú y yo podremos ser muy buenos amigos, ya que hablaremos en el mismo idioma. Y prueba de ello es este escrito, que estoy seguro entenderás de cabo a rabo, pues ni te creas que no sé que eres una pilluela que se desliza a la computadora cuando nadie te ve y entras a leer esas cosillas prohibidas por la moral cristiana que escribo en mi blog que tanto incomodan a ciertos pajarillos poderosos y sinvergüenzas.
Ahora bien, dejaré a un lado eso de los pajarillos y las mariposas y las metáforas pues sospecho que de seguir con ese lenguaje, además de quedar como un perfecto imbécil ante tus ojos, empezarás a despreciarme, tanto o más que a la mayoría de los adultos que te quieren seguir tratando como si fueras una niña de brazos. Si te soy sincero, ni me va ni me viene que quieras inscribirte a una agencia de modelaje. Si quieres ser modelo, adelante. Eres muy bonita y no dudo ni un segundo que logres serlo en corto tiempo. Sólo quiero que sepas que tienes y tendrás mi apoyo incondicional. También mi más grande sonrisa y mis más calurosos halagos cuando te vea caminar en los huesos y semidesnuda sobre una pasarela o retratada con los pechos rellenos de silicona en la portada de una revista de cotilleo. De igual forma tendrás mi hombro para derramar una que otra lágrima cuando antes de que seas famosa tengas que soportar estoica y con tu mejor cara las vulgares proposiciones de hombres soeces y repugnantes que pensaste el mundo no podría engendrar, o cuando tengas que entubar tu flacucho cuerpecito en nylon, licra o el material que esté de moda para edecanear en las esquinas, supermercados y carnavales, contoneándote al ritmo de aplausos y de vertiginosas canciones de reggaetón; pues palabra, ese será el vía crucis que tendrás que recorrer antes de llegar a la cima donde pretenden llegar tus más fervorosos sueños.
Te repito, si quieres ser modelo, adelante. Las recompensas son muy tentadoras. Amigos, novios, excesos, halagos, viajes. A mayor o menor escala, según sea tu fama. Aprenderás a obedecer, y descubrirás que tu cuerpo será tu templo y tu belleza tu medio de subsistencia. Eso es lo que sabrás al final del camino. Eso es lo que tu papá, perdón, cierto pajarillo, quiere decirte pero no puede, porque sabe que lo ignorarás e incluso te enojarás con él. Yo no soy quién para andar dándote consejos y diciéndote como debes vivir tu vida; lo único que puedo decirte es que le des una oportunidad a tus horas de aburrición en casa. Aprende a disfrutar tu tedio. A saborear los silencios. A escuchar cada uno de tus pensamientos. Te sorprenderá descubrir que tienes una vocecilla interior que te impulsará a cuestionar el mundo. A plantearte cientos de interrogantes. A buscar respuestas. A tropezarte con los libros y descubrir un nuevo mundo en ellos. Un nuevo lenguaje. Pero, y si después de todo ello terminas llegando a la conclusión de que tu misión en la vida es invertir tu existencia en la glorificación de tu cuerpo, adelante, inscríbete a la agencia de modelaje, que yo seré el primero en aplaudirte y apoyarte, y luego, el primero en romperle el hocico al primer animal que alabe y se babee por tus curvas en el carnaval.

martes, 30 de octubre de 2007

Intercede por mí, santa madre, tú que toda poderosa eres


“NINGÚN GRAN ARTISTA VE LAS COSAS COMO SON EN REALIDAD; SI LO HICIERA, DEJARÍA DE SER ARTISTA.”

“ES BASTANTE DIFÍCIL NO SER INJUSTO CON LO QUE UNO AMA.”

“DETESTO LA VULGARIDAD DEL REALISMO EN LA LITERATURA. AL QUE ES CAPAZ DE LLAMARLE PALA A UNA PALA, DEBERÍAN OBLIGARLE A USAR UNA. ES LO ÚNICO PARA LO QUE SIRVE.”

“EL MUNDO LLAMA INMORALES A LOS LIBROS QUE LE EXPLICAN SU PROPIA VERGÜENZA.”


- Oscar Wilde



Antes que nada, quiero decirte que te quiero mucho. Sé que nunca te lo digo de frente y que la cara de ogro embravecido que pongo cada que nos vemos (que es casi nunca) no ayuda mucho para que me creas, pero debes entender que a mis 28 años, bajo ningún concepto, frente a mis amigos o frente a cualquier ser humano, debes decirme “véngashe mi bebeshito lindo, qué bonito él, agu gu gú” palmoteándote los muslos en señal de que me siente en tu regazo. Aunque créeme me encantaría complacerte, es decir, dar un gran brinco y caer sobre tus piernas y abrazarte y darte muchos besos, por desgracia hay dos factores que me lo impiden: los más de 1.80 metros que mido y los 80 kilos que peso. Sé que no eres una anciana (aún), pero dudo que tus huesos soporten mi peso, como no soportaron hace algunos años tu penúltima caída cuando te rompiste la clavícula al salir volando por los aires como la Novicia Voladora en aquel restaurante de mariscos aquí en Campeche.

Hablando de Campeche y del anuncio de tu visita el próximo fin de semana, quiero contarte una serie de sucesos desafortunados que me han ocurrido últimamente. Tranquila, no es nada grave, respira profundo, sé que eres una mujer de emociones propensas al infarto, así que hazme el favor de que cuando leas lo que vas a leer a continuación no se te vaya a ocurrir morirte de uno. ¿Lista? Bien, fíjate que estoy metido en un problemón, de esos de los que tanto me advertiste me abstuviera de protagonizar por culpa de la malvada escritura. Sí, sí, sé que te había dicho que el problema no era nada grave, pero en realidad sí que lo es, así que mejor que lo sepas por mí que por los cientos de amistades que tienes aquí en Campeche. Este problema igual y no sería tan grave de no ser porque llegó a oídos del gobernador, o al menos eso es lo que dice la gente. Así que si te deja de llegar como cada año tu invitación al informe de gobierno, no llames al servicio de correo para quejarte.

Resulta ser, querida mamá, que un escrito mío que se publicó en una revista muy pero muy importante de cobertura nacional, misma que, te prometo, no tenía idea de su existencia antes de que me publicaran y me invitaran al DF a presentarla, ha causado gran conmoción y descontento en el seno de la sociedad campechana, es decir, a los muchos políticos, periodistas, intelectuales y señoras copetudas con peinados de cacatúa que cada dos meses hacen largas e interminables filas en la puerta de la librería Levante para poder leer la revista Tierra Adentro. Sé que me lo advertiste, que nunca debí abandonar el importante corporativo en el que trabajaba, el cual me hacía ver como un hombre de bien y de respeto. A estas alturas sería gerente, no andaría en un volcho destartalado y te hubiera bendecido con un par de nietecitos berrinchudos que te llenarían de canas tu nuevo peinado de periquito australiano. En cambio veme ahora, desprestigiando a nuestros antepasados y a todo el pueblo de Campeche, tierra de ilustres hombres y mujeres que se saben de pe a pa la historia de la ciudad y que son celosos defensores de sus murallas y sus tradiciones.

