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martes, 1 de abril de 2014

Mamá se empeña en ser una celebridad



-¿A que no adivinas de dónde estoy viniendo? –me pregunta mamá emocionadísima con una sonrisa de oreja a oreja.

-No tengo idea –respondo de mala manera porque soy una mierda de ser humano que odia su trabajo porque no me deja tiempo para actualizar mis blogs relatando escandalosas historias familiares.

-Vengo de la grabación de un video musical –dice mamá llena de orgullo-, mi amiga Mimosa me dijo si no quería salir de extra en el video de Axel Simens.

-Ah, felicidades –digo con desgano y clavo la mirada en el vacío.

-¿Qué no es muy famoso ese tal Axel?

-No tengo idea quién es Axel –respondo cortante intentando dar por cerrada la conversación para poder sumergirme en mis oscuros pensamientos de cómo entrar un buen día a la agencia donde trabajo y tirar varias granadas de fragmentación para cegar la vida de todos los esclavos que laboran conmigo.

-¿Cómo no vas a conocer a Axel? Es súper famoso –insiste mamá-, una de sus canciones sale en la telenovela de las nueve.

-No tengo idea de qué me hablas, al único Axel que conozco es a Axel Rose, un gordo calvo patético que canta rock.

-¿Axel Rose? No, yo te hablo de Axel Simens, no está tan gordo, aunque calvo sí está, tenía una asistente arreglándole el peluquín cada cinco minutos. El director del video me dijo que me parara junto de él y que…

En mi mente un montón de granadas de fragmentación revientan, dando paso a un hermoso desfile aéreo de brazos y piernas que salpican techo y paredes con sangre y entrañas.


15 días después







sábado, 11 de enero de 2014

Malditas redes sociales


Cuando estaba en la preparatoria, mamá se las ingeniaba para avergonzarme públicamente de diversas maneras; su preferida era gritarme por los pasillos del colegio:

-¡Hola bebéééééééé!

Ahora que soy un señor de 33 años, ocurre esto:


P.D. Son las 5 p.m. y sigo en la oficina. ¿Quién dijo que trabajar como creativo en una agencia de publicidad era divertido?

viernes, 1 de febrero de 2013

El rescate




Quizá algunos no lo sepan, pero la semana pasada me operaron de la rodilla izquierda. El resultado de esta operación, además de un dolor indescriptible, me ha granjeado una deuda enorme.

En menos de 2 meses tengo que pagar casi 30 mil pesos. De lo contrario, algunos prestamistas vendrán a romperme la pierna derecha.   

No recuerdo otra época donde la haya pasado tan mal. En mes y medio se me han juntado todos los problemas que no había tenido en toda mi vida.
 



Para los que no lo conozcan, él es Taco. El más grande amor en la vida de Fiera. Durante todo este tiempo que he permanecido en cama, se me ha quedado mirando con su distorsionada mirada de psicópata, como si quisiera decirme algo.
 

Ojalá mueras


-Voy a tener que prostituir a Taquito –dice Fiera con los ojos acuosos.

Siendo Taco un perro hermoso y cotizado en el medio canino, no faltaron las ofertas. Esta tarde una señora trajo a su yorkie para que Taco la preñara. Pagaría 2 mil pesos por la monta.  




Los dos mil pesos más fáciles del mundo, pensé ingenuamente. A ese paso, seguí soñando con los ojos abiertos, Taco podría darnos una vida de reyes.



 
Por desgracia, Taco resultó ser todo menos un semental. Al parecer el amor que siente por sus peluches (en especial la gatita de los Aristogatos) es más fuerte que las feromonas de una perra en celo.

O eso es lo que ha aprendido desde que lo obligué a leer Cien Años de Soledad.
 


viernes, 6 de abril de 2012

El psicólogo de perros



Este domingo, en el suplemento dominical del periódico El Universal aparecerá un ilustrativo y extenso reportaje que le hice al único psicólogo de perros de Yucatán. Si tienes perros en casa, no te lo puedes perder. En especial si crees que tu perro es tu hijo, como el caso de esta señorita.

