lunes, 15 de septiembre de 2008

Alguien ya no volverá a hacer cosas divertidas


Fallece el novelista David Foster Wallace

NUEVA YORK.- Ensayista, cuentista, novelista... David Foster Wallace, uno de los principales representantes de la nueva generación de narradores estadounidenses (la llamada Next Generation), ha fallecido este viernes a los 46 años. Aparentemente se trató de un suicidio.
El irreverente escritor saltó a la fama en 1996 con la publicación de su magna novela 'La broma infinita' (nada menos que mil páginas). La crítica estadounidense convirtió aquella obra —ambientada en un futuro donde las grandes corporaciones patrocinaban y daban nombre a los años— y, por ende, a su autor en un icono de la posmodernidad.
La novela, que transcurre en un centro de rehabilitación para adicción a las drogas y en una academia de tenis de elite, ganó la aclamación de Time, que la consideró una de las 100 mejores novelas publicadas en inglés desde 1923 por sus "diálogos dolorosamente divertidos y las (...) consideraciones y especulaciones de Wallace sobre la adicción, entretenimiento, arte, vida y, por supuesto, tenis".
Actualmente, el escritor impartía talleres de literatura en el Pomona College, cerca de la su hogar en Claremont, California. Según el departamento de policía de la localidad, la esposa de Wallace los llamó el viernes por la noche, diciendo que al regresar a su casa había encontrado a su esposo ahorcado.
Durante este año, el escritor había cubierto la campaña del candidato republicano a la presidencia de EEUU, John McCain, para la revista Rolling Stone. Las obras cortas de este atípico escritor también se habían publicado en todo tipo de revistas, desde clásicos como 'The New Yorker' a 'Harper's Bazaar' y 'Playboy'.
A nuestro país, habían llegado algunos de estos exquisitos escritos con la publicación de 'La niña del pelo raro' (una compilación de relatos), 'Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer' (definida como ensayos y opiniones) y 'Entrevistas breves con hombres repulsivos' (también, opiniones).
Foster Wallace utilizaba tanto en estos relatos y 'ensayos' (en realidad, opiniones a caballo entre la reflexión y la ficción) como en sus novelas la misma prosa inteligente, ácida e innovadora a la que recurría para diseccionar la sociedad posmoderna.
Todos compartían ingeniosas reflexiones sobre la sociedad estadounidense actual (ya fuesen sobre la política, un simple partido de tenis o la televisión) y por ellos desfilaban personajes poseídos por todo tipo de miserias contemporáneas.


Qué les puedo decir salvo que era un chingón. John Krasinski (el Jim de The Office) estaba dirigiendo una adaptación de un libro de Wallace: Entrevistas breves con hombres repulsivos. Ojalá y las editoriales en español reediten La broma infinita y Algo supuestamente divertido que no volveré a hacer (la edición completa de ensayos, pues hace algunos años sólo editaron el ensayo que da título al libro). Si alguien quiere conocerlo que le eche un ojo a cuentos como "La niña del pelo raro" o "Lyndon".

4 comentarios:

Anónimo dijo...

que dios lo tenga en su santa gloria!!!
probablemente ni siquiera este en el cielo (que hueva) pero se le desea lo mejor
tengo la teoria de que la gente mas chingona siempre tiene que morir joven y de forma tragica como para cerrar con broche de oro sus chingonas vidas.
aun asi es una lastima!!

JM. Garcíamagaña dijo...

verga
Entonces todos los "pildoritos" moriremos jovenes...

Rodrigo Solís dijo...

Excepto yo, que moriré viejo, calvo, feo y sin talento. Y virgen. O sea, todo lo contrario de los chingones.

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