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jueves, 2 de abril de 2009

Radiohead: La última parada.



Esta última parte es la última vomitada sobre el viaje. Una disculpa para aquellos que están hasta la madre de estas bíblicas partes, y más aún, a aquellos con que me tardé en darles mi versión. Sé que ya pasó el tiempo, pero la memoria y los recuerdos no perdonan. Se añejan. Que el Scholl sea el verdugo de esta gran aventura.


Se lo dedico a todos aquellos que me acompañaron en esta travesía. A todos esos amigos que fueron por su cuenta, pero que la amistad convirtió este viaje en algo superior. Radiohead fue el pretexto perfecto para “vivir” por tres días.


Dedicado a Flor, Eduardo, Fernando Manzanilla, Fernando Cab, Gaby, Diego, mi hermano Erick, Laura y a Mussgo que nos hizo el viaje más divertido que hayamos podido tener.


*Los videos son cortesía de Diego. Así que cuando escuchen que alguien canta, no crean que soy yo.


Inmerse, your soul in love…



Tanta espera, tantos años de estar deseando este momento y me tocó lejos. Yo los quería cerca, lo más cerca posible. Quería que estuvieran tan cerca como lo estuvieron en aquellos tiempos, en que su música me acompañó en esos momentos tan difíciles en donde las cosas se distorsionaron. Porque cuando uno va a un concierto de su grupo favorito no va solo, sino que lleva una maleta enorme, llena de fotografías, de videotapes para compartirlo con los artistas. Y uno va para comunicárselos, para gritárselos, como si fuera el himno de tu vida. Esa es la mejor forma de agradecérselo. Porque ese es el momento en donde la música deja su carácter de esparcimiento y de cultura para alojarse en el cuerpo, allí, allí, tan cerca del estómago, tan cerca del diafragma, tan cerca de los pulmones, tan cerca del corazón.


Tanto tiempo esperado, anhelando que esa Inglaterra, que ese Oxford se nos hiciera tan cercano y, paradójicamente, con mi boleto VIP, me tocaba lejos. Estaba lo más cerca que los he tenido, pero no los podía ver. Llegué a sentir que aunque supiera que están ahí, no significaba que estuvieran ahí. Eso me molesto mucho. Estaba lejos, y no verlos me hacía pensar que era como si escuchara un disco en un estadio grande. Podría escucharlos pero era lo mismo que en los cientos de archivos bajados en vivo. Quería verlos. Era como si al conseguir verlos pudiera tocarlos con la mirada, y ellos, al sentir esa mano invisible, supieran que un extraño, un turista los estaba tocando, y yo, sabiéndome ese turista, estaría satisfecho. Estaba molesto.




Pero pensé, “no seas tonto. A veces te molestas tanto que te quemas. Es un concierto de Radiohead. Deja a un lado esa molestia y sumérgete en lo que será, uno de los momentos más grandes de tu vida” pero por más que me esforzaba, no podía quitarme esa molestia. Necesitaba estar allá abajo para poder vivirlo completo. Me sentía como aquel hambriento que se tiene que conformar con la galleta que le dio un niño. ¡Por dios, qué me pasa! Está viniendo la decepción. Eso es lo que pasaba. Me sentía como un bicho aplastado en el piso. Qué podía hacer.



“¿Y estos son los VIP?” me dijo Fernando, y no pude aguantar mi mueca de decepción. Qué me pasa. Por un momento me sentí sin vida. Por un minuto me sentí desaparecer. Porqué estoy así. Tan severo fui que Kraftwerk me importó un carajo. Aunque posaba mis ojos en ese escenario, mi mente estaba llena de humo. Tenía qué hacer algo. No podía quedarme sin poder hacer nada. Mi cuerpo, todo yo pedía a gritos estar ahí abajo. Podía vender mi boleto, y después pagar a un revendedor por esa área. Pero no tenía dinero. Podría estafarlo, darle mi celular, el resto de mi dinero, mis zapatos, mi ropa si fuera posible para poder conseguir ese lugar. Pero era improbable que aceptara. Ví la altura entre las gradas donde esta y el piso. ¡Eureka! Me podía bajar poco a poco y llegar abajo. Pero aún tenía que sortear una valla protegida por guardias, y cuando me vieran los otros que compraron en esa área, me delatarían o hasta me detendrían a golpes. Entonces tendría que bajar cuando las luces se apagaran, amagar la seguridad de mi misma área, dejarme caer, pasar por las vallas, mientras todos están extasiados de recibir a Radiohead, y llegar hasta aquel lugar. ¡Por dios, Wil, te irás al infierno por lo que tu sucia mente está pensando! Me dije, y pues caía en cuenta el riesgo que estaba corriendo, pues si alguien me viera, si alguien se dignaba a delatarme, no sólo me perdería de ver a Radiohead, sino hasta de escucharlo. Así que no insistí.



“No quisieras estar ahí—señalando su amigo de Fernando, el área abajo del escenario, el mismo que nos consiguió la zona VIP,—ayer estuve formado desde las 2 de la tarde y era una empujadera terrible. Era un infierno. Es mejor estar aquí, con tus chelitas a toda madre, sin empujones, sin apachurramientos. Te juro que me iba a desmayar” ajá, pensé, pero te apuesto que no olvidarás ese momento, puesto que ya lo viviste. Lo recordarás toda tu vida. En cambio yo, no tengo la opción de escoger. Daría un brazo por estar ahí, por estar en el “apachurramiento”. Te apuesto lo que quieras a que cuando salió Radiohead se te olvidó que te dolían los pies, o que te pisoteaban. No me vengas con eso, no seas condescendiente. Pero después me retracté en mi mente. En qué clase de persona me estaba convirtiendo. Jamás sería así. Me disculpé mentalmente. Y alejé im rostro hacia el escenario.



Pinche concierto, está de la verga. “¿Acompáñame a comprar algo de comer?”le dije a Fernando, y este aceptó. Tenía hambre, no había almorzado. Necesitaba algo de energía para quemar. O algo de basura para matarme poco apoco. Compré una hamburguesa insípida con queso tipo americano. “¡Me lleva la verga!” Me acordé de mi post que ha quedado en stand by, ya que no existe el queso Deysi en el D.F. Esta del carajo esa hamburguesa. “Están tocando The Robots” dijo Fernando, “ya van a terminar”. “Qué bueno” repuse. Y regresamos a nuestros asientos espaciales. Creo que nos movieron los lugares porque se veían más lejos. ¡Puta madre! Pensé mientras me llevaba la hamburguesa más horrible que he comido a mi boca.