¡Qué vergüenza, madre mía! Hasta en el último rincón del país se ha leído mi escrito, el cual espero nunca leas para no avergonzarte más de lo que ya debes estar a estas alturas, cuando todo México se ha creído mis sucias mentirotas; porque dije que los fines de semana el malecón de Campeche, donde está prohibido beber en la vía publica, se convierte en la peregrinación de cantinas ambulantes más grande del mundo, lo cual, como tú bien sabes, no es verdad, como tampoco es verdad que la televisión campechana sea más bizarra que la japonesa, porque en los programas de Campeche de ningún modo aparecen ante las cámaras amas de casa vestidas como si las hubieran capturado camino a la tiendita de la esquina a quienes plantan frente a un conductor cincuentón con cejas depiladas que le dan la apariencia de un muñeco de ventrílocuo, maquillado y peinado como una dama de sociedad, cuyo patiño, al menos al momento en que redacté el escrito, era una botarga de burro que cuan largo es el programa permaneció erotizada y no tuvo empacho de montar al conductor cada que éste dejó caer “accidentalmente” sus notas al suelo; como tampoco es verdad que otro conductor, que es la respuesta campechana a Don Francisco, sólo que un poco más libidinoso y panzón, jamás de los jamases fuera de alguna alucinación mía, agasajó a las mamacitas campechanas que asistieron a su programa del Día de las Madres para su sorpresa, espanto, horror y placer, con una tripleta de nudistas fortachones que como parte del show subieron al escenario a una señora inocente a la que procedieron a victimar mediante “el Remolinillo”, un lúbrico embate que consiste en frotar rabiosamente el tridente de genitales de los bailarines en las caderas de la aterrada dama, mientras esta intenta escapar tirando manotazos.

¿Te das cuenta, mamita? Qué horrible y despreciable ser humano soy. Por querer hacerme al gracioso comenté, y esto es absolutamente falso, que al entrar a los antros de Campeche la panorámica es como si veras una fotografía donde siempre aparecen las mismas personas, en las mismas mesas, en la misma pose, con las mismas parejas, donde lo único que cambia cada fin de semana es el guardarropa, y eso, a veces. Pero eso no es lo peor, pues también dije la mentira más grande y fea de la historia: que en los burdeles y tumbaderos de la ciudad (los cuales, desde luego, no existen) existe una alta probabilidad de que te topes con tu papá, tus maestros y/o el párroco de la iglesia. Otro ataque fatal, y falso como todo lo que digo, fue mencionar que el Carnaval de Campeche presenta a los ciudadanos la oportunidad perfecta para travestirse o protagonizar el escándalo del año. Y también que Campeche es el único lugar del que se tiene conocimiento que ha mandado a concursar a Miss México, en años consecutivos, a unas gemelas idénticas, dejando a Lupita Jones y a los jueces del evento por demás confundidos. Otra de mis calumnias de pésimo gusto fue la de enumerar una serie de monumentos que para mí (y para un grupo insurrecto de escritores locales) deberían ser considerados Maravillas Arquitectónicas del Mundo Moderno: Los Jardines Colgantes de Panchito Brown, La Sandwichera Más Grande del Mundo, El Partenón Campechano, El Atorado, La Hija de la Estatua de la Libertad, El Monumento a las Madres Mutantes de Seis Dedos, El Monumento a “Papá por Siempre”, etcétera, cada uno de ellos dotado de una truculenta historia propia. Sobra decir que en esta interminable marejada de mentiras no podía estar ausente el marketing del tercer mundo que se maneja en la ciudad, donde la tienda “Bicipollo” no vende bicicletas ni pollos, y la pizzería “Xavier” distribuye (o distribuía) su producto en cajas de una pizzería que quebró hace años en la ciudad vecina de Mérida. Sin olvidar, como cereza en el pastel de esta retahíla de inventos míos, la mención de personajes ilustres de la sociedad campechana como Regina, esa señora con poderes sobrenaturales que predijo a mediados de los años ochenta que un diluvio de proporciones bíblicas acabaría con la humanidad y, armada de valor, recolectó donativos entre sus vecinos para construir un Arca tan impresionante como la de Noé, con la diferencia de que los tripulantes, en vez de ser animales, serían campechanos; o el inolvidable Exorcista de Bellavista, un pastor que aseguraba haber sido curado de su homosexualidad por el Espíritu Santo, que al hacerlo lo había dotado de poderes sobrehumanos para liberar a los jóvenes de los sucios deseos de la carne empleando el método siguiente: “¿Quién de ustedes se masturba?”, preguntaba a sus jóvenes feligreses, y cuando alguno confesaba hacerlo, el pastor lo tomaba con fuerza de la entrepierna y comenzaba a frotarla enérgicamente al tiempo que exigía en el nombre de Dios a los demonios abandonar el cuerpo del muchacho.

Es por todo esto, mamá, que con ojos llorosos y manos temblorosas te pido perdón. Y también te pido consejo y ayuda para que intercedas por mi, tú que eres toda poderosa gracias a tus amistades poderosas, y le supliques al gobernador y a todo su gabinete que sean misericordiosos pese las molestias que les he ocasionado. También dales mis más sinceros y afectuosos saludos, además de un agradecimiento por haberse tomado la molestia de leerme, aun interrumpiendo sus importantísimas actividades como son la persecución del narcotráfico, batallar con los accidentes de las plataformas petroleras que están contaminando nuestros mares, y la construcción del interminable monumento en honor al 150 Aniversario de la Emancipación Política del Estado, el cual, si el tiempo te lo permite, te pido que les sugieras renombrarlo como Monumento a la Paciencia de los Campechanos, y no porque su partido lleve instalado en el poder tanto tiempo, sino porque todos los días tengo que pasar cuatro veces por la glorieta donde están haciendo la construcción y siempre hay una nueva calle cerrada y mil agujeros en las calles que han despedazado los neumáticos de mi coche en un par de ocasiones. Como estoy casi seguro que tendrás tiempo de sobra para charlar con él, por favor, ponte de rodillas como yo lo haría, entrelaza las manos como yo lo haría y llórale como yo lo haría para que por favor no me quite la beca de la que actualmente vivo (mitad federal, mitad estatal), la cual, como dijeron tus amistades que no están afiliadas a ningún partido político, me gané merecidamente con el sudor de la frente y a punta de ser un autor publicado en periódicos, revistas y páginas de Internet en la península, centro y norte del país, al igual que en Centroamérica, Sudamérica y España.

Mamita linda, antes de poner punto final a esta larguísima pero necesaria carta, tengo que aceptar y reconocer con el dolor de mi alma que bien y sabiamente me lo advertiste: que este oficio (si es que lo llegaste a llamar alguna vez oficio) sólo le acarrearía problemas y vergüenzas a la familia. Es por eso que utilicé este medio (ignoro en qué periódico estés leyendo esta carta, ya que es el único medio con el que puedo dar contigo pues te rehúsas a usar la computadora y menos el Internet) para ofrecerte mis más sinceras disculpas por adelantado, mismas que te servirán para prepararte y contar con el tiempo suficiente para ensayar tu mejor cara de sorpresa y/o indignación en las reuniones de este fin de semana cuando tus amistades te digan que tu hijo es un ............... (llena los puntos con el insulto de tu elección), por haber publicado GUÍA PARA NUNCA VISITAR CAMPECHE, título que, te hago la puntual aclaración, no fue de mi autoría sino de los editores que lo publicaron, quienes además tuvieron la bondad de ponerlo bien grandote en la portada de la revista. Mismos editores que no han duda en llamarme en repetidas ocasiones ofreciéndome sus más sinceras disculpas, ya que este problema ha llegado a nivel federal. Pero no te preocupes mamá, que yo a estos buenos señores, a quienes considero mis amigos, les acepté con mucho placer sus disculpas al igual que el ofrecimiento que me hicieron para publicar con ellos en el próximo número de la revista, el cual, para apagar los fuegos encendidos, será (a sugerencia de mi muy querido amigo y colega Eduardo Huchín) el mismo texto de la publicación pasada, igualititito, sin cambiarle una coma, excepto el título, que en esta ocasión se llamará: “GUÍA PARA VISITAR CAMPECHE”.

