viernes, 29 de abril de 2011

El precio de ser escritor 2 (Los daños colaterales de una boda real)





Suena el timbre.

Bajo las escaleras.

Antes de abrir la puerta de casa de mamá, escucho una conversación en el garaje.

-No mames, no mames –dice una voz de niña-. ¿De quién es ese volcho, wey?

-De mi novio –dice mi chica, no sin tomarse largos segundos de duda.

-Nooooooooo –exclama la niña-. No es cierto, wey.

-Sí –dice mi chica, resignada.

-Qué asco, wey.

Abro la puerta. La cara de mi chica está roja como un tomate. Bucky, Taquito y Mía dan brincos alrededor de ella para recibirla. La niña, la prima más pequeña de mi chica, intenta acariciar a su ex mascota: Taquito, suelta una dentellada, al parecer en venganza por los días en que fue confinado al cuarto de baño de la servidumbre en el penthouse donde era rehén del olvido.

-Ay, me mordió –dice la niña.

Sonrío. Confieso que he colaborado con mi granito de arena en el resentimiento del perro: cuando mi chica me lo deja en casa para que lo cuide, lo que hago es poner delante de sus pequeños ojos de canica una fotografía de su ex dueña y asestarle cinturonzazos.

-Ay, ¿qué le pasa? –grita la niña y se echa a correr a una lujosa camioneta Escalade donde la espera un chofer.


Media hora más tarde…


-A esta clínica voy a ir para que me operen la nariz –dice mi chica.

Me acerco a la laptop. En pantalla veo la imagen de una mujer donde comparan el antes y el después de la operación.





-Se veía mejor antes de la operación –digo.

-Solo lo dices porque no quieres que me opere –se cruza de brazos mi chica-, mírala bien, checa cómo le perfilaron la nariz, es una operación sutil, muy discreta, casi ni se nota.

¿Por qué las mujeres siempre justifican las operaciones? Si las cirugías son sutiles, tan discretas, entonces, ¿para qué gastar miles de pesos en algo que nadie notará? Observo una vez más la imagen. Es un hecho: no existen operaciones sutiles, discretas, la mujer de la fotografía era más hermosa antes, antes que le dejaran una nariz respingada y larga como pinocho, un ojo rojo y unas ojeras de mapache.

-¿Y bien? –me interroga mi chica-. ¿Verdad que ni se nota la operación?

Debo ser cuidadoso en mis palabras. Los últimos días mi chica ha estado irascible, esto lo atribuyo a la visita de sus tíos multimillonarios, quienes la pasean en sus autos de lujo, le presumen sus compras en Nueva York y Londres, la llevan a comer a restaurantes finos y caros.

-La verdad me gusta tu nariz tal y como está.

-No es verdad.

-Qué sí.

-Qué no.

-Qué sí.

-Claro que no, la otra vez dijiste que mi nariz parecía una berenjena.

-…

-Y tienes razón, parece una berenjena, por eso quiero retocármela.

-Bueno, sí parece una berenjena, pero una berenjena bonita.

-Eres un idiota.


Dos horas después…


-¿Qué te pasa? –pregunto.

-Nada –responde mi chica mirando al vacío.

-¿Qué te pasa?

-Nada.

Podríamos pasar dos horas más repitiendo los mismos diálogos. Sé perfecto qué le pasa a mi chica. He aprendido a leer sus ojos. A interpretar sus silencios. A descifrar cada uno de sus movimientos y muecas. A identificar el olor de sus pedos. La amo. Es la mujer de mi vida. Sus ojos me dicen que ella está triste. Está triste porque tengo un volcho que en realidad es un horno de microondas que nos derrite y hace sudar como marranos cada que salimos a la calle; y nos hará sudar por muchos años más porque el sueldo de un escritor no alcanza para comprar coches último modelo con clima. Está triste porque en vez de comprarle el anillo Swarovski que quería solo me alcanzó para regalarle unos jeans en rebaja. Está triste porque no puedo costearle ni una sola de las operaciones que quiere hacerse, en especial la cirugía de nalgas para tener un culo igual de grande y monumental como el de su ídola Ninel Conde.