“Necesito unos binoculares” le dije a Fernando. Por lo menos ver a Thom Yorke de alguna manera. Un señor me dijo que ya no había. No dije nada. Pero más tarde, regresó el mismo señor con más. “El cielo te ha mandado para mí” le dije entre dientes. “¿Cuánto costará?” le pregunté a Fernando y me dijo “35 pesos” y me señaló la espalda del señor donde decía los precios 35 pesos Binoculares / 20 lámparas. Lo llamé “¡Ey, maitro, ey! Cuánto los binoculares” le pregunté como un acto de decirle que quería unos, “45 me dijo”. “Pero si dice 35” le dije despacio a Fernando y le pedí cambio, pues yo tenía billete grande. Me lo dio. Lo pagué. Agradecí. Me los puse. No se veía mucho. Eran inservibles. Se veían como 30% más de los que lo podía ver desde mi lugar. ¡Verga!¿y si salto?


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I jumped into the river, Black-eyed angels swam with me…




Contingente "Campeche Iron Lung"


Habíamos salido del metro. El cielo estaba nublado. Caían gotas. Había aire. Estaba completamente nublado. Parecía que llovería. Siempre nublado. No llovería. Nublado. Como si quisiera llover pero el cielo sufría de incontinencia. El D.F. ya se había convertido en un estado británico.



Llegamos a la puerta después de preguntar y preguntar. Un mar de gente se dirigía a sus asientos. Era la primera vez que veía tanto fan de Radiohead. La mayoría eran jóvenes de 27 años. Mismos años que los míos. Era toda una generación que iba a ver a la mejor banda que camina sobre las aguas de este planeta. Jóvenes en el momento de su vida iban a ver a la banda que está en el momento de su carrera. Dejé que los demás se fueran a sus filas, yo me iba a otro flanco con Fernando.



Llegamos, el VIP no era lo que debiera de ser. México volvió de golpe. Estábamos lejos, muy lejos. Estaba molesto, muy molesto. Tanta espera, tantos años de estar deseando este momento y me tocó lejos.



Me sorprendió lo lleno que se veía el Foro Sol. Me sorprendió ver señores de la tercera edad buscando un lugar para apreciar el concierto. No iban acompañados por sus nietos o por otro joven que dejara ver que lo llevaban, iban porque querían.




Parecía llover, ahora sí parecía llover. Anhelé que tocaran High and Dry si esto sucedía.



Pero sólo era lluvia británica. Unas gotas para calmar lo sobrecalentado de mi cabeza. ¡Lluvia cae, vamos cae sobre mí! Dije dentro de mí. Era lluvia, era lluvia británica.



Nos pareció ver volar bolsas. La gente estaba en silencio, lo más silencioso que puede estar una multitud. Sólo las canciones de Reggea rompían mi sufrimiento. Y esas gotas que amenazaban. Compramos impermeables, compramos esos impermeables hechos de bolsa azul. Para la lluvia. 40 pesos para evitar la lluvia. La lluvia británica. No lo utilizamos, porque nunca cayó el chubasco, porque en la isla no se conocen como lluvias las que arrasan con la gente y las hace resguardarse. Es una lluvia noble que ha bañado en generaciones a guerreros, a hombres de estirpe libre, a hombres leales al arte y a su humor. Lluvia británica, lluvia noble para hombres nobles.



Kraftwek acabó mientras estaba comprando una hamburguesa que desconozco, y que aborrezco. No podía ser peor. Aquí viene, lo puedo sentir desde las colinas explotar, viene una noche desastrosa. Nos sentamos. Me tragué mi hamburguesa y compré unos binoculares. ¿Papas? No volvieron, para qué chingados. ¿Mi alrededor? A mi izquierda Fernando, fiel escudero el día de hoy, a mi derecha, una damita de muy buen ver con su novio; atrás, un barandal (hasta el límite, estaba hasta el límite) y debajo de mis pies, un par de hombres representantes de la raza de bronce. Temí que el concierto fuera sólo un pretexto para fumar mariguana. De cierta manera lo fue, pero no hay respeto qué defender. Todo se vale. Yo tenía la música y eso me hace adicto. Sólo quiero saber qué setlist van a tocar. El día anterior, cada uno había hecho su pedido. Por mi parte, yo pedía algunas sugerencias algo difíciles de complacer: The Bends, Talk show host y Polyethylene part 1 y 2. Ya me había resignado a sólo decir de memoria el setlist. Se apagó el reggae, todos callaron. Un murmullo, un grito, un chiflido sirvieron para encender la mecha. Había llegado la hora. Se apagaron las luces. Todos nos paramos. Empezaron los sonidos típicos de inicio de los concierto de Radiohead. Aquellos que había visto desde hace años por Internet. En el 97 fue el fiftier, happier…, en el 2000 Three fingers, en el 2001 pulk/pull revolving Doors o hunting bears, en el 2002 fue The gloaming, y esta vez era irreconocible para mí, no la podía identificar, era nueva para mí, era único para mí. Ahí caí en cuenta de que era mucha emoción que tenía albergada, que sólo necesitaba apagar las luces para poder dejar salir ese caudal.







Me paré, grité, intenté grabar pero me fue imposible. No me importó. Ahora no me importaba. “15 steps” nos pegó en la frente, no sólo a mí, sino a más de 55 mil almas. Un grito muy diferente a los otros conciertos en los que he estado. Era un grito más noble, más sosegado, más contenido. Qué podía decir. Era difícil encontrar peros a la presentación. Ya lo dijo un sabio viejo irreconocible para todos, una banda está en el disco y otra está en vivo. Y para lograr aplacar las miles de almas contenidas se necesitan verdaderos pantalones, un talento inconmensurable. El talento de un grande.



Un front man necesita de recursos para prender a miles. Un arcángel, con tan sólo levantar un dedo acaba con miles de sombras del infierno. Thom Yorke, con tan sólo presentar su canción en estado puro aplacó al monstruo de 55 mil cabezas, y dentro de esas, estaba una muy colérica, la mía. Y lo logró.