Todos sabemos que no será un éxito de ventas como el número anterior, pero al menos sí que dejará conformes a ciertos habitantes campechanos que no leen más allá de los títulos de los libros, periódicos y revistas.

Con cariño, tu hijo Rodrigo, orgulloso de ser, hoy y siempre, campechano.

jueves, 11 de octubre de 2007

La hija de la dama de la fotografía



“LA MANO QUE MECE LA CUNA RIGE EL MUNDO.”
- Peter de Vries

No me lo ha dicho, pero en sus silencios puedo sentir sus reclamos por no escribir sobre ella, sobre todo cuando he escrito sobre casi todos los integrantes de mi familia.
De mi mamá, tanto sus más allegados como los que la conocen sólo de hola, concuerdan en que es una dama. Esto es por la manera tan recatada que tiene de comportarse para con ellos, aunque la realidad de las cosas (sospecho) es por la manera en que se deja ver vestida y arreglada por la calle, en mutualistas, en eventos de caridad y/o de sociedad, en el supermercado o hasta en su propia casa. “Tu mamá siempre está súper arreglada”, me dicen. Y es verdad. Mi madre incluso a la hora de irse a dormir parece estar yéndose a alguna fiesta de sus amigas cacatúas y copetudas.
Durante la secundaria (etapa en que más odié la escuela) mi mamá tenía por costumbre levantarme una hora antes de las siete de la mañana, que era la hora de entrada al colegio, muy a pesar de que el instituto estaba a diez minutos de distancia de casa (Mérida no era lo que es ahora: una plancha de cemento llena de avenidas, semáforos y mini centros comerciales); los cincuenta minutos que tenía para alistarme los invertía frente a un tazón de Zucaritas intentando resignarme a la idea de que me quedaban muchísimos años por delante por ir todas las mañanas a la escuela, aunque también hubo días (cuando me levantaba de buen humor) en que le rezaba a Dios Todopoderoso para que me cumpliera el milagro de que cuando mamá encendiera el automóvil voláramos en mil pedazos, o por que al llegar a la escuela ésta estuviera ardiendo en llamas con todos los profesores dentro pegando de gritos frente a las ventas al tiempo que se derretían como conejitos de chocolate al sol. Desde luego Dios nunca cumplía el milagro que con tanto fervor y ahínco le pedía (quizás fuera porque estudiaba en una escuela católica), y el resultado era el mismo de todas las mañanas: yo sentado en mi pupitre y alguna de mis compañeras diciéndome: “oye, tu mamá siempre está súper arreglada”. Era obvio que mi madre invertía mejor su tiempo que yo antes de ir a dejarme a la escuela.
De eso hace muchísimos años y en la actualidad me convertí en uno de los peores hijos del mundo, al menos eso es lo que secretamente piensa mi mamá desde que me mudé de su casa, pues ahora para poder verme la cara la pobrecilla tiene que viajar dos horas y media a la ciudad de Campeche, en vez de que su pequeño retoño monte el culo en esos incomodísimos camiones de ADO para ir a visitarla a Mérida. Mi justificación a esto, aunque cruel, es sincera: “mamá, es mejor mientras menos nos veamos, así cada instante que pasemos juntos será invaluable”.
“Parezco Scarface”, me dice ella mostrándome con el dedo índice una casi imperceptible cicatriz entre ceja y ceja (ignoro si lo dice con el motivo de hacerme sentir culpable por no haber estado a su lado cuando salió proyectada por los aires en casa de una de sus amigas para aterrizar su vuelo con la frente en una pared). “Gracias al maquillaje casi ni se ve”, recompone su argumento con una sonrisa, adivinando mis pensamientos.
Como dije, mi madre es de esas señoras elegantes y copetudas que derrochan clase, la típica que aparenta ser insoportable pero al minuto de tratarla es imposible no amarla, y tengo que confesar que cada día me divierte más escucharle hablar, sobre todo cuando está de visita en su natal Campeche, aunque no estoy seguro si Campeche sea en realidad el lugar donde nació pues dependiendo el lugar donde se encuentre, sea Veracruz, Mérida, DF, Timbuctú o el Congo irremediablemente termina por afirmar ser oriunda de allí, y sus amistades terminan creyéndole. Mamá es dueña de un baúl de insospechadas anécdotas ocurridas en esta ciudad (Campeche) que pareciera ser infinito. Siempre tiene una nueva vieja historia que contar. Sobre todo las ocurridas en su desenfrenada juventud, donde irremediablemente terminan por hacer acto de presencia sus viejos amigos, esos que hoy día además de ser viejos (en el más estricto sentido de la palabra) son altos funcionarios públicos o poderosos empresarios, cosa que en México viene por añadidura una con la otra. Me divierte como cuenta las historias. Saca los dientes como un caballo, mueve rápido las manos y gesticula como si fuera una chiquilla traviesa de quince años. Algo de artista corre por sus venas. También me fascina el contenido de sus historias, porque mi madre es una gran y buena señora que lo relata todo con una catadura y una fineza que logra transportarte a los años sesentas como pocas. Si hubo drogas, dice que hubo drogas. Si hubo sexo, dice que hubo sexo. No omite nada siempre y cuando sean sus amigos los involucrados y no ella.
“El pastel de chocolote con marihuana no era para nosotros, se lo dábamos a comer a las señoras para ver que tal se ponían, a ver si dejaban de ser tan estiradas...”, nos explica a mi primo Pepe y a mí con ojos cómplices y traviesos. “Ah, y ay de ustedes que publiquen alguna de mis historias. Cuidadito mencionan algún nombre de los que les he dicho”, sentencia convirtiéndose por arte de magia en una señora regia e imponente, toda una dama, tal y como lo fue mi abuela.
Sí, mientras menos veo a mamá más la disfruto.

martes, 18 de septiembre de 2007

El maestro del terror

“NO HAY QUE TENER MIEDO DE LOS MUERTOS, SINO DE LOS VIVOS.”