Y para finalizar este post informativo, los dejo con un video de mi hija, perdón, con mi perra Mía, quien reclama atención cuando la ignoro por estar tantas horas delante de la computadora.  




jueves, 8 de marzo de 2012

Pildorita estará en la FILEY


Hace un par de horas me llama mamá al celular indignada:

-Me acaba de decir una amiga que el lunes darás una conferencia –resopla-, ¿no pensabas decirme nada? ¿Estoy pintada? Nada me daría más gusto que ver a mi bebé hablando en público. ¿Recuerdas cuando recitabas poesías con Los Legionarios de Cristo? Te veías tan hermoso. Siempre supe que tenías facilidad para la palabra, para conmover, convencer a la gente…

Aterrorizado asiento el celular sobre el escritorio. No podía existir nada más alejado de la realidad. Mi lengua se enreda en automático cuando hay más de tres personas escuchándome.

-Estaré en primer afila apoyándote, bebé –escucho la voz de mamá saliendo de mi celular.

A todos los que quieran presenciar un espectáculo patético, están invitados (o mejor dicho, advertidos).




¿De qué hablaré? Seguramente de historias como ÉSTA.

lunes, 30 de enero de 2012

Terrible susto


¿Se acuerdan de Randy Constan? En Pildorita de la Felicidad jamás olvidaremos a este rocambolesco y espeluznante personaje. 




Esta mañana casi muero del infarto al encontrar evidencia contundente de que el bueno de Randy finalmente logró escabullirse dentro de casa.





Estuve dos horas encerrado en el baño hasta que comprendí que si el señor Constan, alias, Peter Pan, quisiera realmente sodomizarme, tan solo tendría que tumbar la puerta con sus poderosos brazos de luchador.

Entonces la terrible verdad salió a la luz:





Definitivamente hubiera preferido pasar una noche con Randy que ver a mamá usando semejante indumentaria.

¡Sí, se acerca el Carnaval, tiempo de perder el poquito pudor que tenemos!


jueves, 12 de enero de 2012

Salir en la foto



Probablemente los más sabios son los que no se dejan fotografiar, los que esconden su rostro de la mirada ajena, depredadora, los que huyen del exhibicionismo y el afán de salir en los periódicos a cualquier precio. Los demás, los más tontos, tenemos que aprender a convivir con nuestras fotos, un ejercicio que a menudo resulta doloroso. Las fotos del pasado suelen ser como las amistades que se han perdido o las novias de tiempo atrás: uno no puede explicarlas, son tatuajes, heridas, cicatrices, el recuerdo sistemático de que si algo ha perdurado en nosotros es la idiotez campante y atrevida. Uno ve esas fotos antiguas, esos peinados tan raros y bochornosos, aquella ropa improbable, todas las caras de nuestro pasado indefendible y se queda triste, demudado, como si esas fotos pertenecieran a otra persona, a otras personas, a una gente que se llamó como nosotros pero que ahora nos resulta extraña, odiosa, irritante. Y aunque las fotos de nuestro pasado nos parezcan generalmente espantosas, seguimos dejándonos retratar, exhibimos nuestras fotos, las compartimos con los extraños, queremos verlas en los periódicos y en eso que algunos llaman pomposamente “las redes sociales”, tal vez porque suponemos que las fotos de ahora serán mejores que las de antes, pero es solo cuestión de dejar pasar el tiempo para que todas nos parezcan igual de deplorables y nos remitan a la misma pregunta: ¿en qué estábamos pensando, por el amor de Dios?

Jaime Bayly (artículo: Salir en la foto)


Ahora entiendo por qué P nunca ha querido figurar en este humilde blog, ni aparecer en ninguna foto familiar, ni mucho menos tener Facebook.




martes, 10 de enero de 2012

En la vida real Bicho regala mejores cosas





Por ejemplo, gracias Bicho aparecí en la mejor revista del mundo, y ahora me leen hasta en el culo del mundo. Pero si vamos a cosas tangibles, materiales, es por ella que no salgo a la calle como Adán. Estas son algunas de las finas prendas de marca que me ha obsequiado para horror y vergüenza de mi chica




viernes, 9 de diciembre de 2011

Reconstruyendo a papá


-Sólo los pendejos se mueren -decía papá con magnificencia, descaro y con un airecillo de semidios del Olimpo.

Mamá, aterrada, le decía que dejara de decir esas cosas, que todos nos íbamos a morir tarde o temprano, pendejos y no pendejos. Papá me miraba de reojo y se reía. Le gustaba asustar a mamá. Luego decía que su máximo sueño en la vida era comprar una avioneta y manejarla él solito hasta el Gran Cañón del Colorado y estrellarse contra una de sus montañas de roca.