“There There” entró gigante entre nuestros oídos. Mi sueño más grande, es oír There there en vivo. Después de eso podré vivir tranquilo. “National Anthem” vino después de una magistral ejecución de efectos sonoros. “All i need” —Verás, bajé el nuevo disco de Radiohead y está genial! No supe cuando salió. —¿En serio? —Sí. Creo que es un gran disco, amor. Las letras siguen siendo geniales. Lo venía escuchando en el camión y hay una que dice: I am all the days/ that you choose to ignore.Chido ¿no?—Qué bueno que te gustó. Si tú estás contento yo lo estoy (un beso de fugaz, un beso sabor paleta y pirulíes).



“Kid a” vino a romper todo lo esperado, aquí empezaron a perfilar su concierto, para que sea nuestro. —Fernando, esta es Kid a, tiene una letrota, escúchala. Hay una referencia al Flautista de Hamelin “The rats and children follow me out of town/ The rats and children follow me out of their homes/Come on Kids” excelente contra parte entre la tecnología y la inocencia.


Karma Police” una de las canciones más coreadas de la noche. Fue una explosión de júbilo. Todo el mundo apuntaba a la banda cantando This is what you get… —¿Conoces Radiohead? —Sí. Ellos sacaron el año pasado, el que muchos dicen, es el mejor disco de la segunda mitad del siglo XX, wil. —Ah, no pues yo sólo tengo el The bends, y he escuchado Paranoid androide y Karma Police. —Oh, karma police es una de las mejores canciones que he escuchado. —Voy a comprarlo. —Yo también.



http://www.youtube.com/watch?v=sY_Jtb_BiAQ



Este es el hotel donde nos hospedamos.



“Nude”—¡A la verga!¿cuál es esa canción. —no sé, está chingona. — Tengo que ver el final del documental.. Creo que se llama..¡sí!, es Big Ideas. Lo bajaré en el I mesh… Uno de mis errores y dolores más grandes han sido curados con pedialite y esta gran canción, ¿quieres escucharla? No aparece en ningún disco, es un lado-b, pero creo que refleja el momento que estoy viviendo… ¡Es genial! Ya lo bajé, y otra que escuché mientras venía en el camión a buscarte fue Nude, que es una canción que siempre han significado mucho para mí, y ahora está en un disco. (Otro día, la misma mujer pero en otro lugar: El malecón) —¿Te gustó este día? —Sí, mucho. — Fue inesperado ¿verdad? —Totalmente, wil. Me encantaría estar así, con este airecito. —¿Tienes frío? —No. Estoy bien, con que me abraces me basta. —Sabes, te quiero enseñar esta canción, quiero que la escuches y me digas qué te parece…—Es muy linda. Me gustó la música. Es algo deprimente pero con una fuerza muy sincera. —Te amo (el mismo beso con paletas, pero ahora con Frappé juvenil). (antes del concierto, ahora en este año)Voy a llorar si cantan Nude— Ummm, pinche puto.— Es que esa canción es muy significativa para mí. Es como un colage de sentimientos comprimidos, zippados en un par de versos. Es muy linda, es algo deprimente pero con una fuerza muy sincera… (se desvaneció mi rostro poco a poco).



“Weird fiches/ Airpeggi” una de las mejores canciones jamás hechas. La envidia de cualquier grande. “The Gloaming” de las menos coreadas. Con un arreglo muy diferente. Una canción con cierta extrañeza. “Talk show host” Cuánto daría porque tocaran “Talk show host” y… ¡Me hicieron caso!...En mi cuarto, a las 8 pm, con las luces apagadas, gritando con la almohada en la cara…Es una letra muy fuerte. De las más bellas que se han escrito… You want me, well, come on and break the door down/ You want me, fucking come on and break the door down I'm ready!!—¡Estoy listo, carajo! Debo estar listo, no puedo seguir así. No es justo para mí. No es justo… Una sonrisa lo complica todo. (Una maldita sonrisa te hace seguir flotando por la superficie, para los pájaros. Alimento para los pájaros. ¡Tengo qué explotar! ¿pero cómo?).



VIDEO



Cuando fue tiempo de “You and whose army?”, todo cambió de nueva cuenta, er aun concierto diferente, único. Un gordito a mi derecha dijo en voz alta —Este concierto es para verdaderos conocedores, para verdaderos fans. Yo estuve en desacuerdo con él. Yo lo vi más como un setlist para mostrar aquellas canciones que los hicieron “La gran Banda que son”, estos setlist lo hicieron como si quisieran recuperar el tiempo perdido, pues no habían pisado tierras latinas, con un proyecto decente (así lo dijeron en muchas entrevistas en años pasados), pero después, cuando llegó “Dollars and cents”, aquel conocedor le preguntó a uno de sus amigos ¿cuál es esta canción? Y el otro le contestó con un ademán de “ni idea”. Igual la bailó.


“Jigsaw falling into place”—Con JFIP voy a bailar. —¿Tú, bailar? —Sí, hasta yo no lo puedo creer, pero me conozco. Cuando empezaron los acordes de inicio, se vivió un momento de éxtasis. Podía sentir a Eduardo y a Gaby bailando a cientos de metros de mí, ocultos entre tanta gente. Podía sentir a Laurita, a Diego, a Mussgo y a mi hermano gritar la canción. La pareja de mi derecha se levantó y empezó a corear la canción. Habían regresado después de un altercado en la canción “Weird fishes…”, sellaron ese pacto de amnistía con un beso mientras iniciaba la canción, antes de que empezara las estrofas, y después de verse a los ojos posterior al beso, bailaron y corearon la canción. Minutos después hubo otro altercado, al parecer, la señorita se molestó porque su novio quería una cerveza y no aguantó la tentación. Se volvieron a reconciliar con “Bodysnatchers”. Esto se repitió un par de veces más. “Ese es el verdadero poder de Radiohead” le dije a Fernando.




http://www.youtube.com/watch?v=ZRgtukBatzo



“Idioteque” llegó para estirar nuestras neuronas. Fue un monto de locura pura. Todos nos agitamos como peces salidos del mar. —¡Brinquemos!. Le dije a Fernando y lo hicimos, pero como las gradas no tienen espacio amplio para brincar como locos, al abrir los ojos vi que estaba en el filo de donde pisaba. Estuve a punto de romperme toda la madre y llevarme a un infeliz que estaba disfrutando el concierto sentado mientras fumaba un churro de mariguana. —Mejor no. Dije y me quedé parado moviendo la cabeza para todos lados.


—A mí si me fascinaría que tocaran una que esta mas cabrona, “Climbing up the Walls”.—Sí está cabrón tu caso, Fernando. Climbing up the Walls”—¡A mí también me escucharon! ¡Qué chingón!