Mi hermano mayor debió ser escritor. O productor de cine o guionista de series televisivas, o algo relacionado con el mundo del entretenimiento. Sin embargo decidió, mitad por voluntad propia y mitad por un derrame cerebral que mandó al otro barrio a papá, hacerse cargo del negocio familiar, para años más tarde entregarle un anillo de compromiso a su novia y pasar a formar parte de su muy bonita y no menos disfuncional familia. Viéndolo así, un hombre de treinta años que todas las mañanas se monta en una camioneta verde botella para ir a trabajar a su taller mecánico, ante la mirada de cualquiera pasaría por otro aburrido ciudadano laborioso sin nada que ofrecerle más que la oportunidad de poner a prueba su memoria recordando el número de teléfono que vio impreso en la parte trasera de la camioneta verde botella mientras esperaba que el semáforo cambiara de rojo a verde, ahora que, minutos más tarde y para su mala fortuna, su vehículo se ha descompuesto y necesita con desesperación un taller mecánico rápido, eficiente y a un precio irrisorio; y aquí, en vez de haber un punto y coma, hubiera aparecido un punto y final para dar por terminado el escrito de esta semana si la personalidad e imaginación de mi hermano mayor fueran en realidad las del dueño de taller mecánico, o si el arriba firmante fuera uno de esos famosos cerdos capitalistas de los que tanto hablan sus amigos, que abusa de sus files lectores y aprovecha este espacio para hacer publicidad escribiendo el celular y dirección del negocio de su querido hermano.
“Eres un marica”, me dice mi hermano amparado en sus entrenados nervios de acero mientras observa de reojo como oculto el rostro entre mis temblorosas manos para no presenciar cómo un muerto viviente, o Jason, o un muñeco de ventrílocuo poseso por Satanás descuartiza a otra tetona de curvas peligrosas y apetecibles. En resumidas cuentas, esa es la historia de mis visitas a Mérida: pasar largas horas frente a un televisor de cien mil pulgadas presenciando maratones televisivos al borde de la epilepsia y/o del infarto. Porque “Coco” (apodo que le endilgaron desde niño y ahora más que nunca le va como anillo al dedo, pues de colocarse una bolsa de papel estraza en la cabeza mataría de un infarto por igual a niños y adultos del vecindario) es un fanático de la televisión. Al menos así lo prueban las paredes de su sala que están tapizadas de DVDs con todas las temporadas de las series televisivas imaginadas, de la A a la Z: Arrested Development, Band of Brothers, Carnivale, Charmed, Desperate Housewives, Extras, Friends, Gantz, House M.D., Invasión Extraterrestre, Joan of Arcadia, King of Queens, Los Simpsons, Married with children, Nip/Tuck, The O.C., Prison Break, 30 Rock, Seinfeld, That 70’s Show, Ugly Betty, Veronica Mars, The Wonder Years, X-Files, Yes Dear; al igual que un incontable número de películas. Sin embargo, su colección más preciada es la de películas de terror, “su pequeño tesoro”, que resguarda en decenas de carpetas y observa con ojos igualitos a los de Gollum cuando miraba con oscuro deseo el anillo en el dedo chato de Frodo.
Su casa es el cine de terror más genial de la ciudad, al cual he cogido cariño, muy a pesar de que sólo asista para pegar de gritos que superan por mucho en sonoridad y terror a los de las victimas devoradas por criaturas demoníacas. Y si al principio de este escrito mencioné que mi hermano debió dedicarse al mundo del entretenimiento es porque su imaginación es infinitamente superior a la de cualquier escritor de espectáculos: “¿Te imaginas que los monstruos existieran en la vida real?”, me dice evadiendo la pregunta que le hice acerca de qué opinaba sobre la aprobación de los diputados al aumento del precio de la gasolina. “Pues que las mejores noticias estarían en la sección de Terror”, agrega al ver la cara de incredulidad que puse, y enseguida suelta una retahíla de encabezados de noticias de primera plana en la sección que acaba de inventarse:
“Banda de Hombres Lobo aterrorizan la colonia Prado Norte”.
“Decenas de atractivos adolescentes mueren mientras dormían: Freddy Krueger principal sospechoso”.
“Festín de cerebros en el zócalo capitalino el día del grito de independencia por ataque de zombis: el Presidente Calderón sigue ejerciendo su cargo a pesar de ser una de las victimas”.
“Matel retira del mercado muñecos defectuosos: llevaban incluida el alma de asesinos seriales”.
Fidel Velásquez, líder del PMV (Partido de Muertos Vivientes) exige ante tribunales tomar nuevamente las riendas del CTM (Confederación de Trabajadores de México)”.
“El pueblo exige al gobierno viviendas dignas: dos de cada tres casas del INFONAVIT vienen con al menos un alma en pena”.
“México líder en deforestación, tala de árboles y exportador de estacas a nivel mundial.”
No me cabe la menor duda que mi hermano cuenta con una de las mentes más imaginativas de este mundo, y que el escritor de la familia debió ser él y no yo, sin embargo creo que el mundo real todavía se mantiene como el lugar más terrorífico de todos, pues ni el monstruo más espeluznante de John Carpenter le gana en fealdad a Elba Esther Gordillo y ninguna película de Alfred Hitchcock o Sam Raimi nos paralizaría tanto el corazón como las leyes que aprueban todos los días nuestros brillantísimos políticos.

martes, 11 de septiembre de 2007

Carta al mejor escritor del mundo


“LA EMBRIAGUEZ DAÑA LA SALUD, DESORGANIZA LA MENTE Y CASTRA A LOS HOMBRES. REVELA SECRETOS, ES PENDENCIERA, LASCIVA, DESVERGONZADA, PELIGROSA Y ENLOQUECEDORA.”
- William Penn

