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jueves, 8 de noviembre de 2012

¿Y si fuera papá?




 
 
Viendo esta película Fiera me hizo una interesante pregunta:

-¿A los donadores de semen que son gays les darán revistas porno gay para que se la jalen?

Lo ignoro, pero sospecho que en las clínicas de donación de esperma tienen prohibido alentar a los gays a donar su semen, pues como todos sabemos 9 de cada 10 personas tienen la falsa creencia de que la homosexualidad es una enfermedad que se hereda y contagia.

¿Se imaginan tener que lidiar con cientos de madres que de repente descubren que los padres de sus machísimos hijos son gays? Lloverían las demandas contra las clínicas de semen.

Ahora que lo pienso, estoy seguro que por eso se inventaron lo de la cláusula de confidencialidad del donador.

En fin, si yo fuera un escritor de verdad, habría escrito la película con ese argumento, y el título sería Hijo, eres un perdedor afeminado porque tu papá biológico es gay. Sin embargo, Starbuck, toma otro rumbo, como puede verse en el tráiler, aunque recomiendo no verlo porque te cuentan toda la película, de principio a fin.

Mejor dejen en mis manos la sinopsis:

Un perdedor cuarentón que trabaja en la carnicería de su padre, un buen día (con abogado de por medio) descubre que debido a sus masivas donaciones de esperma (cuando era un joven calenturiento) ahora tiene 533 hijos, de los cuales, 142 quieren conocerlo. La película es canadiense (del lado francés), y por eso tiene un humor exquisito y moderado, porque si el guión hubiera caído en manos de los gringos, otra hubiera sido la historia. Seguramente el protagonista sería Adam Sandler convirtiendo la película en una vulgaridad rotunda absoluta. Por lo pronto en Argentina ya se robaron la idea y les salió un mamarracho, según me cuenta mi amigo Wikipedia.

Pero volviendo a la película canadiense, como era previsible en Fiera, terminó bañada en lágrimas y mocos; por fortuna la luz estaba apagada y no dejé ver mis ojos húmedos de Bambi (que se sepa que mi progenitor era machísimo y por eso genéticamente yo también lo soy).

-¿Y si tuviéramos un hijo? –me pregunta Fiera.

Trago saliva y tomo nota mental de supervisar que todas las noches mi chica no olvide tomar sus pastillas anticonceptivas.

-Quita esa cara de mongol –me reprende-, me refiero a que me da curiosidad saber cómo sería físicamente un hijo tuyo y mío.

Por fortuna corren tiempos tecnológicos y ciertas preguntas tienen una respuesta a un clic de distancia.



Muy sospechosa la cabellera roja de la criatura de la noche que aparece sobre estas líneas. Ni en mi familia ni en la de Fiera ha existido nunca un pelirrojo, aunque he de reconocer que la prominente frente sí que la heredó de mí.


Y para los que todavía no conocen a mi verdadero bebé, se los presento.

 



Apúrense a comprarlo, restan 3 días para que sus nombres aparezcan en la lista de agradecimientos y sean uno de los 67 generosos padrinos (y contando) con los que cuenta mi pequeña criatura.  

 