“How to dissapear completly…”—A veces no se que puedo hacer. Tú no cedes. Yo no quiero estar así. Vamos a entrar a carrera y todavía no sé que voy a hacer. Tienes novio y yo no sé que es lo que soy. —Eres alguien muy especial para mí. —¡Pero ya no quiero ser especial! Si no quieres estar ya con tu novio, ¿por qué no lo cortas?. —Porque no se puede, es muy difícil. Sufriría mucho. —¿Quién tú o él?—Los dos. Y tú no me tolerarías.— Gina, mira, no aguanto ver cómo te vas con él, después de que nos despedimos de beso en la boca. Es un acto terrorífico. ¿Cómo puedes hacer eso?—¿Me estás diciendo monstruo? —No(fui un cobarde, oculté la verdad y lo esquivé con malicia)…Te amo. Lloró, yo no pude. Sentí que no podía llorar enfrente de ella. Ahora veo qué tan acartonado y distorsionado sueno… I´m not here, this isn´t happenning… no pudo ser mejor… Dios mío, ayúdame, que no haya algo en su vientre. Seré más cuidadoso…¡Oh, no! ¡Sus papás lo saben!¿qué hago? (dudas de niñaco. Veintitantos y la inseguridad de un niño que teme por los monstruos de la responsabilidad. Qué cague de risa. “no quiero estar aquí”. Por lo menos tuvo el valor de enfrentarlo. Cagado de miedo, pero por ética dio la cara).—Es increíble lo que esta canción significa para mí. (pero ya en el concierto, esas palabras le cayeron como una plancha de morgue. Ojos brillosos, cara distorsionada por un canto. Una mejilla, una solitaria lágrima jalaba a otras que se habían unido en línea para buscar libertad en el piso. Quedaron en la camisa.)



http://www.youtube.com/watch?v=D4fHPRjrUAE



“Paranoid Android”, la segunda más coreada. Es una de las canciones más importantes de Radiohead, con esta consolidaron lo que muchos pensaban, hasta tal punto, que se convirtieron en los mejores.

“The Bends” con esta ya era imposible dudar de si me habían escuchado. Esta canción es una de las menos conocidas, pero sí, una de las más queridas por los ingleses y por los fans. Where do we go from here / The words are coming out all weird /Where are you now/ when I need you… lo dicen todo. Puede quedar para cualquier ocasión. Con esta canción, uno se da cuenta de la fuerza que posee esta banda. Cada palabra, cada verso está en el lugar indicado, en el momento exacto de cada acorde, de cada nota. Y eso, es el secreto de la poesía y de su derivado ideal, la música. No hay más señores. Con esta se la pelan. Con este tuvieron que recular y tragarse sus críticas sin fundamentos.


“Creep”, la más ovacionada. —La van a tocar. —No, no creo. Sería un error si la tocasen. —no, nada que ver. —Que sí, Wil. —No, sería un gran gesto. —Además tiene años que no la tocan. No les gusta. —No es cierto, Fer, la tocan constantemente. Y sí, no les agrada la canción, pero aún así, llevan años tocándola. Aguevo que la tocan… Esta idea era de la gran mayoría del concierto. Ahondaba un gran desasosiego de apegarse a la declaración de los integrantes de la banda de Oxford, pero eso era un error, no porque les disgusta, quiere decir que la dejaran de tocar. Es como si alguien se arrepintiera de su pasado y lo negara. La tocan porque saben lo importante que es esa canción dentro de la vida de la banda. Y Latinoamérica no podía quedar exenta de aquella canción que los catapultó a la vista del mundo. Se sentía en el ambiente, justo después de “Reckoner”. No bien había terminando de tocarla, cuando sentí que venía “Creep”—Ahí viene Creep… Le dije a Fernando. Este no me creyó. Ajusté mi celular, me preparé. Di dos saltitos. Busqué en aquella luz artificial de mi celular… —Cuando toquen Creep me mandas un mensaje—Mejor te hablo. —¿En serio?—Sí, coño. Te lo prometo... Hola, queridísima amiga, escucha esto y puse el teléfono al aire…



http://www.youtube.com/watch?v=qMb5t9rb5yY



Salimos por donde entramos. Todos estaban satisfechos. Nunca antes había visto a tanta gente contenta. Ni una sola mueca de disgusto. Miles desfilaban a nuestro lado y ninguna queja. Sin duda, era uno de los mejores conciertos que se han dado en México. Y después, que mejor que dejarse devorar por aquellos piratas que esperaban hambrientos de carne ensoñada.

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Letters always get burned…

—viste el concierto.

—Sí, estuvo genial. Me quedé con la boca abierta. Estoy extasiado. Sólo que a la mitad se desmayó Mussgo.

—¿En serio?

—Sí, tuve que sacarlo. Ya estábamos cerca del escenario cuando se desmayó en Jigsaw falling into place. Pero no se lo digas, él te lo va a decir….

—¿Qué pasó, Mussgo? Cómo viste el concierto.

—Chingón. Una verga de concierto. Pero no me lo vas a creer. Me desmayé, guey.

—¡No! ¿en serio?

—Sí, cabrón. Tu hermano me sacó.

—¿pero qué pasó?

—no sé, estaba brincando, gritando, cuando me sentí mareado, vi que me detuve, pero después, sólo recuerdo que me llevaban a fuera.

—Te lo dije. No chupes antes del concierto. Te va hacer mal. Pero eres terco.

—No cabrón, fue el amontonamiento y la altura.

—Pues sí, pero como nos desvelamos, venimos de viaje, no almorzamos, tú fumas un chingo, tomas tres chelas, brincas, gritas, ¿cómo no quieres desmayarte?

—Sí, cabrón, caí como un venadito. ¿Y sabes qué es lo que más me encabrona? Que yo veía cómo los de seguridad se llevaban a las viejas que se desmayaban. Hasta las manoseaban. Y a mí, nadie me cargó.

—¿Te cargó Erick?—dijo Diego.

—Sí.

—Yo que tú lo dejaba en el piso y saltaba sobre él—dijo de nuevo Diego.

—No mames. Ya en el piso—dijo Mussgo— recuerdo haber tocado mi costado y sentí algo líquido y dije: ¡No mames, Ya me picaron! y me desmayé. Creo que era catsup de una hamburguesa.

Todos reímos. Qué más quedaba. Era un viaje que jamás íbamos a olvidar.