Caramba, Pepito, qué te puedo decir. Tan formal que te veías en la mañana, con tus jeans y tu camiseta azul cielo bien planchada. Regio. Súper guapote. Tenías un aire a Juan Camilo Mouriño. Te presentaste solo. Me extendiste la mano firme y segura tal como la ofrece un candidato a la prole en campaña electoral. “Soy Pepe”, me dijiste. “Ah, que tal. Rodrigo”, respondí un poco intimidado por la mirada penetrante que me clavaste. Te digo, tenías el aire y la pinta de buen tipo, de esos que exageran sus maneras y formas para demostrar a los demás que se sienten seguros de sí mismos. “Finalmente nos conocemos”, agregaste sin dejar de mirarme a los ojos. “Sí, finalmente”, atiné a responder con timidez. Y es que así de inverosímil es la vida, Pepito; vivimos en una aldea donde todos nos conocemos aunque sea de vista y nosotros nos venimos a topar cara a cara en la ciudad de Tuxtla Gutiérrez, en el Primer Encuentro de Jóvenes Escritores del Sureste Mexicano, en el que, para serte sincero, me sorprendió verte. No me malinterpretes, no es que me molestara tu presencia en el evento, lo que pasa es que te hacía en encuentros internacionales organizados por Alfaguara o Planeta, además de que si nos ponemos un poquitín quisquillosos, de joven lo único que tienes es la camisita planchada, pero no hay que darle importancia a tales nimiedades, tú eres grande, Pepito, y mereces invitarte a cualquier evento donde no figure tu nombre en el programa.
Estaba nervioso, lo admito. Eso de los encuentros de escritores me sienta fatal. Siento que todos me escudriñan con la mirada. Como si me encontrara en las mutualistas que organizan las amigas de mi mamá donde cada que te levantas por el café o para ir al baño te despedazan a tus espaldas con mordaces y viperinos chismes. Tenía miedo, Pepito, mucho miedo. Quería ser tú. Tan seguro. Envidiaba tu trayectoria. Tus aires de gran escritor. Tu andar. Tu mandíbula protuberante. Tu forma de plantarte y sacar el pecho, gallardo como el Presidente Calderón cuando saluda al lábaro patrio. Tu forma tan osada pero a la vez sutil de enumerar todos los libros y los autores que te has leído, tantos que, tras sacar cuentas mentales, debo confesarte no me explico cómo te sobra tiempo para planchar tan lindamente tus camisetas azules. Pero sobre todo envidiaba tu retórica, esa forma de enumerar todos los atributos que te hacen único como escritor y que indudablemente te llevarán a inscribir tu nombre con letras doradas en las páginas de la Historia de la Literatura.
Inaugurado el evento, al llegar al hotel los organizadores nos agasajaron como todo escritor desea ser agasajado: con raudales de cerveza, vino y Comiteco, poderosísima bebida alcohólica local que algunos invitados rebajaron con cerveza para no vomitarse al probarla. Bebimos. Todos bebimos, unos más que otros, Pepito, ¿recuerdas? En lo personal, el momento más emotivo del encuentro me pareció esa misma noche, cuando te sentaste a un lado mío y no te me despegaste. ¡Qué honor! Estabas inspirado. No cabe duda que las musas se posaron sobre cada una de las incontables botellas de cerveza que ingeriste y sobre los cigarros que te fumaste en la clandestinidad, que te hicieron retornar a la mesa con renovados bríos y los ojos inyectados de sangre. No paraste de deslumbrarnos cuan larga fue la velada. Pum, pam. Disparabas frases, comentarios, citas, autores, reflexiones. Filosofía pura. Eras un monstruo. Imparable. Tan grande eras que te transformaste en juez y parte de la literatura, sobre todo cuando decidiste dar tu opinión sobre la vida y obra del genial escritor campechano Eduardo Huchín. “Una lástima que no esté Eduardo aquí”, dijiste. “Sí, ¿verdad? Es buenísimo”, apunté, orgulloso de mi amigo. “¡Qué va!”, refunfuñaste, y acto seguido, soltaste una retahíla de lindezas sobre Eduardo. “Debe reconocer sus orígenes, debe reconocerlos...”, repetías una y otra vez como si fueras un disco rayado. A decir verdad, nadie entendía a qué rayos te referías con eso de los orígenes, pero todos hicimos como que te entendíamos de maravilla. Sin embargo, para que nos quedara bien claro tu punto, arremetiste diciendo que Eduardo no merecía ninguna beca porque era un escritor mediocre, además de un desgraciado. Te veías furioso. Intenté calmarte, pero mis intentos fueron inútiles y una vena palpitante surcó tu cráneo enrojecido al tiempo que me decías que yo era un sirviente de Eduardo, que debería ponerle velas a su estatua y adorarlo. “No es para tanto, Pepito”, dije intentando calmarte, pero todo esfuerzo estaba de más. La suerte estaba echada. Tu cólera era como una pequeña bola de nieva que va incrementando su fuerza y tamaño conforme avanza por la pendiente de una montaña. Nos confesaste que tenías conversaciones grabadas donde Eduardo te difamaba una y otra vez, y para rematar me miraste con una mirada grave y tenebrosa y, después de una pausa interminable, me dijiste: “Tengo también intervenido tu celular”. Caramba, Pepito. Ahí sí que me asustaste. “¿Cómo podías tener intervenido mi celular? ¿Acaso trabajas para el gobierno?”, pensé, y antes de que pudiera preguntártelo, respondiste: “No me conoces, soy burócrata”, sin apartar tu virulenta mirada de mi rostro. De ahí que, sin que nadie te lo preguntara y sólo para que quedara claro que eres una persona de completo éxito, nos dijiste que ganabas más de veinte mil pesos al mes asesorando al PAN y al PRI, y que no tenías ninguna necesidad de ir a mendigar becas a la capital como el pobre diablo de Eduardo, quien es el vivo retrato del pueblerino que añora salir de su aldea. “Pero si Eduardo no se cansa de escribir sobre Campeche”, te dije. Y no debí decirlo porque al instante me relataste toda la historia de la beca Fundación de Letras Mexicanas que había solicitado Eduardo, donde detallabas con pelos y señales que Octavio Paz le había dado el culo al entonces Presidente de México Ernesto Zedillo, para así poder abrir esa fundación de burgueses de la gran mierda (historia que, para serte franco, no me parece del todo verosímil; uno pensaría que el Presidente de México tiene acceso a carnes más apetitosas que las de un anciano de ochenta años, pero si lo dices tú, que estás tan metido en el medio político, probablemente sea cierto); en fin, detalles que todos ignorábamos y te agradecemos al alma habernos revelado, tú, que lo sabes todo. Tanto sabes que no tuviste reparo en contarnos de todas las becas que te han otorgado, para luego decirme que yo no tenía nada que hacer en el encuentro de jóvenes escritores, pues no soy más que un vil periodista. “Pepito, favor que me haces, te juro que yo no soy periodista”, te dije. “Exacto, no eres nadie, yo sí que soy periodista”, dijiste, y te soltaste con otra interesantísima letanía donde prometiste darme consejos en la materia. Después, en otro arrebato de lucidez, te me quedaste mirando con esa mirada de gran intelectual que esconde perfecto los estragos del alcohol y otras substancias, para decir que te encargarías de que ningún medio de comunicación me publicara jamás. “Es más, ni tengo que hacer nada porque nadie te publica, nadie”, agregaste con una mueca burlona y orgullosa. Caramba, Pepito, ahí si que me dejaste helado. Yo que todo este tiempo había pensado que eras mi amigo. Tú, que sin conocernos te descosías en halagos en los correos electrónicos que me enviabas cada semana, e incluso me invitaste a la presentación de tu Best-Seller en una cafetería de la ciudad, a la que no pude asistir porque ya me conoces, la novela de las ocho no me la pierdo por nada de este mundo. En fin, pero de eso ya no te acordabas, y no te culpo. A los genios no hay que recordarles el pasado, además de que el nuevo blanco de tu ira ya no era yo, lo cual confieso me entristeció sobremanera. “Mira Marco, yo me voy a encargar que Seix Barral jamás te publique”, le dijiste al pobre Tryno, que ni vela tenía en el entierro. “Ya me oíste, Marco”, sentenciaste. Y Tryno, no porque la editorial Planeta haya publicado su novela “Viena Roja”, misma que puedes encontrar en todos los Sanborn’s del país, iba a contradecirte, e incluso reconoció que eres el escritor más aventajado de Hispanoamérica, por no decir que del mundo, y sólo por eso permitió que lo llamaras Marco durante toda la noche, al igual que de buen modo recibió cada una de tus amenazas, pues él sabe que así es el medio, hay que aceptar las criticas constructivas de los escritores de verdad. Te admiro, no sabes cuanto. Qué coraje el tuyo para sacar todo lo que sientes. Lo mejor fue cuando la mayoría de los invitados nos fuimos a dormir, y Tryno, el muy cabrón, le puso seguro a su habitación, o mejor dicho, a la habitación que para su buena fortuna le tocó compartir contigo. Sí, Pepito, el crimen confesado está: en la madrugada no pudiste abrir la puerta de tu habitación porque Marco, perdón, Tryno, le metió llave a la puerta porque tenía la loca y disparatada idea de que entrarías a sorrajarle la cabeza de un botellazo mientras dormía. ¿No es una locura? Es mi culpa, Pepito, más que justificado estás cuando en tu desesperación por no dormir en el piso como un perro partiste una botella por la mitad y, empuñándola, amenazaste con abrirle la garganta al insolente chico de la recepción que se negaba a darte por las buenas el duplicado de la llave. Entraste a la habitación y como era de esperarse, encendiste las luces y te pusiste a fumar como un chacuaco. Tryno, que es un gran admirador tuyo, te dejó el cuarto para que durmieras a tus anchas; no vayas a creer que se fue porque temía por su vida. Fue por ello que mi paisano Pech, que iba en representación del Estado de Oaxaca, fue gustoso a hacerte compañía; lástima que lo hayas ignorado por completo y optado por encerrarte en el baño, donde pasaste en vela la madrugada gimoteando sin parar. Sí, Pepito, no tienes nada de que avergonzarte: sollozaste como la gran actriz que eres. “¡Mis amigos! ¿Dónde están mis amigos?”, te lamentabas, ahogado en un amargo mar de lágrimas. El sol despuntó por el cristal que rompiste en medio de tus llantos y con él recogiste tus cosas y te marchaste. Una lástima que te fueras, Pepito. Todos éramos amigos. Nos privaste de tu grata presencia el resto de la semana, pero no te voy a reprochar nada, que aunque quisiera no podría, porque cuando llegó nuevamente la noche todo nos quedó claro. No sabes cuánta emoción sentimos cada uno de los invitados al evento cuando llegó tu mensaje al celular de los organizadores, donde anunciabas que te acababan de informar que el 12 de Septiembre te entregarían el Premio Internacional Quetzaltenango de Guatemala. Uy, Pepito, hubieras visto la conmoción. Las fanfarrias que te echamos. Ahora mismo me tiemblan las manos y se me escurren las lágrimas por las mejillas de sólo recordarlo. Yo lo sabía. Todos los sabíamos: eres grande. Por eso es que te he escrito esta brevísima pero sincera carta. Para felicitarte, Pepito; para hacer de tu conocimiento que te admiro y que algún día quisiera ser como tú, aunque sé que me falta muchísimo y que al final no llegaré a ser ni la milésima parte de lo que eres.