1.-Felipe Diaz (DonPuri) 2.-Teresa Pallares 3.-Carlos Ortega 4.-Rodrigo Mendoza 5.-José Sosa 6.-Ivan Javier Peña Salinas 7.-Ivan Javier Peña Salinas 8.-Paco Lambea 9.-Ana Rosado Torres 10.-Josue Baqueiro Blanco 11.-Mar Adán Enriquez-Macias 12.-Lizbeth C. Azueta Gorocica 13.- Manuel Baqueiro Cano 14.-Fernando Ortega 15.-Jose Luis Mezquita Gomez 16.-José Mariano Leyva Pérez 17.Gabriel Cáceres 18.-Daniela Pérez Borges 19.-Teresa Santos Candila 20.-Fernando Manzanilla Casanova 21.-Héctor Balaguer 22.-Sergio Garcia Balan 23.-Raul Sánchez Díaz 24.-Sergio Bautista Aguayo 25.-Ana M Rosado V 26.-Adrian Alejandro Preciado Alvarez 27.-Wilbert Castellanos Arce 28.-Tecnología Turística 29.-Sunrise Divers/ Pontebuzo  30.-Rodolfo Glez Giovannetti Irigoyen 31.-Uriel Mateos Ramos 32.-Rigel Solis Rodriguez 33.-Eduardo Huchin 34.-Cecilia Arana 35.-Erendira Sandoval Álvarez 36.-Isamar Sosa 37.-Luis Luna Caballero 38.-Carlos Diaz Diaz 39.-Jorge Dzib  40.-Juan Manuel Arrigunaga 41.-Salim Eduardo Abud Rodriguez 42.-Daniel Solís Alcocer 43.-Daniel Solís Alcocer 44.-Daniel Solís Alcocer 45.-Daniel Solís Alcocer 46.-Daniel Solís Alcocer 47.-Jorge Alberto Valladares Guzman 48.- Tecnología Turística 49.-Rafael Fernández 50.-Lilia Ojeda Ruiz del Hoyo 51.-Adrián Escobedo Berndes 52.-Vanessa Bringas Medina 53.- Estefanía Soberanis Loría 54.-Rogelio Tello Alvarez 55.-Carlos Rosado 56. -Oziel Martínez Valencia 57. -Candy Pérez Dorantes 58.- Georgina Sanchez Arceo 59. -Eduardo Bargas Duran 60.-Luis Sandoval Encarnacion 61.-Carlos Felipe Vera Mendicuti 62.-Rosalinda Muñoz Rodriguez 63.-Marco Acosta Abeyta 64. -Elena Salcedo Ferrer 65.-Eduardo Bacardit Rubio 66.-Javier Busquets Serrano 67.-Denisse Barreiro

lunes, 27 de febrero de 2012

Los amigos de Fiera


Fiera antes de que yo convirtiera su vida en un paramo de aburrición


Sábado en la noche. Fiera me invita a salir con sus amigos rockeros famosos luego de un concierto. Tengo miedo. Me sudan las manos. Seguro cuando me vean lo primero que pasará por sus famosas cabezas será la pregunta obligada que le asalta a todo el mundo cuando me ven de la mano de mi chica: ¿cómo puede estar esta suculenta mujer con un pobre diablo?

No llevo ni 5 minutos en el bar y ya estoy borracho. Serán los nervios.





-Mucho gusto, señor Johnny Depp –le digo al músico disfrazado de Johnny Depp.

-Mucho gusto –me dice el músico con el semblante serio.

No funcionó mi chiste para romper el hielo, todo lo contario, una gélida atmósfera de incomodidad nos envuelve. ¿Cómo puede estar este retrasado mental con una mujer de semejantes tetas?, es la certeza que puedo leer en las pupilas de todos los famosos que me rodean.

En una esquina, agobiado de sacarse fotos cada 5 minutos, Jonás, uno de mis héroes musicales de la juventud, sonríe para complacer a todas sus fans que no cesan de acercarse a la mesa. Giran los dados y termino platicando con él. Intento disimular mi admiración hacia su persona. Estoy borracho pero no loco para confesarle que viví alcoholizado en mi adolescencia gracias a su música. Que nunca imaginé que muchos años después me estaría emborrachando con el artífice de mi alcoholismo.

-Te admiro mucho –le dicen a Jonás.

Yo me comporto indiferente. Incluso confieso que soy un ignorante en materia de música (cosa no muy alejada de la realidad). Jonás me mira como un gran tanque de oxígeno. Alguien que no le esté chupando los huevos. Mi comportamiento es calculado. Sé diferente al resto y triunfarás. Tengo la memoria velada de tantas cervezas. Solo sé que sigo platicando.

-¿Me puedo tomar una foto? –pregunta una mujer.

-Claro –dice Jonás.

Me hago a un lado pero la mujer me sujeta del brazo.

-¿A dónde vas? –pregunta sorprendida.

-No soy famoso –digo-, no quiero estropearte la foto.

-Claro que eres famoso –me dice ella-, llevas una hora platicando con Jonás, seguro que eres famoso.      

Esa chica me ha despellejado el significado de la palabra fama. Fama igual a mentira. Ilusión. Tomo nota mental de llenarme de amigos famosos.