Regresamos al aeropuerto para abordar el avión que nos había traído. No sin antes despedirnos de esa comida, la mejor comida del D.F., aquella de los puestecitos…


Cómo comer un taco sin que la clase desapareca...



Un taco tiene que ser acompañado por un Boing de uva. Inperdible pareja.





Ya estaba entrando al avión Tenía mi sudadera de Radiohead. Una bella azafata acomodaba a los pasajeros en sus lugares. Estaba llegando a mi lugar. Éramos pocos los que habíamos entrado.

—Disculpe ¿fue al concierto de Radiohead?

Y yo, con el buen decir que me caracteriza, dije con más ánimo y orgullo:

—Aguevo.

Ella sonrió ante mi expresión. Ese insulto sutil había derretido todo hielo de pena y consiguió que aquella bella mujer me regalara aquella hermosa risa aperlada.

—Yo quería ir, pero no pude. Estaba trabajando y sólo pude leerlo en el periódico. ¿Lo disfrutaste mucho?

—Sí—dije con alegría, pues de ese “fue” al “Disfrutaste” hay un camino muy largo. A muchos les lleva más tiempo terminar la intimidante pena. A mi me bastó dos palabras—fue el mejor concierto de mi vida—repuse.

—Me alegro mucho—era raro, pero entre fans, es posible alegrarse por otro fan. Y me regaló otra sonrisa.

Me senté y ella tomó su lugar.

Cada que pasaba por mi asiento era un saludo, un guiño, una sonrisa. Yo me sentí contento de tener esa interacción con alguien que entendía que la vida podía llevarse con calma y con oportunidades innumerables. Al final, no somos más que accidentes apunto de suceder.

—¿De donde son?—Me preguntó, ya una altura considerable.

—De Campeche.

—¿Y a cuánto está de Mérida?

—A dos horas, en camión.




Era imposible no hablar en el avión. Todos estábamos excitados, con las pilas recargadas. Éramos la pimienta del vuelo. A menos eso queríamos creer. Nadie podía dejarnos pasar por alto.

—¿Desea algo de tomar?—le dijo la azafata a mi hermano.

—Sí, un jugo de naranja.

Se lo sirvió.

—Usted, ¿desea algo de tomar?—le dijo a Diego.

—Un vodka con jugo—contestó y se lo sirvieron.

—¿Quieres algo de tomar?—me preguntó con una sonrisa.

—Sí, ¿tienes jugo de manzana?—le contesté con suavidad.

—Sí.—me devolvió el feelin.—¿quieres hielo?

—Sí, por favor. —Le contesté con una cara de estúpido.

—Yo también quiero hielo—interrumpió Diego, y la azafata interrumpió su risa para servirle a mi compañero.

Llegamos a Mérida. Todos bajaron. Yo tardé porque mi bolsa era un desastre. Todos salieron y yo me quedé sólo. Nunca he sido bueno para mentir o fingir. Sí, fui de último para despedirme de aquella bella azafata.

Salí de mi lugar. Me sonrió. Le sonreí. Tomé la bandita que 3 minutos antes había tenido en mi muñeca, y que una noche anterior había comprado en el concierto. Me acerqué a ella y le dije…

—Toma. Te lo regalo porque no pudiste ir al concierto.

Me dio pena verla a los ojos, pero vi que había cambiado su risa en un gesto de sorpresa. Me di la vuelta y me dirigí a la puerta de salida.

—Gracias—escuché decir. Levanté la pala de mi mano dándole la espalda, para tener esa postal casi de película, cuando…—¿Pero, me lo puedes poner?—Y quedé frío por una millonésima de segundo. Empecé a temblar.

Me volteé. Me dirigí a ella. La vi y pude notar que estaba sonriendo. Me dio la pulsera y medio extendió su brazo derecho para que se lo amarrase ahí. Torpemente le empecé a poner la bandita, sin tocar su brazo.

—Mejor en esta—me dijo y me dio la izquierda. Recordé aquella expresión de amigos míos “¿Eres zurdo, wil?”Uno siempre busca misticismo en donde no lo hay.

—Es nueva, sólo la usé después del concierto.

—no importa. Sólo me interesa que es de usted—y levanté la vista para verla a los ojos, como recriminándola por lo de “usted. Ella me hizo un gesto como pidiendo perdón—Nunca olvidaré esto, ni a ti.—Y nunca antes se me había hecho tan difícil amarrar una bandita como aquella vez. Temblaba. Por dios que temblaba. Toqué su brazo, era suave. Temblaba, sí que yo temblaba. Volví a tocar su brazo. Esta vez era ella.

Terminé. No me quedaban más pretextos para estar ahí.

—Muchas gracias—me dijo.

—No, de nada. Fue un gusto enorme—y nos quedamos sin decir más.

Y me dirigí a la puerta. “Hasta luego” me dijo y yo volteé y tomé sus palabras para hacerlas mías “hasta luego”. Y me fui. Sin saber cómo se llamaba, sin que ella supiera cómo me llamaba. Sin saber de dónde era, y si nos volveríamos a ver.

Un amigo me recriminó del porqué no le pedí el mail o el teléfono, que era seguro que me lo daría. Mi respuesta fue automática: “porque preferí ser parte de un cuento, que de una realidad”. Cuanta razón se puede desprender de la inconciencia. Es lo mejor que he dicho en mi vida.





Libro de Thom Yorke.




Última foto en el D.F.


Los churros de el Moro son inperdibles.

Nuestra bella edecán dándonos envidia.



Bellas Artes, centro de reunión de los emos. So sad.



jueves, 26 de marzo de 2009

Update



Si usted ya leyó el post de Radiohead, déjeme decirle que ya subí el video del cover de The blower´s Daugther, si no quieren darle Scroll al Mouse pincha AQUÍ. Si no lo haz leído, pues has caso de lo anterior.

El video es cortesía de mi hermano Erick que lo grabó con su celular, ya que mi cámara había sucumbido.


miércoles, 25 de marzo de 2009

Radiohead: Una bella bruja llamada Anneke II


Para flor. ¡Apoteósica!






México ya era una realidad y poco nos servía frotarnos los ojos. Estábamos en el aeropuerto y no sabíamos a dónde ir. “Me estoy wishando” dijo Laurita y me acordé de que éramos campechanos. “Pues ve al baño, ahí está. Arriba” le dije, señalando el segundo piso. “Yo también”, dijo Mussgo y fueron ambos a desahogar sus penas. “No se muevan de aquí” nos dijo Mussgo, mostrándonos lo que sería su inicio en el D.F.: Una maraña de miedos.