-Deja de decir sandeces -le reprimía mamá.

Sin embargo, papá lo decía serio. Nada de mirarme de reojo y de sonreírme cómplice.

-Nunca te cases -decía-. El peor error de mi vida fue casarme.

Este último comentario lo hacía, por lo general, delante de mamá, lo cual me parecía una crueldad terrible.

-Gracias, ha sido un placer arruinarte la vida -decía mamá sin mostrar ni una sola emoción y luego se iba a la cocina a preparar la deliciosa comida de todas las tardes.



Papá decidió un día que había llegado el momento de que mi hermano y yo nos hiciéramos hombres, y para lograr tan noble empresa, compró un caballo.

-Desgraciada cantina donde se lo habrá ofrecido alguno de sus amigotes borrachos -reclamó mamá.

-Es para mis hijos -justificó papá su impulsiva compra.

El equino resultó ser un ejemplar albino de crines doradas.

-Anda, acarícialo -dijo papá-. No le tengas miedo, que puede olerlo.

Demasiado tarde. Fue terror a primera vista. La bestia del infierno me miraba con ojos enloquecidos y relinchaba cada que intentaba acercármele, o quizá era el comportamiento natural en un animal que de la noche a la mañana se vio rodeado trascabos, volquetes y otras máquinas pesadas.

Mamá me contó que la única vez que estuvo segura de que iba a morir fue gracias a un caballo que se desbocó, y de no ser por que era una jovencita robusta con fuerza de hombre hubiera salido disparada contra las rocas del rancho de su tío Andrés.

-Este caballo me lo recuerda mucho -dijo.

Papá jamás nos obligó a mi hermano y a mí a montar el caballo albino, o tal vez fuera que no le dio tiempo de convertir de una vez por todas en hombrecitos a sus retoños gracias a que su nueva adquisición amaneció tan tiesa como una barra de acero a los pocos días. Al realizarle la autopsia se descubrió que la dieta del infeliz animal consistió en todo tipo tuercas y tornillos y en una buena dosis de diesel que los mecánicos del taller vertían en su bebedero todas las mañanas para darle más caballos de fuerza.


* * *


Si el reloj marcaba las diez de la noche y las llantas del coche de papá no se oían chirriar contra el garaje, todos nos poníamos a temblar.

Durante un tiempo, los buenos tiempos, la mejor estrategia era apagar las luces de las habitaciones de la segunda planta y hacernos los dormidos. Si bien nos iba, papá amanecía dormido en una silla de la cocina. O tirado en mitad de la sala con un sándwich en la mano lleno de hormigas. Luego llegaron los tiempos malos. La crisis del ´94. Papá tuvo que cambiar su flamante auto último modelo por un volcho, y de ahí en adelante decidió que debía despertar a mamá para que le hiciera la cena como bien merecía un hombre que se rompía el lomo todo el día en una fábrica. Tenía dos métodos: uno, aventarle un almohadazo; el otro, levantarla a punta de insultos.

Una noche, pasadas las doce, escuchamos las llantas del volcho crujir sobre el garaje. Mamá nos pidió a mi hermano y a mí que nos quedáramos a dormir en su cuarto. Sólo yo accedí. Papá entró en la habitación, apreté con furia los parpados. Él encendió la luz y comenzó su ritual de palabrotas. Le regaló a mamá un repertorio de florituras dignas de un trailero. Ante este escenario, con mamá llorando sobre la cama, lo único que se me ocurrió fue abrir los ojos e ir a sentarme junto de ella y abrazarla. Y llorar como la hija que siempre quiso y finalmente tuvo, pero que dormía plácidamente en otra habitación.

-Vas a despertar a Bicho -dijo mamá en medio de sollozos.

-Cállate, pendeja -dijo papá aventando un cenicero que se hizo pedazos contra la cabecera de la cama-. Todo es tu culpa. Todo es tu pinche culpa.

Papá nunca le pegó a mamá, pero esa noche tuve mis dudas. Él se acercó a nosotros, mamá y yo llorando abrazados como unas magdalenas desamparadas, la sujetó del brazo y le volvió a decir:

-Todo es tu culpa, pendeja.

Los ojos desorbitados y llorosos de papá eran los de un borracho capaz de todo.