Jonás no se acordará mañana de mi nombre. No importa. Mientras me vean con él pensarán que soy alguien importante. Que soy un escritor de talento ilimitado. Leído por las mentes más brillantes del país. Los imbéciles irán corriendo a comprar mis libros creyendo que soy un genio. Lo único que les importará es saber que están leyendo los libros que los famosos leen (aunque ningún famoso me lea). 

sábado, 21 de enero de 2012

Dividida entre dos hogares


Los que siguen este blog saben que mi chica está completamente loca. Uno de sus síntomas es que el amor que siente por los perros es infinitamente mayor al que siente por los humanos, en consecuencia, el cariño que le procura a la bestia de su mascota es superior al que me ofrece a mí, su pareja. Y no conforme con ello, me humilla públicamente dejándolo bien claro en las redes sociales. 





De a poco ha logrado que me vida se convierta en una puta telenovela





Photoshop cortesía del buen P

viernes, 6 de enero de 2012

Una historia navideña


Tengo muchas anécdotas con Fiera que me gustaría contar, por desgracia son tantas que me es imposible escribirlas todas, de lo contrario pasaría todo el día delante de la computadora y dejaría de vivir, así que tengo un filtro para reconocer qué anécdotas debo escribir y cuales no. Este filtro ocurre con la ayuda del Facebook.  Si  mis amigos comentan mucho (o mejor dicho, si los amigos de Fiera me llenan de comentarios humillantes), ¡bingo!, se que tengo que ponerme a darle a la tecla.





AQUÍ puedes leer la historia de mi suéter favorito.

martes, 6 de diciembre de 2011

Cachorro de colección en venta


Luego de dos semanas de gira artística, una enfermedad llamada dengue que me dejó tumbado en cama y encerrado en un departamento en el DF sin conexión a Internet, regreso a actualizar este blog rosa con un post que me dejará sin duda alguna como un mercachifle.
¿Eres una persona pudiente? ¿Solitaria? ¿Tienes alma filantrópica? ¿No ayudaste en el Teletón y te quedaste con ganas de salvar tu negra alma del Infierno? ¿Te gustan los animalitos pequeños?
Aquí están todas las respuestas que te ayudarán a no pasar una Navidad solo como un pobre perro.


Sí, un cachorro. Pero no cualquier cachorro. Este bello ejemplar es ni más ni menos que la hija de un perrito famoso.


Todos recordamos al adorable Taquito. Personaje de mi última novela. AQUÍ puedes ver bellas fotos de la interminable masculinidad de Taco. Y AQUÍ leer una de sus muchas aventuras, donde se demuestra que el bueno de Taco tiene genes indestructibles (que naturalmente ha heredado a su cachorro).


No dejes pasar esta oportunidad única. La hija de Taquito puede ser tuya por tan solo 10 mil pesos. Pero ojo, si dices que la viste en Pildorita de la Felicidad los duendes de la Navidad te harán un descuento de 2 mil pesos.
Oíste bien. Esta bella criatura peluda puede ser tuya por tan solo 8 mil pesos.

¡8 MIL PESOS!

¡Apártala YA!

viernes, 18 de noviembre de 2011

Ninel y el cochino


Por cosas que tiene el destino, ayer en la madrugada terminé en el cuarto de hotel con Ninel Conde y mi chica. La crónica será parte de mi novela Fiera Rodríguez. Así que por el momento, les quedo a deber la historia (al igual que la crónica del concierto de Calle 13). Pero para que no se diga que soy un mentiroso, les dejo una imagen y un video memorables del concierto de ayer.





P.D. Éste sí que es un puerquito feliz, no como el que subimos ayer.

lunes, 3 de octubre de 2011

Mi chica es una superestrella


Con la nueva de que Fiera ha triplicado sus calenturientos seguidores del Twitter gracias a esto:



Un orgullo aparecer en un medio tan fino, responsable de noticias de este calibre:


Gracias a la censura, todos los padres de familia pueden estar tranquilos.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Soy un idiota


Mediante este post hago del dominio público que soy un idiota (algo evidente para ustedes) por no escuchar a mi chica cuando me dijo que Taquito tenía una aguja atorada en la garganta.
Hace unas horas, en la madrugada, Fiera experimentó el horror al darte otro pedazo de carne a su hijo. Taquito lloró y se revolcó como un poseído. Mamá (una heroína) le sacó de la boca esto:



miércoles, 14 de septiembre de 2011

El perro y la aguja




Fiera tiene un radar para despertarme en mitad de mis siestas.
-¿Bueno?
-Algo le pasa a Taquito.
-¿Qué le pasa?
-Se ve raro.
-¿Cómo qué se ve raro?
-No ladra, no corre, no muerde.
-Vaya, ya era hora que dejara de comportarse como un psicópata.
-Está rarísimo. ¿Qué hago?
-Pues nada, déjalo así.
-¿No me estás escuchando? Te digo que algo malo tiene. Tengo miedo. Te juro que si algo le pasa mato a mi mamá.
-¿Y qué culpa tiene tu mamá en esto?
-¡Toda!
-…
-La idiota anda dejando agujas tiradas por el piso.
-¿Y?
-Seguro Taquito se comió una aguja.
-No conozco a ningún perro que se haya comido una aguja del piso.
-Es que estaba cocinando y... y… y le di un pedazo de carne a Taquito. Te juro que no tenía hueso, lo chequé. Se lo tiré al piso y seguro se le pegó una aguja.
-¿Sabes cuales son las probabilidades de que haya una aguja justo en el lugar donde tiraste el pedazo de carne?
-Lo sé, solo era un pedacito. Chiquititito.
-¿Entonces?
-Taco se empezó a ahogar. Pegó un grito. Me asustó. Bajé la mirada y vi el pedacito de carne en el suelo. Lo escupió.
-¿No estaría muy caliente la carne?
-¡¿Crees que soy idiota?! Toqué la carne antes de dársela. Estaba tibia.
-Igual y se quemó.
-¡Te digo que no! Se tragó una puta aguja. ¿Qué hago?
-Llama al veterinario.
-Está tosiendo. No sé qué hacer.
-Yo tampoco, no soy veterinario.

* * *

Entro al salón de belleza. Fiera tiene una cara de 3 kilómetros de largo. No me dirige la palabra. Taquito sale disparado a saludarme. Mueve la cola. Brinca. Me he ganado su cariño y respeto a base de periodicazos.
-¿No lo ves raro? –me pregunta Rina, la empleada de Fiera.
-No, lo veo igualito.
-¿Cómo no lo vas a ver raro? Míralo bien –brama Fiera.
-Lo veo igual que siempre.
Subimos al volcho. Taquito asoma la cabeza por la ventana como todos los días. Intenta ladrarle a los vendedores ambulantes cual psicópata que es. Fracasa. Tiene una arcada. Y luego otra.
-¿Ves? Te lo dije.
-No vomitó nada.
-Por eso, está intentando vomitar la aguja. Tiene algo. ¿No lo notas?
-No lo sé. No soy veterinario.

* * *

Fiera no me dirige la palabra en toda la noche. Ni siquiera tiene la educación de disimular su odio hacia mi persona.
-¿Qué te pasa Fierecita? –pregunta mamá-. ¿Estás molesta?
-Sí. Taco tiene algo. Seguro se tragó una aguja.
-¿Una aguja?
Fiera explica con lujo de detalles su teoría.
-Si estás tan convencida de que se tragó una aguja, vamos a llevarlo al veterinario –opino.
-Pero tú dime, ¿cómo ves a Taco? ¿Lo ves raro?
-Te digo que lo veo igual que siempre.
-¿Y los vómitos?
-¿Qué vómitos? No vomitó nada.
-Por eso, está raro, algo tiene. No quiere jugar con Mía y Blacky. ¿Qué crees que sea?
-Te repito, no soy veterinario.
Mamá sabiamente escapa de la cocina.
-¡Contigo no sé puede contar para emergencias!
-¿Tengo cara de veterinario? Si tan mal lo ves, te digo que lo llevemos al veterinario.
-¡Va a salir carísimo! ¿Sabes cuánto cuestan los rayos X?
-Entonces no lo llevamos. Fin del problema.

* * *

Taquito amanece tan radiante como todos los días. Salvo que no hemos tenido el placer de ser despertados por sus ladridos infernales.
-¿Lo ves raro?
-Lo veo igual que siempre.
-Míralo, ya está empezando con los vómitos.
-Intentos de vómitos, dirás.
-Te digo que se tragó una aguja.
Solo una persona puede poner fin al odio que crece en el interior de Fiera: el veterinario.
-Vamos a echarle un ojo –el veterinario le abre la boca a su paciente. Taquito forcejea. Escapa de las manos de Fiera.
-Agárralo, tú tienes más fuerza –me ordena Fiera.
-No se trata de fuerza –interviene el veterinario-. Yo me encargo.
El veterinario manipula a Taquito. Le palpa la barriga. Le abre la boca. Le ausculta con una lamparita la garganta.
-¿De casualidad ven el programa Qué comió mi perro? –pregunta.
-Sí, por eso creo que se comió una aguja.
El veterinario ríe. Menea la cabeza.
-Ese programa es una basura, pero me está haciendo rico. No tienes ideas de cuantas llamadas recibo al día de señoras que creen que su perro se está muriendo.

