lunes, 26 de enero de 2009

Si usted no es una reina. Capítulo 4



Ni dormida ni despiertase

me va de la cabeza
pienso en él, ¿por qué será?

En la calle y en la escuela
peor que un dolor de muelas
siempre está, no me deja en paz.

Con las yemas de los dedos
pongo su nombre en el viento y después
me siento bien.

Nadie sabe mi secreto
todo me lo quedo dentro aunque sé
que así no es.

Como se le comen los sentidos
a los chicos ya no se que hacer

Esta obsesión, que no compre-e-endo
me pone mal
estoy simplemente enferma de amor
esta obsesión, que me quita el sue-e-ño
es la señal de que estoy ya
enferma de amor

Esta obsesión, que no compre-e-endo
me pone mal
estoy simplemente enferma de amor


En el capítulo anterior la Yenifer se quedó con la responsabilidad de tomar la decisión más importante de su vida. El Maese Paulo Culeyo, generoso como sólo él, abrió para ella un abanico de posibilidades, abrió para ella un abanico de posibilidades para que transforme positivamente su vida. Es decir, de conseguir marido, con el cual pueda cumplir todas sus metas y lograr todos sus sueños…

—Bueno, Master, pos voy por su billete

—Órales. Nomás que de salida ponte en la rocola unas rolas del Emmanuel.

—¿Eh? ¿De quién?

—Oh, ch… del papá del Alexander Acha.

—Ah, sí. Un ruco que todavía está bien papacito y como pa suegro.

—Sira, ponte la de Todo se derrumbó, Si ese tiempo pudiera volver, El día que puedas y otras tres o cuatro.

—Chale. Esas canciones han de ser bien rucas, ¿verdad?

—Oh, ch… Tú ponlas y ya, mija. Bien que andan de rocabilis y de escatas varias viejas de tu edad que se sienten de mucha onda.

—Sí, master. Disculpe. Usted siempre tan lúcido.

—Pos órale, como vas.

Entonces la Yenifer puso esas rolas y se fue al cajero fue por el billete de los emolumentos.

Mientras escuchaba las primeras notas de las rolas requeridas, el Maese Culeyo degustó prolongados tragos de su exquisita cerveza [señor dueño de grupo cervecero o publicista anúnciese aquí]. Y cuando estaba esa rola que dice: “mira mis lágrimas como no cesan por ti..” se puso de pie y se aproximó por la retaguardia a Doña Mari, a punto de arrimamiento. Ella estaba (h)echando tortilla (de maíz) en esa modalidad de “a mano”, o sea, hecha con las manos, pero también con una maquinita, sobre el comal. Para su labor artesanal, Doña Mari reclinaba su tronco continuamente con movimientos interesantes de su pelvis. Aun cuando percibió aproximarse al Maese Culeyeo, elle no volteó a verlo, sino que, muy profesional, siguió ocupada en su trabajo culinario. Entonces el Maese Culeyo, con caballerosidad se dirigió así a la dama:

—¿Qué, doña? ¿Sabe qué?

—¿Qué quiere?

—¿Sabe qué es el boliche?

—Pos creo sí.

—¿Y alguna vez ha jugado?

—Pos creo no.

—Ah, pos entonces le voy a explicar, para que cuando tenga que jugar sepa cómo.


CORTE COMERCIAL










Esta obsesión, que no compre-e-endo
me pone mal
estoy simplemente enferma de amor
esta obsesión, que me quita el su-e--eño
es la señal de que estoy ya
enferma de amor

Hábilmente el Maese Culeyo tomó con la mano izquierda el borde inferior de la falda de Doña Mari y lo levantó hasta la altura de la cintura. Doña Mari, por alguna razón no explicada para esta telenovela, no traía calzón, de modo que, sin bien ella no es una reina, podía contemplarse que es poseedora (o se que tiene) un muy buen culo (o sea que para ser una reina hace falta más que tener buen culo). No obstante, Doña Mari siguió echando tortilla. Con delicadeza, pero también con firmeza el Maese Culeyo procedió a explicarle las artes del boliche y para ello le introdujo los de dulce de la mano derecha como un campeón hace con su bolo de la suerte.