LA SAGA CONTINÚA: Las aventuras de este desagradable borracho también están siendo relatadas en el blog de Wilberth. Léelo, vale la pena.

El suceso también es comentado por Joaquín Peón en su artículo La congregación del ego, en Ignorante Ilustrado, de Alejandro Aldana:
1) Nunca será buena idea juntar a más de cinco escritores en un espacio reducido. Los egos no caben. Se salen por las ventanas, rompen los cristales. Hubo varias pruebas a lo largo del viaje, pero no vale la pena ahondar en ello. Aunque sí mencionar el caso de cierto poeta perdido en su prepotencia, que nos dio de qué hablar durante toda la semana. Me abstendré de dar nombres porque me interesa denunciar el crimen, no al criminal. El fulano destrozó el primer día, en un sólo berrinche, ventanas y botellas. Al día siguiente no tuvo la humildad para pedir perdón. Por el contrario, amenazó con no volver a ningún encuentro. ¿Qué haremos sin él, sin el más grande de los egos, sin su coqueteo de putilla, sin su poesía insípida?
Como verán, nuestro amigo p no está equivocado al decir lo siguiente en los comentarios:
(Pepe Landa) ...al parecer fue la Britney Spears del encuentro de escritores: aunque nada más fue a hacer el ridículo, todos terminaron hablando de él. Es el hombre espectáculo del momento.

miércoles, 18 de julio de 2007

Alguien nos invita a su fiesta...



No es crueldad, simplemente nos complace el hecho de que se esté haciendo justicia. Esperemos que, en efecto, se haga justicia.

sábado, 14 de julio de 2007

Y sin embargo hay que ser la piedrita en el zapato de los imbéciles




“EL MUNDO NO ES PEOR QUE ANTES, SOLAMENTE QUE VAMOS MUCHO MÁS DE PRISA HACIA EL FINAL. EL FINAL QUE LLAGARÁ, POR SUPUESTO.”



- Arturo Pérez-Reverte




Hoy día nadie lee el periódico, y maldita la falta que hace que lo hagan. Sobre todo la juventud, esos animalitos que andan por la vida más preocupados por que sus cabellos e indumentaria luzcan iguales al de los niños y niñas bonitas de Hollywood que aparecen retratados en revistas de vanidad y cotilleo antes de leer que en la primera plana de los periódicos han publicado –ya era hora que lo hicieran- en letras bien grandotas: “Se ensaña la pobreza. El 50% de los mexicanos vive con sólo 45 pesos diarios”.



Al grano. En la carta que me escribes dices que eres israelí, que eres mujer, que tienes quince años y que vives en México. En ese instante, no pude más que detener la lectura, mirar hacia el techo y pensar, mierda, ojalá y esta niña tenga por lo menos un buen par de tetas, un culo de campeonato, y de ser posible, que no haya leído un solo libro en su vida, así, al menos la balanza no estará tan pesada en su contra, e incluso hasta podría experimentar lo que es la felicidad. Pero qué va, al retomar la lectura de tu carta, a un kilómetro de distancia pude ver que aún teniendo las tetas y el culo de Pamela Anderson jamás sacarías partido de ellas. Me cuentas que quieres ser escritora. Escribir en los periódicos todas esas ideas que se aglutinan en tu mente y te quitan el sueño. Escribir sobre las injusticias y corruptelas que los políticos y las altas esferas cometen a vista y paciencia de todos. Anhelas escribir para poder cambiar la mentalidad de la gente que piensa, actúa y cree que no es necesario concienciar a nadie porque todos son malos y no vale la pena desgastarse en luchar una guerra perdida. Por eso me has escrito, para que te aconseje cómo ordenar tantas ideas en una hoja de papel y publicarlas en los periódicos.



Voy a serte franco, no creo ser la persona idónea para aconsejarte nada en lo que me pides ayuda. Sin embargo, admito que me agradas. Me llena de alegría encontrar a alguien que a pesar de ser tan joven tenga los ojos abiertos y quiera tanto a mi país como si fuera suyo. Que le indigne ver tanta corrupción y observar con tristeza como las personas más nobles terminan vendiéndose o arrojando la toalla porque esta nación de besaculos ya no tiene salvación. Alguien que a pesar de ser extranjera –para mi no lo eres en absoluto- ha digerido con velocidad asombrosa la idiosincrasia del mexicano y se atreve a definirlo con ese adjetivo que no se encuentra en ningún diccionario Larousse y menos en la Real Academia Española, pero que debiera estar allí impreso: valemadrista: 1. adj. Natural de México. U. t. c. s. / 2. adj. Perteneciente o relativo al país de ese nombre. Te repito, acudiste a la persona equivocada. Si me publican cada semana es por obra y gracia divina de algún Santo que nunca canonizó el Vaticano o porque al padre de un ex alumno de la universidad que para mi buena fortuna dirige un periódico local se le zafó un tornillo. La mayoría de los periódicos no son más que el reflejo de la opinión mayoritaria de la sociedad, que sólo quiere leer lo que le conviene. Cuando crees tropezarte con un excelente encabezado de primera plana como el que te mencioné al principio de este escrito, resulta que quienes condenan la pobreza son ni más ni menos que los obispos de la honorabilísima Iglesia Católica, esos bondadosos pastores de las ovejas pobres que rematan la nota diciendo que todo este asunto de la pobreza es un pecado social y un abuso ante Dios, cuando son ellos los que han lucrado a lo largo de la historia con el hambre y la pobreza del hombre; por eso hay que tener huevos y una cara muy dura para decir lo que dicen y que además te lo publiquen.