-Suéltala o te mato -dijo una voz en la habitación.

Era mi hermano. En pijama. Con su cuerpo de linebacker de los Acereros de Pittsburgh.

Papá ignoró a mi hermano como lo hizo conmigo. Como si nunca hubiera tenido hijos y ambos fuéramos unos fantasmas. Grave error. Mi hermano sujetó a papá por los brazos y lo empujó como un muñeco de trapo contra la pared.

Nunca supimos si papá se desmayó o se quedó dormido o simplemente fingió dormir o caer desmayado al perder su honor a manos de su primogénito. Fuera lo que fuera, mi hermano tomó de la mano a mamá y se la llevó a nuestro cuarto.

Apagué la luz del cuarto de mamá y en vez de irme con ella y mi hermano, subí a la azotea y me quedé allí preguntándome la madrugada entera qué demonios eran los que despertaba el alcohol dentro de ese señor que podía ser un ángel de día y un diablo de noche.



Un derrame cerebral sorprendió a papá en la lomita de pitcheo de la cancha de softball del Club Campestre al relevar a mi hermano luego de que al pobre le habían caído a palos desde muy temprano en la noche. Mamá y Bicho estaban en las tribunas, lo cual incrementó el horror. Faltaban pocos días antes de darle la bienvenida al cacareado milenio, lo cual lo hacía especial, al menos para papá y para millones de mexicanos, que esperaban con ansias, relamiéndose los bigotes, la entrada del nuevo Presidente de la República, que por primera vez en 71 años era uno que no pertenecía a la dictadura del PRI.

Todo esto ocurrió mientras yo me encontraba a cientos de kilómetros de casa; estaba en el DF y daba por sentado que era el hombre más feliz del mundo gracias a que papá me había pagado un boleto de avión para que fuera a visitar a mi primera novia, Paulina, psicóloga cinco años mayor que yo que conocí en las vacaciones de verano en Isla Mujeres. Gracias a Paulina descubrí mi vocación por las letras. Todas las noches en vez de hacer mis tareas de la universidad, me sentaba en la sala de la casa y me volcaba sobre mis libretas a componer toda suerte de poemas empalagosos, desbordados de miel, con una pasión y emoción que incluso superaba la emoción y pasión que sentía al pararme dentro de una cancha de fútbol.

-¿Mucha tarea? -preguntaba papá cuando llegaba sobrio a casa, muy orgulloso de ver a su hijo dedicado a las labores escolares.

-Sí -respondía con las mejillas coloradas intentando esconder mi vergüenza y las hojas de la libreta para que mi alma de escritor no fuera descubierta.


* * *


Papá agonizaba en la cama del hospital. Logré llegar a tiempo para verlo por última vez. Al entrar a la habitación quedé petrificado al observarlo conectado a una máquina. No parecía estar dormido. Tampoco muerto. Un par de enfermeras no me quitaron los ojos de encima. Tomé con vergüenza una de las manos de papá. Siempre había imaginado que de estar en una situación donde había que dar un discurso de despedida a algún ser amado, éste sería tan emotivo como los discursos que se decían en las telenovelas.

No fue así. Sostuve la mano de papá, tibia, porosas, de hombre trabajador, entre mis manos delicadas de señorita. Intenté concentrarme. Organizar mis ideas sobre el pib, pib, pib, de la maquina que indicaba que papá seguía aún con vida. Pensé en decirle muchas cosas: que fue un buen padre pese a sus innumerables borracheras, que lo amaba pese a todo, que fue un hombre ejemplar, recto, honorable, que era un borracho endiabladamente divertido cuando mamá no estaba a cien kilómetro a la redonda. Sin embargo, nada de eso me pareció tan importante o relevante en esos momentos como decirle que me perdonara por todas las veces que me vio en la sala desbordado sobre mis libretas, escribiendo supuestas tareas que me marcaban mis profesores para que un día fuera un flamante administrador de empresas que pudiera recuperar su fortuna dilapidada. Intenté confesarle que era un fraude. Que lo único que me importaba en la vida era crear mundos paralelos. Todo eso quise decirle de no ser por el bip, bip, bip, biiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiip de la maquina.