* * *

Entramos al salón de belleza. Aguardo el tiempo prudente para regodearme.
-¿Y qué tenía? –pregunta Rina, la peluquera.
-Absolutamente nada, el perro está sano –es tiempo del regodeo.
-Eso es lo que dice el veterinario. Pero lo dudo –Fiera llena de besos a Taquito-. Ni siquiera lo revisó bien. Pinche consultorio todo jodido. Ni máquina de rayos X tenía. Estoy segura que Taquito se tragó algo.
-Sí, el pedazo de carne que tú le diste.
-¡¿Y tú de cuándo a aquí eres veterinario?!

jueves, 26 de mayo de 2011

El precio de ser escritor 4 (el Dios del Trueno)




El hombre de moda es Thor y mi chica quiere verlo. Todas sus amigas (y amigos) le han dicho que tiene que ver con sus propios ojos (y si es posible con la ayuda de los lentes 3D) al rubio fortachón. Pese a las creencias bien fundamentadas pero erróneas en relación a mi bisexualidad de mi amigo Juanito, el caricaturista profético, yo no tengo ánimo de ver a una masa de músculos que lucha por la justicia y el honor en el Universo.

-Anda, vamos, yo invito –insiste mi chica, conocedora de mi hombría y de mi pobreza-. Quiero que los pezones de Thor me saquen los ojos.

Llegamos a plaza Alta Brisa. Los boletos están agotados.

-Vamos a la Gran Plaza –mi chica pone ojitos de cachorro.

Hay suerte (entre comillas). La muchacha de la taquilla nos dice que hay boletos disponibles pero solo para la última función, de las 10:30 p.m. Paseamos por la plaza para hacer tiempo. O mejor dicho, me la paso escondido tras las puertas de todas las tiendas para que ningún ex compañero del colegio me reconozca y me saque plática y tenga que verme en la bochornosa necesidad de decirle que vivo en casa de mamá a mis imberbes 31 años.

-Uy –mi chica se muerde el labio inferior de la boca al mirar los boletos que compró hace dos horas-, la peli está en español.

-Pues ahora mismo vamos a la taquilla a que nos devuelvan tu dinero –digo muy seguro de mí mismo.

-No, por fa –me suplica mi chica-, en verdad quiero verla.

-Pero está español, seguro Eugenio Derbez hizo el doblaje –me quejo con amargura.

Mi chica me abraza, me acaricia, me hace mimos y me dice que haga un esfuerzo. Le explico que por ella hago lo que sea, pero no se trata de un esfuerzo, sino de dignidad, que si colaboramos comprando boletos para películas dobladas al español, los imbéciles empresarios de los cines van a pensar erróneamente que todos los mexicanos somos unos analfabetos, y en cosa de nada, al igual que pasa en Campeche, todas las películas vendrán traducidas.

-Cállate y entra a la sala –me empuja mi chica.






Thor no es la gran cosa. No sé por qué tanto alboroto. He visto a hombres más fuertes en la lucha libre de los gringos. Además, no creo que valga la pena pagar un boleto de 50 pesos para verle los chuchos al Dios del Trueno por 5 segundos.

-¿Eso es todo? –se indigna mi chica-. ¡Gran cosa!

-Baja la voz, no estás en tu casa –me escondo tras mi butaca.

-Pues para que lo sepas, yo he estado con hombres más fuertes.

-Deja de avergonzarme –saco la cabeza como una tortuga fuera de su caparazón-. Y te prohíbo terminantemente que en mi presencia hables de tus conquistas pasadas, al menos de los que estén más fuertes que yo.

-Bah, faltaba más –explota mi chica mirando de reojo mi panza; medio cine para oreja-. Lo que es una verdadera vergüenza es que tú hayas andado con mujeres más gordas que yo, y todavía tenga la desvergüenza de publicarlo en tu blog.


lunes, 16 de mayo de 2011

El precio de ser escritor 3 (finalmente la moda está de mi lado)


Mi chica quiere comprarle un regalo a mi sobrino.

-No tienes que regalarle nada –digo.