No me resta más por decirte -te prometo que con esto concluyo-, que reproducir un fragmento de la entrevista que sostuvo el periodista Jesús Quintero con el escritor Arturo Pérez-Reverte en el programa “Ratones coloraos”. Jesús le preguntó a Arturo: <<¿Usted sabe lo que está pasando en el mundo?>> Y Arturo respondió: <>. Creo que eso te puede servir mucho más que mil de mis palabras. Darte por enterada con lo que pasa allí afuera. Garantizar tu libertad muy a pesar de que el mundo sea una gran mierda gracias a la sobrepoblación de personas sin escrúpulos, que necias y cegadas por sus propios intereses, marchan condenándonos a todos derechito y sin escala rumbo al carajo. Por eso y a pesar de todo ello hay que ser una persona decente, ser la piedrita en el zapato de los imbéciles para que al menos lleguen con retraso y con una enorme y sangrante ampolla al Infierno, los muy hijos de puta.


A María




“QUE NO TE COMPREN POR MENOS DE NADA,
QUE NO TE VENDAN AMOR SIN ESPINAS,
QUE NO TE DUERMAN CON CUENTOS DE HADAS,
QUE NO TE CIERREN EL BAR DE LA ESQUINA.”



- Joaquín Sabina




Querida María:



Tú no me conoces y dudo que llegues a conocerme. Incluso puedo apostar a que estas letras jamás llegarán a tus ojos. Sin embargo, las escribo y te las dedico. A tal grado de terquedad e ingenuidad podemos llegar los escritores, esos bichos raros que en tu país y en el mío nadie se toma en serio, y cuando se les toma en serio por lo general aparecen flotando a la orilla de un río. Pero no he venido a hablarte de los escritores, si no de ti. De la inocente niña de 9 años que eres ahora y de la cotizada adolescente que serás cuando todo esto acabe, con los dientes de leche transformados en colmillos lobunos bien largos y bien retorcidos.



Te escribo porque creo que eres un rayo de esperanza en este país miserable en el que nos tocó vivir. Una personita pura que pronto mutará, y de ti dependerá si para bien o para mal. Por lo pronto, esta mañana estuviste muy elegante, contenta y orgullosa agitando tu manita derecha por todo lo alto mientras miles de personas vitoreaban a tu papá, que al igual que tú, elegante, sonreía y mecía por todo lo alto su mano derecha. A tu lado, como una gran familia feliz, estuvieron tus dos pequeños hermanitos de 6 y 3 años que difícilmente comprendían lo que ocurría a su alrededor, muy a pesar de que Felipito intentaba imitar a tu mamá en eso de sonreír y agitar la mano en signo de agradecimiento a tantas alabanzas y elogios.



María, me encantaría poder decirte que cada uno de esos gritos que escuchaste esta mañana eran verdaderos, pero la realidad de las cosas es que eran tan falsos como la mayoría de los héroes que construyeron nuestra patria; alabanzas tramposas y mentirosas que permanecerán allí, taladrando, aturdiendo y embriagando cada uno de tus sentidos durante seis largos años hasta hacerte creer con fe ciega que todo México es igualito a los verdes y enormes jardines de tu nueva y gigantesca casa. Sé que eres una niña, pero también sé que no eres tonta, porque al igual que tú un día tuve nueve años de edad y lo recuerdo con una claridad que a veces me espanta. Por eso te escribo. Porque creo en ti, porque eres los ojos de papá y en tus manos está hacerle ver a ese señor que te arropa todas las noches que tú eres México, y como te trate a ti debe tratar a cada una de las personas de este país.



Te decía, los escritores muchas veces somos ingenuos, pero no siempre. Sé que tu papá velará por tus intereses y los suyos, y no por el de todos los demás, porque así es la vida y así se ha construido el país que compartimos, y así se seguirá construyendo hasta el final de los tiempos. Es por eso querida María que te sugiero que cada mañana tomes de la mano a tu papá y lo sigas a donde él vaya. Hasta el último rincón de México. Que México sea tu profesor. Que México en su majestuosa hermosura pero también en su despiadada crudeza te abra los ojos para que pronto dejes de ser una niña. Y cuando llegue la noche y papá te arrope entre las sábanas y te de el beso de las buenas noches y te diga que sueñes con los angelitos, lo mires fijamente a los cuatro ojos y le preguntes por qué en México existe tanta desigualdad. Por qué en México existen unos hombres escondidos en la selva con los rostros ocultos en pasamontañas y con las manos cargadas de ametralladoras. Por qué en México el narcotráfico asesina a más de 2000 personas al año. Por qué en México todos los días sale la gente a las calles a manifestarse en contra del gobierno. Por qué en México la mitad de la población vive en la pobreza. Por qué en México la gente no lee ni siquiera un libro al año. Por qué México siendo tan rico es tan pobre y por qué siendo tan pobre un solo hombre es el tercer hombre más rico de todo el mundo. Por qué en México los políticos se comportan en el Congreso y en el Senado como un montón de niños encerrados en una guardería. Por qué en México la cultura y la educación son ignoradas como si fueran un perro callejero y sarnoso. Papi, por qué en México todos somos unos hijos de la gran puta.

Consejo para graduarte (en la vida moderna)



“INTENTA NO VOLVERTE UN HOMBRE DE ÉXITO,
SINO VOLVERTE UN HOMBRE DE VALOR.”




- Albert Einstein





Cuando me pediste que fuera a tu graduación de la preparatoria me dije “ni manera”, y no es porque no tuviera ganas de darle un beso a mamá y verte tan bonita como eres, con tu vestido de noche y esas tetas que no veo la maldita hora de que dejen de crecer. La verdad de las cosas es que no sabes el trabajo que me costó tomar la decisión entre dejarte vestida, tetuda y alborotada, o inventarte una de esas conmovedoras excusas tan fantásticas que se me ocurren, pero como los golpecitos de la vida te han dado requeteduro y ya no te tragas nada, y menos mis cuentos chinos, me armé de valor y le dije a la bigotuda de la ventanilla del ADO que me diera un boleto para Mérida. Dos horas y media después de viaje infernal me tenías en la misa de graduación junto a tu otro hermano, ese grandísimo sinvergüenza que cuando le miraste desde las primeras filas, te hizo desde la gayola unos cuernos con los dedos índices de las manos al tiempo que sacó la lengua como Gene Simmons, clarificando que el señor que oficiaba la misa era el mismísimo Satanás.



Y ahí tienes la verdad y el motivo del por el que estuve a punto de dejarte huérfana de al menos un hermano, pues en la misma escuela donde te gradúas, en la misma mansióniglesia donde se oficia la misa, y con el mismo director general que da su discursillo de “ciao, que les vaya bonito en la perra vida real, que ya los tuvimos aquí demasiados semestres engañándoles con cuentos de hadas y cristos milagreros”, todas esas felices coincidencias que menciono, me pasaron a mí hace exactamente ocho años. Por eso al cabrón ateo de tu hermano mayor le debieran decir que no joda, que en la casa de Cristo en taparrabos no se le ofende de tan gacha manera al Señor de las Tinieblas, comparándole con el señor de bata brillante al que llamas tu director, y que fue el mío hace casi una década.