* * *


Papá no era un pendejo pero igual se murió. No lo hizo a lo grande como en sus sueños, es decir, estrellando una avioneta en el Gran Cañón del Colorado (nunca supe por qué eligió el Gran Cañón como sepultura en sus mortuorias fantasías) pero al menos se tomó la molestia de hacerlo rodeado de su esposa y sus tres hijos.

Papá padecía presión alta. El hermano de mamá, respetado médico familiar, le había advertido que tenía que dejar el alcohol y comer sanamente, o sea, estar muerto en vida para seguir viviendo. Papá ignoró la advertencia médica. Siguió bebiendo como cosaco y comiendo como cerdo.

-Antes muerto que dejar de tomar -dijo temerariamente.

Papá escupía sangre, cagaba sangre y siempre tenía el rostro colorado como un tomate. Cada que destapaba una lata de cerveza, el rostro feliz, se convertía en un kamikaze a bordo de una avioneta rumbo a el Gran Cañón de Colorado.





Nota: me fue imposible no publicar un capítulo de mi novela inédita luego de esta macabra coincidencia. ¿Cuándo voy a publicar toda mi novela en carne y hueso, o sea, en papel? Solo si este señor quiere. Traducción: puedes escribirle directamente a casciari@gmail.com y decirle: yo sí leería la novela de Rodrigo Solís.

jueves, 4 de agosto de 2011

Estamos trabajando



En breve este blog tendrá sus habituales posts diarios. Por el momento estamos al 100% dedicados a un reportaje que nos encargó la mejor publicación del mundo.



viernes, 24 de junio de 2011

Un viejo sabio




Hurgando entre las cosas de mamá (lo siento, un escritor que regresa a vivir a casa de su mamá tiene demasiado tiempo libre), descubrí una carta de mi abuelo papá Abu dirigida a mi abuela Icha.






Al parecer mi abuelo fue más que el viejo calvo cascarrabias que en mi infancia cuestionaba todos mis estados de ánimo, que en realidad eran solo dos: felicidad y melancolía.


Junio 17 – 1978

CHANGUITA LINDA:

Tu estado de ánimo me ha venido preocupando y desde hace algunos días he querido platicar contigo; pero, como por lo regular en nuestras pláticas “no nos entendemos” porque nos interrumpimos, nos exaltamos, etc. opto por ponerte estos renglones. Por favor, léelos con calma y deseo fervientemente haber entendido tu “problema” y que mis puntos de vista los aceptes…… Me das la impresión de que YA TE CANSASTE DE QUERER DESINTERESADAMENTE Y AHORA QUIERES RESIPROCIDAD. Pienso esto porque con frecuencia pronuncias la frase de “ya no me quieres”; principalmente cuando se trata de tus familiares; ESTOY ABSOLUTAMENTE seguro de que no es así; te siguen queriendo igual y si no se comunican contigo frecuentemente y eres tú quien tiene que hablarles, es porque ellos tienen sus problemas que AFORTUNADAMENTE nosotros no tenemos. Además, tú tienes medio de locomoción y “chofer” a tu disposición aunque a veces sea a “regañadientes”, pero ellos no tienen estas facilidades. Te quejas de tu hermano Ramiro porque no te llama o viene a verte; ten en cuenta su edad, sus problemas de salud y lo difícil que se les hace venir a visitarnos; ¿tú lo visitarías si tuvieses que ocupar camión? Y así otros muchos casos que podría mencionarte. Tus sobrinas también te quieren y ellas necesitan que tú no te alejes. Búscalas y oriéntalas que bien lo necesitan. Y así el resto de tu familia y demás amigas con quienes estabas siempre en contacto recién llegados a ésta. TU SIGUES SIENDO la misma personita cariñosa y atenta de siempre…. ¿porqué entonces has de pensar que la gente te quiere ahora menos? Además, no te preocupes que la gente te quiera menos… es problema de esa gente. Debe preocuparte que tu cariño hacia esa gente AMINORE. Si esa gente ya te quiere menos, compadécelos y tu amor hacia ellos trata de que aumente. Para terminar quiero mencionarte una frase que leí hace mucho y que seguramente conoces: “Es una desgracia no ser amado, pero es una maldición no saber amar”. Si en un momento agradable o en una desgracia se acordaron de ti solamente DOS de tus muchas amistades, síguelos queriendo a todos y no tengas resentimiento alguno contra los que no te tuvieron pendiente; sus motivos habrán tenido para no hacerlo.