—Sire, Doña. Ahí en el boliche hay unas madres redondas de color negro. Para agarrar una se le hace así… y para cargarla le hace así… y se la trae cargando así para que no se le rompan los dedos… y luego se tiene que aventar p or el piso… pero para eso tiene que agarrar vuelo y le hace así… pero el chiste es que vaya con efecto y se le hace así… si quiere que vaya para un lado, le hace el efecto para este lado así… y si quiere que vaya para el otro, le hace así…

Mientras tanto se oía esa rola de

aaaahhhh, si tu cuerpo, si tu risa, si ese tiempo pudiera volver, si tu cuerpo, si tu risa, los pudiera tener otra vez

Y como buen maestro don Paulo continuaba explicando la lección con los recursos didácticos digitales más avanzados. Y Doña Mari echaba y echaba tortilla.

—Sire, doña. Nomás que las bolas de boliche tienen tres hoyos, pero para que me entienda le voy a explicar nomás en este cómo es la onda de los efectos. Haga de cuenta que esto en un solo hoyo, se hace en la bola de boliche en los tres…

—¿Ah, sí? —fue lo único que respondió Doña Mari.

No te puedes ir, no debes volar, no dejes caeeer en mí, a la soledad…

El Maese siguió atendiendo a su vocación pedagógica cuando en plena l ección pasó por ahí Un Güey que Iba Pasando por Ahí, quien se detuvo a ver la acción. Ese güey, de inmediato se mordió el labio inferior, y con la sabiduría propia de un intelectual exclamó como si en ello se le fuese la vida:

—¡Mmmmmmhhhhhh!

Y luego ese Güey que Iba Pasando por Ahí se fue a hacer güey a otro lado con la ubicuidad que le caracteriza.


CORTE COMERCIAL






Esta obsesión, que no compre-e-endo
me pone mal
estoy simplemente enferma de amor
esta obsesión, que me quita el sue-e-eño
es la señal de que estoy ya
enferma de amor
Esta obsesión, que no compre-e-endo
me pone mal
estoy simplemente enferma de amor


En camino al cajero, la Yenifer llegó a un crucero donde ningún coche le cedía el paso para atravesar, posiblemente por no ser una reina y posiblemente por estar debajo de un puente peatonal.

Frente a ella pasó velozmente un camión materialista cargado de ñeros.

—¡Te bajo la regla a chupetoneeees! —le gritó un ñero.

—¡Te lo mamoooo! —le gritó otro ñero.

—¡Te meto mi pitoteeeee! —le gritó un ñero más.

De inemdiato, la Yenifer respondió a los ñeros:

—¡Síííííí! ¡No se vayaaaaan, putoooooos!

Y luego puso la boca trompuda como si las mandara beso a esos ñeros.

La Yenifer cruzó como china en Beijing y siguió su camino hasta llegar al cajero. De cinco pinches cajeros, nada más servía uno y había un chingo de cola (de fila). Tal como aprendió en su clase de Administración del Tiempo Libre, aprovechó para mandar mensajitos con su celu y a jugar pendejaditas. Cuando llegó su turno solicitó “$4,000.00”, pero el cajero no se los concedio. Ella exclamó: “¡Chale!”. Intentó entonces con “$3,500.00” y… el resultado fue positivo. La pantalla le mostró un saldo de “$164.00”, por lo que exlcamó: “puta madre”, mientras los encabronados en la fila la veían con cara de “ya vete a chingar a tu madre”.

De regreso, la Yenifer iba en el camino muy pinche sacada de onda y encabronada. Al llegar a la cuadra de la fonda de Doña Mari, encontró que la calle estaba cerrada. Una pinche patrulla cerraba el paso a los coches y unos pinches polis impedían el paso de los peatones. Los automovilistas, sumamente encabronados, repetían incesantemente cinco tonos de mentada de madre con el adminículo sonoro de sus respectivos vehículos.

Entonces un poli, o sea El Poli, o sea, el galán de esta telenovela, le dijo a la Yenifer:

—No puede pasar, señorita…

Hasta entre los pliegues de la almohada
cada noche me viene a buscar

Esta obsesión, que no compre-e-endo
Me pone mal
estoy simplemente enferma de amor
esta obsesión, que me quita el sue-e-eño
es la señal de que estoy ya
enferma de amor

Esta obsesión, que no compre-e-endo
me pone mal
estoy simplemente enferma de amor
esta obsesión, que me quita el sue-e-eño
es la señal de que estoy ya
enferma de amor











2 comentarios:

Christian dijo...

La neta, es que eres bien malo para esto de las letras, mejor haz deporte...

Anónimo dijo...

nole hagas caso al pendejo ese y siguele que quiero ver el final.
atte: una reina.