Diego también dio señales de su historia en el viaje, se separó de nosotros dos (mi hermano y yo) para hablar por su celular. Todos ya tenían sus papeles perfilados, como si se tratara de una película de terror: Yo era el líder (vaya cargo de conciencia, por lo menos era el que moría de último), mi hermano era el que hacía caso al líder (probablemente de muerte anterior o posterior a la mía), Laura, la bella joven que moría tras una persecución, Diego, el que moría sin que nadie lo supiera y al que se presume, es el asesino, siendo declinada esta teoría, a mitad de la película, y Mussgo, el cabroncito que muere primero, de una forma por de más, graciosa.


Estaba en estas cavilaciones cuando mi hermano me dijo “Mira a ese wuey que está comprando en la pastelería”. Lo vi, y se me hacía conocido, estaba de espaldas, comprando un pastelito en El Globo, pero no podía asegurar quién era. Era peloncito, con lentes, chaparro, delgado, algo extraño. Pasó a nuestro lado mientras yo seguía como queriendo enfocar mi vista. Abrazó a una señora, presumiblemente su mamá, y siguieron de largo “¿Aleks Sintek?” dije, y mi hermano “Sí ¿verdad que sí es?” “¡Sí!” exclamé, y saqué mi cámara, pero ya era demasiado tarde. Ya se había desaparecido entre la marabunta de gente. Cuando regresó Laura le dije sobre nuestro primer famoso que vimos y ella exclamó con los ojos abiertos “¡No mames! ¡Amo a Alex Sintek! ¡Dónde está!” , “ya se fue”, le dije, “¿Le tomaste fotos?”, y le expliqué el porqué de mi pendejez. “¡Coño, le debiste haber tomado fotos!”.


El segundo paso era comprar una Guía Roji, ya que no pudimos hacerlo en Campeche, ni en Mérida. “Yo me sentiré más seguro con una guía” le dije a mi hermano. Entonces fuimos a una tienda de revistas dentro del aeropuerto, mientras Laura le mandaba un mensaje a Eduardo y Flor, con el fin de que nos pasaran a buscar al aeropuerto.


Entramos y nos topamos con un stand completo de Guía Roji. Entre Carreteras, lugares turísticos, calles y demás divisiones, entendimos que el acto sería más difícil de lo que creíamos. Era hora de escoger y no sabíamos qué comprar. “Mira, está esta de 70 pesos, y esta de 95” me dijo mi hermano, después de decantar las guías. “Pues creo que la mejor es la más cara. Siempre la más cara es la más chingona” y tomé la de 95 pesos. Pagamos (nos fuimos a la mitad mi hermano y yo) y subimos al segundo piso, para que Diego sacara dinero del cajero y esperar a Eduardo y Flor.


“Saca esa madre” le dije a mi hermano y lo destapamos, y ahí nos dimos cuenta de que la forma como se escoge a las prostitutas no es la misma para escoger un mapa. Era un mapa gigantesco, enorme, como aquellos mapas que utilizan los policías en las películas donde señalan con pins, los asesinatos del asesino serial. Era una grosería el intentar abrirlo y buscar la calle en donde nos encontrábamos, casi podíamos enrollar al Mussgo dos veces con esa sábana de papel. “95 pesos tirados a la basura” fue mi exclamación, y esa fue la única vez que sacamos ese mapa.


“¿Qué vamos a hacer?”, me preguntó Mussgo. “Pues esperamos a que venga Eduardo y cuando se vaya Laura con ellos, buscamos el hotel” le comenté. “¿A pie?, no chingues, nos van a asaltar ¿por qué no agarramos un taxi?” “no, porque está cerca de aquí. Además nos va a reventar” le contesté. “no mames, nos van a asaltar” me dijo y su miedo se convirtió en psicosis. “No jodas, ¿no ves que está cerca de aquí?” le dije, “qué tan cerca ¿30 minutos? vamos a agarrar un taxi, coño” me repuso, “cómo vamos a agarrar un taxi si está cerca”, “¿Cómo sabes, si no tienes idea de dónde queda?”, “pues lo ví en la guía roji de Internet, además es Hotel Aeropuerto, coño, no creo que se llame así y se encuentre en casa del carajo” le expuse, y este me dijo “no, vámonos en taxi, somos 4, si nos cobran a 200 pesos, nos vamos a 50 baros”, “no coño” y di por finalizada la discusión. Pero la inquietud no dejaba a mi amigo. En eso llegó Eduardo y Flor, “qué pasó” nos dijo Eduardo “Su hotel está aquí en la esquina” y volteé a ver con ojos inquisidores al Mussgo. Vamos, les mostramos. Y salimos del aeropuerto con rumbo a hospedarnos.


En la salida, un hombre atrás de nosotros le gritó a otro que se encontraba como a 11 metros adelante “¡Morado 15!”. Ante este hecho del todo fortuito, Mussgo vio al primer hombre, después al segundo, volvió su recorrido por los dos y dijo “Ahí está, ya dio el pitazo”.


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Sometimes you sulk, sometimes you burn…



“Vamos a comer” les dije ya instalados en nuestros cuartos, 307 y 308. Eran las 3:30 pm y no habíamos comido nada. “¿Adónde?” me preguntó Diego, “pues vamos a caminar, debe de haber algo por aquí, si no, de a perdida nos vamos al aeropuerto a comprar una pendejada”.


Salimos y caminamos los cuatro sin rumbo. Después de dar ciertas vueltas, decidimos preguntarle a un policía “Suban ese puente y cuando lleguen al otro lado, doblan a mano izquierda y avanzan dos cuadras, ahí van a ver puestos de comida” nos dijo y agradecimos.




Enl a derecha, a lado de ese edificio café o naranja, se encontraba nuestro hotel. Esta foto era para que si nos perdíamos. Ya saben, la paranóia del Mussgo era pegajosa.



Cuando subimos, supimos del porqué de lo invencible de México en el azteca: resentimos como puercos, la maldita altura. “Siento que mis piernas se van a quebrar” dijo mi hermano, “vamos a llegar bien mamados de las piernas” repuso Diego. Era verdad, parecía que íbamos cargando el peso de nuestras maletas o como si hubiéramos hecho 45 minutos de bicicleta. Nos dolían las pantorrillas.