Si estoy equivocado en mis apreciaciones y no es este el motivo de tu estado actual de ánimo, ojalá pudieses platicarme cuál es la realidad.

Con todo mi amor y mejores deseos de que vuelvas a ser la “Campanita” que te dicen tus hijos.



jueves, 14 de abril de 2011

Una prueba de fuego (o el perro altruista)


Se llama Blacky. Y me eligió como su amo y señor todopoderoso cuando su ama y señora todopoderosa emigró a la gran ciudad en busca de fama, fortuna y reflectores. Es el perro más cariñoso que he conocido jamás. Si entrara un ladrón a casa de mamá, no dudaría en darle la bienvenida con cabriolas. Sería el perro perfecto, de no ser, por que cuando sale a la calle se vuelve loco.




Pone mirada de Jack Nicholson en El resplandor cuando me descubre que estoy yendo por su correa. Blacky ama la calle tanto como un negro. Se emociona muchísimo, a tal grado que es el único perro en el mundo (o que yo haya visto) que hace su recorrido rebotando en dos patas, como un canguro pequeño.

Durante varias semanas intenté seguir todos los consejos de Cesar Millan, alias, el encantador de perros. Fracasé. Veía tan emocionado a Blacky que no tenía corazón para ahorcarlo con su correa de castigo. Por eso le compré una pechera. Para no partirle el cuello y para que fuera precisamente mi mascota quien me paseara a mí. Dejé que Blacky eligiera su camino. Que me guiara por donde su olfato y deseos caninos le apetecieran. Y su ruta en dos patas saltarinas irremediablemente me conducía a un único destino:





Confieso que me da gracia que todas las tardes mi perro elija ir a la sede de NEURÓTICOS ANÓNIMOS A.C. Grupo: SERENIDAD ES BINESTAR. En un principio pensé que se trataba de una señal divina. Con el tiempo descubrí la verdad: a Blacky poco le importa tener un amo y señor todopoderosos neurótico, él es un perro sabio: ve el bosque completo y no solo los árboles que tiene enfrente.

Como ustedes saben, ser neurótico es cosa seria. Significa ir al trabajo y contar hasta diez para evitar ahorcar con el cable del teléfono al explotador de tu jefe; llegar a casa y contar hasta diez para no acuchillar a la gorda y fodonga de tu mujer que ve las telenovelas; contar hasta diez para no romperle el hocico a la zorra de tu hija que ya le salieron las tetitas y se las presume al novio desde su Webcam; contar hasta diez para no partirle la boca a tu vecino que se estacionó en la entrada de tu cochera; contar hasta diez para no atropellar a los transeúntes que se atraviesan por la calle; contar hasta diez y respirar profundo antes de bajarte del coche para que otros neuróticos crean que eres una persona sana, normal, el moderador de las sesiones; y finalmente (esta es la prueba de fuego) contar hasta diez para no pegar de gritos y mentar madres como el demente que en efecto eres y mostrar tu verdadero y horrible rostro al pisar un pedazo de miarda de perro en la entrada de NEURÓTICOS ANÓNIMOS A.C. Grupo: SERENIDAD ES BINESTAR.





Se llama Blacky, y estoy orgullos de mi perro.


Mamá rumbo a la fama


Mamá no lo dice pero le encantaría ser famosa como su prima famosa de la televisión. Ella lo niega, naturalmente, pero de apoco lo esta consiguiendo. Aquí la prueba:





Para los que no conozcan a mamá, se las presento: es la guapa señora que está detrás de Virginia Sendel.



Y en otras noticias del último TvyNovelas: ¡Uy, qué pena!





No veía una foto tan tierna decorada con un encabezado tan ad hoc desde esta joya.


miércoles, 6 de abril de 2011

¡Encontramos la cura del Sida!





De confirmarse la información que aparece en la imagen de arriba, podré presumir que un familiar de primer grado (el hermano de mamá) cambió para siempre el curso de la historia de la humanidad.

P.D. 1 No sé qué me sorprenda más, que mi tío sepa usar el Twitter o que mi tío será el próximo premio Nobel.

P.D. 2 Si mi tío tiene la cura para el sida, ¿por qué informarle primero a Miss Universo antes que a la Secretaría de salud de los Estados Unidos?

P.D. 3 Que hace años mi tío no haya podido convertir a mi hámster en koala y/o probado mediante registro fotográfico (o en video) la creación de un unicornio, no lo desacredita como científico.