-¿Estás triste por lo que dijo tu prima, verdad?

-Sí.

-¿Te da vergüenza estar conmigo?

-No seas idiota.

-¿Entonces?

-No quiero ser pobre.

-No somos pobres.

-Pero lo seremos.

-…

-¿Ves? Sabes que lo seremos. Y odio que no me apoyes en mis proyectos. En algo que me hará feliz.

-De qué hablas.

-De mi nariz. La odio.

-Está perfecta. Tú eres perfecta. Me encantas. Te amo tal y como estás.

-Pues yo no. Y voy a operarme la nariz. Y quiero que me apoyes, así como yo apoyo todas tus pendejadas.

-¿Qué pendejadas?

-La pinche revista esa en la que colaboras. El puto gordo argentino es un soñador igual que tú. Los argentinos son unos ladrones. No confío en ellos, menos en los gordos. ¿Cuántas más revistas piensan vender? Todas las que has vendido te las han comprado tus primos por lástima. Y por si fuera poco las vendes a lo que te costaron. ¿Dónde está el negocio? Exijo que las vendas más caras o no vuelvo a prestarte mi tarjeta de crédito para que hagas más pedidos.


A las 2:30 de la madrugada…






-¿Por qué lloras? –pregunto sorprendido.

-…

-Pensé que odiabas a las monarquías.

-No odio a las monarquías –se limpia las lágrimas mi chica-, odio no pertenecer a las monarquías.

-…

-¿Viste esos vestidos, esos anillos, esas cirugías?





http://youtu.be/c6vTcn_bdLY


-No lo pudo creer –digo indignado, pataleando, frunciendo el ceño.

-¿Y ahora qué no puedes creer?

-Lo que le preguntó el Padre a Kate.

-¿Qué tiene, qué le preguntó?

-Que si acepta a William como su esposo tanto en la riqueza como en la pobreza.

-…

-¿Qué? ¿Por qué me miras con esos ojos?


Minutos más tarde…





Mi chica me advirtió que quizá pueda tolerar la pobreza, pero la pobreza en compañía de un hombre arrugado… jamás.

8 comentarios:

samuel dijo...

Pues la mujer sí tiene un punto válido. Los argentinos suelen ser unos ladrones, aguado con eso, vato.

Anónimo dijo...

Esa clínica convirtió con éxito en un monstruo a esa doble de Ludwika Paleta, se me hace que ahí trabaja el Dr. Ácula.

anabel dijo...

será que estoy sentimental... no se, pero casi me hizo llorar. Se cuanto quieres a mi querida cuñada, desde el momento que vi la foto de tu cara embarrada con crema y cargando a Taco. jejeje.

los amo!

Rodrigo Solís dijo...

Samuel: lo tomaré en cuenta, pero no todos los argentinos son unos ratas, aunque mi chica apoye tu comentario (la tengo junto a mí).

Anónimo, alias, (sospecho) Benito Juárez: como siempre, tienes la boca llena de razón.

Bicho: Igual, un beso grande.

Anónimo dijo...

Quien entiende a las mujeres
(soy mujer),,,,pobres de ustedes
los hombres.....me confieso
identificada en esos dialogos
y que chinga....les ponemos!!!!!!

Anónimo dijo...

Tu chica es realmente tan imbecil como parece? Ojala no, por ella y por ti.
Suerte! Mas allá de nacionalidades, continua con Orsai, la revista es magnífica.

ezcritor dijo...

La nariz de Fiera es lo que le da personalidad a su cara. Si pierde esa nariz, se convierte en una mas.
Y sobre el culo...ni idea que tal en México, pero en Europa con un culo como el de la foto que muestras te toman por ridícula.
Fiera es espectacular y elegante tal cual es.
Y tu eres un gran escritor. Escribe mas novelas y te aseguro que no te espera un futuro desdichado, sino feliz.

Rodrigo Solís dijo...

Gracias por tus palabas Rafa, todos los días le digo a Fiera que es perfecta, pero insiste en querer convertirse en un puto pedazo de plástico.
Abrazo fuerte.