sábado, 14 de julio de 2007

Cómo no acabar con el imperialismo




“NADIE ESTÁ LIBRE DE DECIR ESTUPIDECES, LO MALO ES DECIRLAS CON ÉNFASIS.”
- Michel Eyquem de Montaigne

Perdonarán ustedes que sea la cantaleta de cada semana en este espacio, pero más que comprobado está que la ignorancia es el arma más peligrosa que existe, misma que curiosamente utiliza por excelencia el ser humano para desenvolverse en sociedad. Hace un par de semanas el presidente del mundo, George W. Bush, y un servidor coincidimos en mi ciudad natal, Mérida. Esa de la que, cada que regreso, no me canso de decir que los genios de los políticos y los bien intencionados empresarios la están convirtiendo en una gigantesca plancha de concreto, a lo que mis conocidos (y uno que otro lector) responden que me he convertido en un pueblerino que no entiende las necesidades del mercado y del superdesarrollo urbano.
Nadie me lo contó, lo vi con mis propios cuatro ojos. La ciudad fue sitiada. Nunca en mi vida había visto tanto policía en las calles, trabajando. En cada esquina había sujetos uniformados, con linternas, placa, pistola y toda la parafernalia que un oficial que se dé a respetar debe cargar consigo. Policía federal y estatal coordinadas para repeler a todo terrorista que quisiera con tirahule en mano ajustar cuentas con Bush. Ya saben, siempre hay héroes anónimos que reclaman la mitad del territorio nacional robado hace más de siglo y medio por los yanquis.
Helicópteros, aviones de la fuerza área, portaaviones en las costas, la CIA, el FBI y un enorme muro metálico cercando el hotel donde pernoctaría el presidente de los democráticos Estados Unidos de Norteamérica fueron algunas de las pocas medidas de seguridad del gobierno americano para mantener a raya a los mexican curious. Se los juro, la idiotez del mexicano no tiene fronteras. Esta vez no fueron pocos los que salieron a las calles. Y no fueron pocos por que de muchos puntos del país viajaron los siempre presentes oportunistas a protestar, a gritar, a levantar la voz para que se sepa que en México somos bien nacionalistas y que no se la vamos a dejar tan fácil al terrorista del Jorge. No señor. Latinoamericanos somos y con pancartas y manifestaciones (muy a la mexicana, es decir, con rigurosa desorganización), tuvimos que hacer ver y sentir lo solidarios que somos con el resto de América Latina, esa que un día Bolivar tuvo el sueño de unificar. Así que a las calles, incluido uno que otro funcionario público de izquierda haciéndose al mártir mientras le sacaban la foto cuando un par de polis lo cargaban cual indefenso corderito, muy sonriente él. En su mayoría, jóvenes habrían de ser los inconformes, horda de ignorantes y pusilánimes que enfundados en riguroso uniforme (pasamontañas, camisa del Che Guevara y bandera de la ex Unión Soviética) no son más que títeres de su propia imbecilidad. “Fuera Bush, asesino, genocida, dictador…” Etcétera y más etcéteras. Los insultos de rigor. Ya hasta para eso de las blasfemias tenemos déficit de ingenio, gracias a que los bellacos jovencitos de hoy día no se han leído un condenado libro en su desperdiciada vida. Pero si los hubieras visto, te vas de espaldas, pero de la risa. Los que no llevaban pasamontañas parecía que los hubieran troquelado en la misma fábrica: peinados despeinados, barbas y ropitas hippie. Todos ellos unos rebeldes con mucha causa. Con su amor y paz incluidos. Con su ideología bien definida, socialista o comunista o marxista o leninista o trotskista o guevarista o bolivarista o como se llame ese rollo de ser todos igualitos iguales. A fin de cuentas en su miserable y materialista vida tuvieron interés alguno de leerse algo de esos señores. Mejor y más fácil es calarse una idea de oídas. Del pobrecito de nosotros y los imperialistas hijos de Satán que nos siguen dando por el culo. Gritos y más gritos. Alguien sugiere ir al Palacio Municipal a destruirlo. Y como todos son unos pacifistas solidarios, pues ya estás. A destruir uno que otro vidrio. Gritos y más gritos. Otro prócer sugiere pintarrajear los monumentos del Paseo de Montejo. Sobres, que para eso somos muchos y más que solidarios. Más gritos, muchos más: “Acabemos con el imperialismo yanqui”, se escucha en las calles.
Al final del día, lo de siempre. Unos cuantos borrachines detenidos, una obra de arte (dicen que de arte) tirada en mitad de la calle, el monumento a Justo Sierra grafiteado (supongo que los encargados de velar por la cultura dirán que ese acto vandálico es una ineludible muestra artística de algún anónimo artista) y los gabachos del otro de la frontera cómodamente sentados en la Casa Blanca, juar, juar, juar, asfixiados de la risa viendo desde sus satélites ultrasupertecnológicos como en todo Latinoamérica la gente se debate entre la pobreza, la ignorancia y las interminables filas de consumidores en sus McDonald´s, Burguer King, Sams y Walt Mart.

2 comentarios:

ricardo dijo...

Eres políticamente incorrecto, mira que hablar contra los manifestantes antibush. Aunque neta, no hay a quién irle, por un lado el discurso gastado y el ropaje tipo marcos (PASAMONTAÑAS, DOS RELOJES, CHALECO DE FOTÓGRAFO, ETC),jipiteco o de protesta (hurache, mezclila, bolsa de alpaca o portafolios de cuero crudo), y por el otro, men in black,007, junto con poleceas tipo el siete-siete-siete...

En, fin, de haber ido a Mèrida, hubiese preferido verte a tí que al bush

Anónimo dijo...

La falsa ingenuidad es lo más ridículo que existe. Esos "espíritus libres" son más payasos incluso que los góticos, y mira que eso ya es decir.