Mi chica odia que sea un hombre tacaño, poco detallista. Frunce el ceño y dice:

-Llevo meses esperando su cumpleaños, quiero regalarle un Buzz Lightyear.

-Ya tiene como veinte Buzz Lightyear.

-¿Me vas a llevar a la plaza, sí o no?

Su pregunta no es una pregunta, es una amenaza.

Entramos a la juguetería. Me alegra que mi chica no quiera tener hijos. Todos los juguetes además de ser una porquería, están carísimos.

-Yo le voy a comprar esta pelota –digo, blandiendo el juguete más barato que encontré luego de una exhaustiva búsqueda.

-¿Una pelota de plástico?

-Sí, una pelota plástico –me desmarco astutamente de compartir los gastos de un Buzz Lightyear karateka.







Salimos de la tienda de juguetes. Mi chica se desquita de mi tacañería diciéndome que demos una vuelta por la plaza. Odio dar vueltas por las plazas. Corro el riesgo de toparme con algún ex compañero de la escuela y tener que saludarlo, ponerlo al corriente de mi insípida y patética vida. Miro la hora en mi celular.

-Anda, será rápido –insiste mi chica.

Dicho y hecho: veo a un ex compañero de la universidad. Dos niños tiran de sus bazos. Mi amigo tiene la mirada muerta, perdida, extraviada. Igual la gorda de su mujer. Mi ex compañero no es ni la sombra de lo que fue en la licenciatura. Pareciera que una bola de manteca lo devoró y sus facciones quedaron impresas en ella. Abrazo a mi chica, le zampo un beso de lengua.

-¿Qué haces? –se despega de mí.

-¿Está prohibido besarte?

-Nunca me besas en la boca, menos en público.

-Me dieron ganas –digo.

Con el rabillo del ojo veo a mi ex compañero y a su elefantiásica mujer perderse por los pasillos.

-Bueno, ya que estás tan romántico –dice mi chica-, acompáñame a Zara, solo será un segundito.

Sé que ni soñando será un segundito. Miro mi celular y han pasado 20 minutos. Mi chica entra al guardarropa cargando media docena de vestidos.

-Quédate aquí afuera para que veas cómo me quedan.

Lejos estoy de ser Richard Gere en Mujer bonita. Soy un hombre de mediana edad con un conato de panza que agradecería que le salieran canas en vez de estar perdiendo todo el pelo. En cambio, mi chica sí que es Julia Roberts. Pero no la Julia Roberts de Mujer bonita, sino la Julia Roberts de Erin Brockovich. El otro día pasaron la película en TNT y poco me importó que estuviera traducida y que ya la hubiera visto una decena de veces. No pude dejar de verla. Julia sale con unas tetas enormes, minifaldas y una melena de leona.

-¿No se parece a mí esa vieja? –preguntó mi chica y esa noche hice realidad una de mil fantasía eróticas que tengo con famosos de Hollywood.




Con las piernas entumidas, pienso en lo afortunado que soy de tener por novia a Erin Brockovich. Podría esperar dos horas más de pie. O tal vez no. La zona de probadores de Zara es un cuarto rectangular largo, a los costados están unos cuartitos donde las mujeres se cambian de ropa y luego tienen que salir a mirarse a un espejo enorme empotrado al fondo del pasillo. Dos novios torturados como yo esperan pacientes a que sus chicas salgan de los probadores y se miren en el espejo comunitario para luego darse la vuelta y preguntarles: ¿cómo me queda?

¿Realmente a una mujer le importa la opinión de su novio? Una mujer chaparrita sale disfrazada con un vestido café con unos alerones de tela que le cuelgan de los brazos. Su novio menea de arriba abajo la cabeza en signo de aprobación. Su chica es una ardilla voladora, pero, naturalmente, por instinto de supervivencia no sé lo va a decir. Luego sale la otra novia, una mujer insípida, de rostro perfectamente olvidable, enfundada en un camisón de dormir. El novio piensa lo mismo que yo, pero hay que ser un tonto redomado para decirle a tu chica que su vestido en realidad es un baby doll.

Toca el turno de mi chica. Sale del probador. Se mira en el espejo, se da la vuelta. Es Julia Roberts en Mujer bonita, pero a la inversa, es decir, antes de que Richard Gere la llevara a las tiendas de ropa de marca, antes de que la quisiera sofisticar, convertirla en una dama de alta sociedad. Para un hombre como yo, de la generación en donde tenías que imaginar tetas en mitad de la estática en los canales porno bloqueados del cable, estoy encantado que los diseñadores insistan en disfrazar de callejeras a las mujeres.