Llegamos a tierra prometida. Yo quería unas “quecas”, tenía años que no las volvía a comer. Vimos un puesto y preguntamos “Claro que sí, hay de papa con chorizo, de hongos con queso, de flor de calabaza, de chicharrón, de picadillo…” Yo pedí una de papa con chorizo y una de Chicharrón. Mismas que pidió mi hermano. Diego pidió una de Papa con chorizo para ver que tal, y Mussgo lo siguió. Esa única quesadilla de Diego sólo fue el pináculo del iceberg, pues se pidió otra de hongos con queso, otra de chicharrón y terminó con otra de bistec.


Ohmaifokingad!! una de hongos con queso.


“¡No mames, es el león mexicano!” dije al ver el perro de la señora. Estaba peludo y chistoso. He de admitir que en ese momento pensé que era aquel famoso perro que mal vi en hazmeelchingadofavor.com, pero la realidad fue otra. El león sí era mexicano pero este era de sabana árida. Le tomamos fotos, pagamos por nuestra comida y nos regresamos al hotel.




Chéquen la memoria de pez que tenog pues no se parece en nada al original que es el de abajo.



A media cuadra, empecé a sentir un dolor en la cabeza, y el aire se había ido por completo. Tuve que detenerme para poder jalar aire a gusto. Fue un calvario ese regreso al hotel.


“Estuvo de la verga” fue la expresión por consenso. “Hay que bañarnos para ir al concierto de Anneke. Para ahorrar tiempo, vamos a bañarnos juntos” dije, “no traje short” mencionó Mussgo por segunda vez en el día.


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Uncover me/I hail to see/Your mystic trail of grief…



Ya estaba listo, mi boleto en la bolsa y con la cámara asegurada. Este concierto era la prueba para el de Radiohead. Si pasaba la cartera con la cámara escondida, sería un éxito el Foro Sol.


Bajámos del hotel, agarramos el metro y ahí fue donde me acordé de Bárbara. Todo fue sencillo, simple, como si hubiera viajado desde siempre en el metro, y gracias a esa amiga que me ayudó con las estaciones. Era simple, era sencillo. Supe cuál tomar para ir desde la estación Aeropuerto hasta Auditorio.


Ya era casi la hora, ya eran las 8 pm y al salir, no supimos ubicarnos. Preguntamos y nos dijeron dónde estaba el Auditorio Nacional; fuimos y Flor me habló por celular: “¿Dónde están?”, “en el auditorio ¿y ustedes?”, “en la cola. Apúrense, está larga ¿van a comprar boletos los demás?”, “Sí” le dije, “Pues apúrense”, “Oye, ¿dónde está el hard rock?” le pregunté, porque estaba un poco norteado, “mmm, ponte de espaldas al auditorio y a la izquierda”, “Ah, ok. Ahorita nos vemos”, y colgué. Nos apuramos, llegamos, y efectivamente, la cola estaba larga.


“¿Van a comprar los boletos?” les dije a mi hermano, Diego y a Mussgo, “no sé” me contestaron. Pues apúrense para checarlo. “¿Cuánto cuesta?” me preguntaron, pues no sé, les contesté, “Hay que verlo en la taquilla”, y me fui hasta el inicio de la cola y pregunté “El señor de barba vende” me dijo el de seguridad. “Cuántos quieres chavo” me preguntó, “¿Cuánto salen?”, “400 bolas” me contestó. Les dije el precio y con dudas aceptaron los cuatro, pues resulta que Laura tampoco había comprado su boleto.


De regreso hasta el final de la cola, Mussgo, con voz alta dijo “Ojalá no sea una porquería de concierto. Me dolió pagar eso” y las personas formadas, digamos que no se veían con ánimos de dejar pasar esos comentarios. Habían grandulones de pelo largo, aretes en todos los lugares donde puedan colgar, con las cejas fruncidas, y camisas negras que iban desde The Gathering hasta el Black Label Society. “A ver si no me fastidio” dijo en el mismo tono de voz, perceptibles para esa raza de humanos y yo le dije en voz baja “Cállate, wuey, esos cabrones si nos pueden romper la madre por tus mamadas”, “pero sí está de la verga el concierto me va a doler”, recriminó, “sí, coño, pero no lo digas en voz alta, no ves que estos cabrones se ven fans, y no les gustaría escuchar tus críticas” y como que entendió. Ya formados, yo me revolvía con el temor de que no les gustara el concierto a mis acompalantes, puesto que no conocen nada de Anneke y de “The Katherine” como le decía Mussgo, y que en desaprobación, dijeran alguna critica en voz alta, misma que nos costara la vida, perdiéndonos así el concierto de Radiohead, “Cuando termine el concierto, si no les gustó, aguántense sus expresiones hasta que estemos de regreso en el hotel ¿ok? Ahí sí pueden desplayarse, porque aquí sí corremos peligro por la libertad de expresión” misma propuesta que aceptaron.



La cola avanzó rápido, y ya estaba en la entrada. Me puse la cartera que contenía mi cámara en la bolsa trasera de mi pantalón. Porque ahí va la cartera.



Di mi boleto “Pase” me dijo el de seguridad. Uno ya adentro me pidió que me acercara “levanta tus brazos para que te revise” y yo accedí. Cuando sus manos pasaron por mi cadera, sin que me dijera nada le dije “Ahí traigo mi cartera ¿me la saco?”, el manoseador se rió y me dijo que no era necesario. Después caí en cuenta en lo puto que soné.


Pasé. Mi plan fue un éxito. “Radiohead, prepárate” me dije en mis adentros. Ya cerca del escenario, vi que Flor había podido pasar su cámara para tomarle fotos a su ídolo. “¡Aguevo!” le contesté a su pregunta de si traje cámara. “Tú saca fotos y yo grabo el concierto” le dije, y así quedamos. Éramos los más chingones del Hard Rock live, sólo hasta que después vimos a una mujer que llevó una cámara profesional y nos preguntamos cómo guardó esa chingadera. Después, un fan sacó su cámara, aún más grande que el de la tipa, con prácticamente un cono de tránsito como objetivo. ¿Dónde se la metió? pues no era prensa.


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I wish you knew/your music was to stay forever/And I hope...


Las luces se fueron por un momento, atrás quedaron las canciones de espera, aquellas que algún fulano atinó con Pink Floyd. Ahora empezaba a tener consistencia el ambiente. Era evidente que faltaba la banda que abriera el concierto. Los pies nos dolían, las piernas nos dolían, las pantorrillas tenían un clavo entre las carnes, pero la gente de ahí poco parecía importarles.