Sospecho que no paraste la zorra oreja, y no te culpo. Yo tampoco la paré cuando estuve en tu lugar, porque cuando estás a las puertas de la adultez y se materializa la pesadilla de ver qué carajos vas a hacer con tu vida, nimiedades como un demagógico discurso pasan a segundo plano. Pues bien, aquí tu hermanito de en medio sí que paró la oreja pese a haber pasado la misa cuan larga fue dedicado al arte de desnudar con el pensamiento a cada una de las niñas que la verdad sea dicha ya estaban pecando desde el instante en que pusieron pie, teta y culo dentro de la iglesia.



Déjame contarte el discurso de tu director general, el ex padre, ahora monseñor, obispo, o cual sea el cargo al que haya ascendido la iglesia católica romana a ese gángster que es Álvaro García. Arrancó diciendo –al igual que en el discurso de mi graduación- que tu escuela fue construida gracias a él y al patronato, ese selecto grupo conformado por Mario Erosa, David Abraham, y sus esposas –porque así les llama, sus esposas-, y aquí fue cuando la cosa se puso fea, porque al gángster García olvidó mencionar a un señor, de nombre al parecer bastante confuso y olvidable que murió de un derrame cerebral hace unos cuantos años. Es ahora cuando debo revelarte una ley de la vida, querida hermana: cuando llega la hora de ser almuerzo de gusanos o cenizas encerradas en una puta cripta sin vista al mar, ya ni quien se acuerde de tu nombre, y ni qué decir de todas las putas obras que hiciste cuando tu corazón aún latía, como mandar trascavos para construir canchas de fútbol, emparejar el terreno empedrado para hacer un estacionamiento y todas esas demás cosas que mejor entienden los buenos ingenieros, de las que la verdad yo no tengo puta idea e igual estoy escribiendo disparate y medio al aventurarme a mencionar todo eso que aportó sin cobrar un sólo peso el tipo del derrame cerebral a esa escuela construida con tanto esfuerzo, como dijo el gángster García, quien con el mínimo esfuerzo pudo olvidar el nombre del esposo de esa maravillosa mujer del jet set que es nuestra madre, que gritaba desde su banca, José Luis, se llama José Luis, para hacerle recordar a monseñor García el tercer nombre de los fundadores de tu escuela.



Permíteme contarte una breve historia que igual y ya conoces:



Un día hace muchos años, el olvidado José Luis Solís me contó en una cantina, al calor y valor que sólo ofrecen las cervezas, que la buena de su esposa Monona se le plantó al mismísimo Padre Benito –director de los Legionarios de Cristo-, cantándole de corridito su puta suerte con toda la frialdad y buenas maneras que puede cargar una como era su mujer; dijo que se le enchinaba la piel de sólo recordarlo como se me enchinó a mí al ver los ojos de papá, la emoción con que relataba e imitaba la cara de espanto del gángster Benito al descubrir las pelotas que tenía esa señora fresa a la hora de proteger a sus hijos, porque así como lo ves, cuando estudiamos con los Legionarios de Cristo monseñor Benito se atrevió a amenazar -como sólo sabe hacerlo la mafia de Roma- con hacernos quién sabe que lindura si nuestros progenitores y los progenitores de mi buen amigo Mario Erosa y tu buen amigo Davidcito Abraham seguían metiendo las narices en las cuentas de esa escuela que robó a manos llenas las colegiaturas que cobraban en dólares mientras las paredes se nos venían abajo.



Así es que cómo pretenden que no te dedique estas letras cuando escucho al gángster García que dice que el Instituto Patria se construyó con amor y con esfuerzo, cuando en realidad se construyó con los huevos que tuvieron Effy Farah, Susana Aguilar y Monona, esas mujeres que inspiraron a sus esposos a crear una escuela digna para que sus retoños recibieran la mejor educación del puñetero Estado, cosa que hubieran logrado de no haberse asociado con otro gángster.



Y si tu madre cree que ya no la quiero por lo que estoy escribiendo está muy equivocada, es sólo que me parece inconcebible que al término de la misa se abrace y se saque la foto con una sonrisa Colgate abrazada del gángster García, y todavía me venga a decir que lo vaya a saludar. Pues no, por los huevos de mamá que no vuelvo a saludar a ese hijo de perra –y me perdonarán las perras- que no recuerda el nombre del hombre que se sacó la lotería de casarse con ella.



Como verás, querida hermana, este escrito que te he dedicado con seguridad será el terror de mamá, que buscará por todos los medios que no se publique, y te voy a decir por qué: por miedo a que el gángster de tentáculos largos como su podrida conciencia tome represalias en mi contra o en contra de nuestros parientes que estudian en el Instituto Patria. O peor aún, dirá que soy un malagradecido por no ver todo lo bonito que dijo el gángster García en cuanto a lo que se ha convertido la escuela. Pues no señor, porque yo y los de mi generación estudiamos bajo el ruido de trascavos, albañiles y dinamitas durante muchos años y hasta que nos graduamos; trascabos, albañiles y dinamitas que los del patronato donaron para que un día los de tu generación recogieran los frutos de estudiar en una escuela digna. Mismo patronato que debiera amarrarse los huevos como lo hizo frente a los Legionarios de Cristo y sacar a patadas al gángster García y a toda esa bola de mafiosos que lucran en nombre de Cristo en taparrabos, y borrar de una puta vez la maldita cruz del escudo del Instituto, volviendo laica la educación y dejando de poner a dar clases de Ética, Moral y Lógica a padrecitos que sólo confunden y envenenan la mente de los jóvenes, porque si te contara la historia completa del Instituto Patria me tomaría muchas páginas –que algún día escribiré-, y te haría vomitar de paso. Igual y te cuento cómo la mafia de padrecitos presionó al patronato para despedir al mejor profesor que he tenido en la vida, ése al que acusaron de acosar sexualmente a un alumno y lo corrieron como a un perro, sin haber siquiera escuchado el testimonio de cualquiera de mi generación, que sin duda hubiera dicho que el tipo era más profesional que un asesino a sueldo, y que si le daba por ser un maricón chupapitos o si se la metían por atrás o él era quien se la metía a otro por detrás, qué carajos importaba, porque el presunto homosexual tenía una fe y un respeto por la educación y por Dios que ya la quisieran los mafiosos adoradores de la cruz y del dinero. Y ya encarrilada la mula, quisiera hondar unas líneas en los discursos de tu director Manuel Vázquez Gallareta y de tu maestro Renato, que lejos de hablar de cifras y de millones de pesos como monseñor García, ellos, hombres cultos y respetuosos de sus alumnos, de esos que darían la vida por ti y por mi, dijeron que ustedes -la puta generación de jóvenes que no valora nada- son como sus hijos. Profesores de verdad como ellos se la juegan por cada uno de sus alumnos día a día, y cuando te abren su corazón te lo abren de verdad, importándoles un carajo los millones invertidos, y uno termina por soltar una lágrima al escucharlos. Así de sensible puede ponerse uno cuando hablan hombres de verdad.



Por eso de consejo de graduación sólo puedo decirte que la llave para tener éxito y ser un ganador en la vida moderna, es poner una sonrisa boba, morderte un ovario y la mitad del otro y sacarte la foto con sacerdotes obesos, con hijos de políticos sinvergüenzas, con juniors empresarios que venderían a sus madres a cambio de utilidades en la bolsa de valores, y con el resto de esa escoria que mueve al mundo, y cuando digan cheese, saca bien grandotes los dientes y diles al oído a esas hijos de perra: “hello, que cool es el mundo, cute”.