P.D. 4 Desde la redacción de Pildorita de la Felicidad, nuestras más sinceras felicitaciones, tío.


sábado, 19 de marzo de 2011

La idiotez no tiene color


Mi hermano no es racista, no se vayan a confundir, solo piensa que los negros solo sirven para copular, esto, gracias a sus monstruosos miembros boas constrictoras. “¿Dime un negro que haya ganado el Nobel?”, pregunta. “Mandela”, le responde mi primo antropólogo. “Me refiero a un premio Nobel de verdad”, dice mi hermano y luego pregunta: “Dime un negro que haya ganado el premio Nobel de Física o Química o Matemáticas”. “No existe el premio Nobel de Matemáticas”, dice mi primo antropólogo colorado como un tomate, conteniendo las ganas de cachetear a mi hermano que dice: “¿Lo ves? No existen negros inteligentes, si fueran inteligentes, África no sería la cuna del Sida, el infierno en la tierra que es, los negros solo sirven para vestir overol y comer sandías”. Mi primo antropólogo tiene que ser contenido por otros primos pacifistas para no irse a las manos con mi hermano.

A continuación, un video que hará enormemente feliz al primogénito de mi familia.




http://youtube.com/watch?v=lYU-SeVofHs

viernes, 18 de marzo de 2011

Mi chica es Machete




Ayer no posteé nada en el blog porque tenía una cruda infernal. La peor en años. “Espero estés sufriendo la peor cruda de tu vida”, me despertó mi chica con este mensaje al celular.






Ellas son Alex y Cristina, mis hermanas gringas. Las más divertidas que han llegado a casa de mamá. Las amo. El miércoles fue su despedida y decidimos que tenían que irse como dictan las reglas de etiqueta en México: vomitando tequila.

Tristemente los únicos que vomitamos fuimos mi primo Lalo y yo. Y por si fuera poco, en mitad de la borrachera, a mi chica le dio por decir que era Machete. “¿Quién es Machete?”, preguntaron mis hermanas gringas.









Todo el día de ayer tuve temblores, sudores fríos, constantes visitas al baño para cagar y vomitar (todavía tengo un poco de diarrea en los intestinos y en menos de 3 horas tengo que acompañar a mi chica al concierto de Calle 13, espero no cagarme). Y en medio de todo eso, soñé que me cogía a Danny Trejo. Menos mal que yo me lo cogí, así no dirán que soy puto.


Evangelizándome


Hace cosa de un año tuvimos que echar a la muchacha de la casa. Fue un evento muy doloroso para todos. En especial para ella, que se quedó sin trabajo y con una hija estrenándose en la adolescencia embarazada del novio. Verla llorar y marcharse fue algo horrible, una de las peores cosas que he visto en mi vida.

Nuestra muchacha tenía 28 años en casa. Todo un record. Llegó cuando yo tenía un año de nacido. Era como parte de la familia (y cuando antepongo la palabra como a “parte de la familia” entiéndase que la queríamos mucho pero no tanto como se quiere a una hermana o a una hija o a una tía). La sociedad clase media somos hipócritas. Explotamos a la clase social menos favorecida, mejor conocida como indios. Sí, porque además de hipócritas somos racisitas y clasistas. Yo no me voy a ir por las ramas y negar la cruz de mi parroquia: la muchacha era como parte de la familia, pero una parte de la familia más bien jodida por que no comía en la mesa con nosotros ni veía la telenovela en el cuarto de mamá. Eso sí, nos quería muchísimo y nosotros a ella. En los buenos tiempos, de bonanza familiar, desfilaron 3 o 4 muchachas que la ayudaron con los deberes de la casa. Por x o por y todas se marcharon, menos ella. Ella permaneció 28 años con nosotros. Como un perro fiel. La vimos embarazarse del alcohólico y mantenido de su esposo; vimos nacer a su hija; vimos que su hija aprendiera a caminar y leer, crecer y llegar a los ardores de la adolescencia donde sucumbió a las bajas pasiones del indito de su novio que la dejó embarazada tal como ocurre con la mayoría de las adolescentes de los pueblos.