-¡Y está en oferta! –dice eufórica mi chica.

En la cola de la caja cometo el error de decir que me alegro de no ser mujer. Qué ni loco pagaría 500 pesos por un pedacito de tela.

-¿Eso quiere decir que nunca me vas a comparar vestidos?

La señorita de la caja se nos queda mirando.

-Cuando sea un escritor famoso te compro lo que quieras –miento.

Mi chica saca su tarjeta de crédito, mientras paga observo unas fotografías sobre la cabeza de la cajera: una modelo, o mejor dicho, un alambre humano viste unos jeans y una blusa blanca.






-¿De qué te ríes? –pregunta mi chica.

-Están locos los diseñadores –digo-. Ni en los campamentos nazis las mujeres judías estaban tan flacas.

-Qué exagerado eres –mi chica vuelve a fruncir el ceño-, me encantaría estar así de flaca.

Obvio que no se lo digo, pero al paso que va mi carrera literaria, su deseo va que vuela en convertirse en una realidad. De lo único que podremos alimentarnos será de amor y de aire.

miércoles, 11 de mayo de 2011

El amor de mi chica


Taquito es el perro de mi chica, a simple vista, un perro adorable.





Muy obediente, tanto, que no se pierde el programa de Cesar Millan, alias, El encantador de perros.




Sin embargo, Taquito es un pervertido. El primer síntoma fue travestirse.





Todas las mañanas se para en la puerta, paciente, para salir corriendo a la calle y que lo chuleen los perros del vecindario.





Que no lo engañe su cara de inocencia.





Yo sé lo dije a mi chica, ese perro está torcido: cuestión de mantenerle la mirada por unos minutos.





Cuando cree que nadie lo está mirando, arremete contra su victima preferida:





Naturalmente esto no es impedimento para que mi chica lo ame y diga que es hermoso.





Hasta podría ser una superestrella, dice mi chica, bien podría ser el rostro de Purina.





¿Rostro de Purina? Ja-ja, miren como me río. Éste es el verdadero rostro del perro, justo antes de saciar sus más bajos instintos:





De lo único que podría ser estrella Taquito es del porno canino, es el Dirk Diggler de los perros.





Lo odio, de apoco, me ha robado el amor que antes me procuraba mi chica.





AQUÍ, una historia literaria de Taquito.



viernes, 29 de abril de 2011

El precio de ser escritor 2 (Los daños colaterales de una boda real)





Suena el timbre.

Bajo las escaleras.

Antes de abrir la puerta de casa de mamá, escucho una conversación en el garaje.

-No mames, no mames –dice una voz de niña-. ¿De quién es ese volcho, wey?

-De mi novio –dice mi chica, no sin tomarse largos segundos de duda.

-Nooooooooo –exclama la niña-. No es cierto, wey.

-Sí –dice mi chica, resignada.

-Qué asco, wey.

Abro la puerta. La cara de mi chica está roja como un tomate. Bucky, Taquito y Mía dan brincos alrededor de ella para recibirla. La niña, la prima más pequeña de mi chica, intenta acariciar a su ex mascota: Taquito, suelta una dentellada, al parecer en venganza por los días en que fue confinado al cuarto de baño de la servidumbre en el penthouse donde era rehén del olvido.

-Ay, me mordió –dice la niña.

Sonrío. Confieso que he colaborado con mi granito de arena en el resentimiento del perro: cuando mi chica me lo deja en casa para que lo cuide, lo que hago es poner delante de sus pequeños ojos de canica una fotografía de su ex dueña y asestarle cinturonzazos.

-Ay, ¿qué le pasa? –grita la niña y se echa a correr a una lujosa camioneta Escalade donde la espera un chofer.


Media hora más tarde…


-A esta clínica voy a ir para que me operen la nariz –dice mi chica.

Me acerco a la laptop. En pantalla veo la imagen de una mujer donde comparan el antes y el después de la operación.





-Se veía mejor antes de la operación –digo.

-Solo lo dices porque no quieres que me opere –se cruza de brazos mi chica-, mírala bien, checa cómo le perfilaron la nariz, es una operación sutil, muy discreta, casi ni se nota.