El alcohol ya era el invitado de lujo (porque costaba un ojo de la cara), los gritos de borracho eran ya plausibles. ¿Quiénes abrirían? ¿Serían famosos? No lo creí. Hasta que aquellas luces que se habían ido, regresando con un hombre regordete con el pelo largo sobre su rostro; un hombre delgado en el bajo; uno con barba de candado detrás de la batería y una mujer de pelo corto y con unas piernas muy loables.


El grupo empezó a tocar, la primera canción llamada “Silencio”. La banda se decía llamar Bisana. Desde los primeros acordes y rasgueos, enamoró a más de uno, y mucho más, esos bailes al estilo Anneke de la vocalista Anna Laura.


Era una mezcla de hardrock, con salpicaduras de stoner que dejaron al escucha con un dejo de perplejidad. Fue toda una grata sorpresa. Las canciones fueron avanzando y acentuaban sus mezclas, que iban desde el jazz, hasta el metal. No había piedad para el oyente. La banda quería demostrar su música. Eso se agradeció.


Los elementos del grupo eran muy buenos en la ejecución, sobre todo Jonnathan, el guitarrista, que le aplicaba esa piel, a veces muy stoner, a veces muy heavy, con su guitarra, y con su presencia. La banda tiene muy marcada su influencia, y se llama The gathering; sin embargo, la batería mezcla un jazz muy respetable, el bajeo resalta los huesos del funk, y la guitarra se encarga de ser el Caronte de cada canción, siempre con un atinado riff; y la vocalista con ese hechizo visual y esa voz peculiar, muy seria, tan seria que cautiva.


Un “muchas gracias, los dejamos con Agua de Anique” dejaron el escenario listo para poner un pin con el nombre de Bisana, en la cabeza en más de uno.


Una espera y varias canciones de Pink Floyd hicieron que la gente reclamara por la tardanza. Cada chiflido fue interrumpido por una joya de la banda británica. Todos coreaban el Another Brick the wall, silbaban; Us and them, y mentaban madres; super coreadísima comfortably numb, aplausos y después chiflidos. Hasta que la luz pareció fallar. Un sonido distorsionado dio el pitazo. Era la presentación de la bella bruja holandesa.


Era cierto, tanta espera se consumía en dosis de nerviosismo. Saltó en un brinco explosivo al escenario. Anneke fue recibida con piropos, gritos y muestras de cariño. Hyperdrive fuel a apertura, un cover de un canadiense no muy conocido, llamado Devin Towsend, dicha canción viene en el disco Ziltoid the omnisciente, muy bueno por cierto. BAJAR DISCO.Todo pasó de manera vertiginosa, en un momento ya estaban saltando todos.Muchos desconociendo la canción, otros más fans, cantando cada verso.


“Apoteósica” es la palabra que define la presencia de Anneke. Terminado el cover, vino el saludo al público, que no la dejaba hablar con todos esos gritos y piropos. Muchos hombres dejaban salir su corazón fresa através de esas melenas y chamarras de mezclilla con un “I love you” gritado y mal pronunciado. Las mujeres dejaban escapar su lado lésbico al gritarles las mismas palabras con toda una connotación sexual implacable.


La holandesa, algo aturdida por el recibimiento, sonrió y agradeció. Pero era hora de seguir con el concierto. Joris estaba listo, Jacques estaba listo, Rob estaba listo, y por supuesto, la líder. Atrás quedaron esas canciones de rock progresivo y trip rock con que se ganó adeptos con The gathering. Atrás quedaron esas discusiones acaloradas del porqué se separó de la banda; de que si no está a la altura; de si es una pérdida mayúscula. Ahora estaba con dos álbumes bajo el brazo, con un pop salpicado de rock, con letras muy a su estilo, y con esa energía extraña que transmite en el escenario.


Así vinieron canciones como My girl; la esperadísima Ice water; la vitoreada Witnesses con su baile árabe, muy sutil pero sensual.


La gente pidió sus canciones, y la vocalista complació. Pero entonces vino Beautiful One y todo cayó por su propio peso. Ese momento fue mágico, hasta parecía que los que jamás habían escuchado a Anneke se sabían la canción. Fue cantada por todo el Hard rock. Después de haber terminado, parecía que no podía llegar a más.


Yo voy porque quiero que cante Travel de The gathering”, dije. A lo que Flor me respondió, “no creo que la cante”.“Por lo menos que cante un par de The gathering. Sé que lo hará” le dije. Flor, un poco más resignada me contestó que le encantaría pero que no creía. ¡The gathering! Me dijo Flor cuando empezaron los acordes de Alone. ¡Aguevo!, fue mi contestación. Todos estaban al borde de la locura. Era un gesto tácito, era como si hubiera alguna esperanza para aquellos fans que se enamoraron de aquella banda, cuando Anneke era la vocalista. Fue de las más coreadas. Fue la mejor versión que se había escuchado, para muchos.


El cansancio, la espera, los bochornos, todo desapareció. Todo el concierto parecía haber escuchado Broken glass. Pronto vino Digging the grave, una canción de la legendaria Faith no more. Eduardo y yo nos vimos y dijimos ¡Faith no more! Y la cantamos a todo pulmón. De pronto, vimos que éramos los únicos señores que gritaban aquella canción. Sólo nosotros. Nadie (o casi nadie) la conocía. Poco nos importó. Muy respetable el cover. Después vino un cover más, Blower´s daughter, la bella pieza que se hiciera famosa por ser parte del soundtrack de la película Closer. Todos cantaron esa canción. Y muchos lloraron. Era indescriptible el ver a mujeres y hombres vestidos como rockeros, tan agresivamente rockeros,(incluso hasta algunos punks habían) desgarrarse con esa canción. Esa pista fue el símbolo de lo que Anneke pretende de ahora en adelante. El rock diluido con un Pop balada. Muchos, con este disco (y el nuevo) siguen a la holandesa, pero es muy probable que otros muchos vayan dejando de seguirla en este nuevo viaje. Eso está por verse.


Poco a poco fue llegando el final del concierto. Cerró con la explosiva You are nice!Todos terminaron satisfechos y con la voz ronca. Las luces se encendieron y Anneke saludó a su público mexicano. Desaparecieron del escenario y todos fueron tomando la salida.


En las estadísticas finales hubieron cientos de contentos, igual número de heridos por desgarro y otros tantos tocados. Sólo quedaba descansar en paz para el lunes.


VIDEO DE ANNEKE








Cover de Blower´s Daughter