Las amigas de mamá le aconsejaron a mamá que tratara a la muchacha como debe ser tratada una muchacha, es decir, cual cuasi esclava. Que le diera de comer las sobras del almuerzo, que entrara a trabajar al despuntar el sol y se marchara al oscurecer, que viviera en un cuarto sucio y sin baño, que le pagara menos del salario mínimo, etcétera.

Fue duro ver partir a la muchacha en un mar de lágrimas. Si bien nunca fue parte de la familia (y ella lo sabía, tonta no era) mamá la dejó hacer todo lo que quiso (tal como a sus propios hijos): desayunaba y almorzaba la misma comida que todos comían en casa (también se robaba comida del refrigerador y de la alacena para el alcohólico de su esposo); se llevaba ropa y accesorios del clóset de mamá y de mi hermana; entraba a trabajar dos horas tarde y apenas llegaba se ponía a ver televisión dos horas antes de comenzar con sus labores; su cuarto tenía baño y lo tenía hecho un muladar en protesta por tener que limpiar una casa que no era suya (mamá entraba dos veces por semana y lo limpiaba de arriba a bajo convirtiéndose en su sirvienta personal); cuando nos íbamos de vacaciones la casa se convertía en un motel de paso (más de una ocasión vimos al gasero y al repartidor de agua salir huyendo por la parte trasera de la casa); no tenía empacho en llevarse los ahorros de los tontos que guardaban su dinero en sus cajones de ropa y no en un banco.

Un día la muchacha cometió el error de robar un par de anillos de diamantes valuados en una pequeña fortuna. Los anillos no eran de mamá ni de mi hermana: eran de mi prima que vino de visita. Más que el valor monetario, lo que hizo llorar a mi prima fue el valor sentimental: eran sus anillos de compromiso y matrimonio.

No hubo forma de encubrir a nuestra pícara muchacha. Logramos que no se levantaran cargos. Sin embargo, su despido fue inevitable. Ahora tenemos a una nueva muchacha. Una jovencita pura y santa. Hacendosa. Puntual. Silenciosa. Cristiana hasta la médula. Ella sabe que soy escritor y que como buen intelectual cultivo mi cerebro mientras cago. Por eso, todas las mañanas, subrepticiamente intenta convertirme a su religión. Miren lo que me dejó ayer sobre el bacín.





Bien por ella. Lástima que me cague todos los días en su Dios. Si Dios existiera ni ella ni nadie tendría que limpiar la miarda de otras personas para vivir. Mi nueva muchacha cristiana cree que me está convirtiendo. Que pronto seré una oveja de su rebaño. Por lo pronto, yo finjo muy bien. Le hago plática y le digo que me cuente más cosas de su Dios para que ella siga limpiando mi miarda. Esta mañana me invitó a su iglesia. Accedí. Y esto fue lo que ocurrió delante de mis ojos.





http://youtube.com/watch?v=_RYq-KiKjrM


Mañana será tarde de exorcismo. Estaré en primera fila. Mi nueva muchacha cristiana me ha hecho olvidar más pronto de lo que creía a mi antigua muchacha pícara, la cual, espero Dios proteja y nunca la envíe a la cárcel.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Un mensaje bíblico





Mi suegra es un amor, ardorosa súbdita del Señor, fanática enardecida del Todopoderoso, por eso, hace unos minutos, me mandó el siguiente mail (que ahora comparto con ustedes) para que de una vez por todas, no le termine de descarriar a la ovejita negra de su hija:


Cuando cargas la Biblia, a Satanás le da dolor de cabeza.

Cuando la abres, él colapsa.

Cuando él ve que la estas leyendo, se desmaya.

Cuando ve que estas viviendo de acuerdo a lo que lees, el desaparece.

Cuando estas apunto de copiar este mensaje y lo envías, el tratará de desanimarte....

¡¡¡Yo acabo de vencerlo!!!!!


JESUS EN TI CONFIO





miércoles, 9 de marzo de 2011

Enterrando el pasado


Hace unos segundos, cuál fue mi sorpresa al entrar a casa de mamá, sin que nadie lo escuchara, cual sigiloso ladrón, descubrí a mi hermano salir furtivamente por la ventana de la que fue su habitación por casi treinta años.





Tranquilo, querido hermano, tu secreto está a salvo conmigo.

sábado, 5 de marzo de 2011

Trampa abuelita




Ella es mi tercera abuela. Una vez escribí de ella AQUÍ.


Foto cortesía de Luis Abraham, alias, La Paloma.