¿Por qué las mujeres siempre justifican las operaciones? Si las cirugías son sutiles, tan discretas, entonces, ¿para qué gastar miles de pesos en algo que nadie notará? Observo una vez más la imagen. Es un hecho: no existen operaciones sutiles, discretas, la mujer de la fotografía era más hermosa antes, antes que le dejaran una nariz respingada y larga como pinocho, un ojo rojo y unas ojeras de mapache.

-¿Y bien? –me interroga mi chica-. ¿Verdad que ni se nota la operación?

Debo ser cuidadoso en mis palabras. Los últimos días mi chica ha estado irascible, esto lo atribuyo a la visita de sus tíos multimillonarios, quienes la pasean en sus autos de lujo, le presumen sus compras en Nueva York y Londres, la llevan a comer a restaurantes finos y caros.

-La verdad me gusta tu nariz tal y como está.

-No es verdad.

-Qué sí.

-Qué no.

-Qué sí.

-Claro que no, la otra vez dijiste que mi nariz parecía una berenjena.

-…

-Y tienes razón, parece una berenjena, por eso quiero retocármela.

-Bueno, sí parece una berenjena, pero una berenjena bonita.

-Eres un idiota.


Dos horas después…


-¿Qué te pasa? –pregunto.

-Nada –responde mi chica mirando al vacío.

-¿Qué te pasa?

-Nada.

Podríamos pasar dos horas más repitiendo los mismos diálogos. Sé perfecto qué le pasa a mi chica. He aprendido a leer sus ojos. A interpretar sus silencios. A descifrar cada uno de sus movimientos y muecas. A identificar el olor de sus pedos. La amo. Es la mujer de mi vida. Sus ojos me dicen que ella está triste. Está triste porque tengo un volcho que en realidad es un horno de microondas que nos derrite y hace sudar como marranos cada que salimos a la calle; y nos hará sudar por muchos años más porque el sueldo de un escritor no alcanza para comprar coches último modelo con clima. Está triste porque en vez de comprarle el anillo Swarovski que quería solo me alcanzó para regalarle unos jeans en rebaja. Está triste porque no puedo costearle ni una sola de las operaciones que quiere hacerse, en especial la cirugía de nalgas para tener un culo igual de grande y monumental como el de su ídola Ninel Conde.






-¿Estás triste por lo que dijo tu prima, verdad?

-Sí.

-¿Te da vergüenza estar conmigo?

-No seas idiota.

-¿Entonces?

-No quiero ser pobre.

-No somos pobres.

-Pero lo seremos.

-…

-¿Ves? Sabes que lo seremos. Y odio que no me apoyes en mis proyectos. En algo que me hará feliz.

-De qué hablas.

-De mi nariz. La odio.

-Está perfecta. Tú eres perfecta. Me encantas. Te amo tal y como estás.

-Pues yo no. Y voy a operarme la nariz. Y quiero que me apoyes, así como yo apoyo todas tus pendejadas.

-¿Qué pendejadas?

-La pinche revista esa en la que colaboras. El puto gordo argentino es un soñador igual que tú. Los argentinos son unos ladrones. No confío en ellos, menos en los gordos. ¿Cuántas más revistas piensan vender? Todas las que has vendido te las han comprado tus primos por lástima. Y por si fuera poco las vendes a lo que te costaron. ¿Dónde está el negocio? Exijo que las vendas más caras o no vuelvo a prestarte mi tarjeta de crédito para que hagas más pedidos.


A las 2:30 de la madrugada…






-¿Por qué lloras? –pregunto sorprendido.

-…

-Pensé que odiabas a las monarquías.

-No odio a las monarquías –se limpia las lágrimas mi chica-, odio no pertenecer a las monarquías.

-…

-¿Viste esos vestidos, esos anillos, esas cirugías?





http://youtu.be/c6vTcn_bdLY


-No lo pudo creer –digo indignado, pataleando, frunciendo el ceño.

-¿Y ahora qué no puedes creer?

-Lo que le preguntó el Padre a Kate.

-¿Qué tiene, qué le preguntó?

-Que si acepta a William como su esposo tanto en la riqueza como en la pobreza.

-…

-¿Qué? ¿Por qué me miras con esos ojos?


Minutos más tarde…





Mi chica me advirtió que quizá pueda tolerar la pobreza, pero la pobreza en compañía de un hombre arrugado… jamás.